Astrología

Seudociencia que presume de ser capaz de adivinar el porvenir estudiando los movimientos de los principales astros del Sistema Solar en su recorrido por las doce constelaciones del zodíaco. El origen de la astrología se remonta a hace varios milenios, siendo las culturas mesopotámicas las que crearon sus postulados básicos. Durante muchos siglos la astronomía y la astrología estuvieron confundidas en una misma disciplina, pero a raíz del surgimiento de la astronomía moderna en el Renacimiento, la astrología derivó cada vez más hacia la superstición, hermanándose con otras seudociencias tales como la quiromancia o el tarot.

Pese a lo indefendible de sus postulados, la astrología siempre ha contado, y sorprendentemente sigue contando, con un gran predicamento en amplios sectores de la población, lo cual no dice precisamente mucho del rigor intelectual de los mismos. Los astrólogos arguyen que utilizan métodos de cálculo similares a los de los astrónomos, lo cual es cierto, pero callan que parten de unos postulados completamente falsos a partir de los cuales obtienen, evidentemente, unos resultados igualmente falsos, independientemente de la metodología matemática empleada.

Son muchas las objeciones lógicas que se pueden hacer a la presunta fiabilidad de la astrología, pero no merece la pena considerar siquera todas ellas, sino sólo las más evidentes. Así, se da la paradoja de que los signos del zodíaco, que llevan los mismos nombres que las constelaciones que se encuentran en esta región del espacio, debido a la precesión de los equinoccios no coinciden con las constelaciones homónimas, sino que se encuentran desplazados a la constelación vecina. Si realmente influyeran estas constelaciones en el porvenir de los humanos, tal como pretenden los astrólogos, lo lógico sería que se considerara la posición real de las constelaciones en la actualidad, y no la que mostraban hace varios miles de años, tal como hacen en la práctica los astrólogos.

Por otro lado, la única diferencia existente entre las constelaciones zodiacales y las demás es el hecho de que éstas coinciden con el plano de la eclíptica, mientras el resto se encuentran por encima o por debajo de éste, por lo que no habría razón para que las primeras influyeran astrológicamente en las personas y el resto no. Si consideramos además que las constelaciones son agrupaciones arbitrarias de estrellas que en realidad no tienen ninguna vinculación física entre sí y ni siquiera están necesariamente cercanas a sus vecinas, la conclusión sobre la falsedad de la astrología es de nuevo más que evidente.

Asimismo está la cuestión de los planetas. Para la astrología clásica todos los objetos que se movían por el firmamento influían en el futuro de las personas; el problema es que entonces tan sólo se conocían el Sol, la Luna y los planetas Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. A raíz del descubrimiento de Urano, Neptuno y Plutón estos tres nuevos planetas fueron incorporados a los horóscopos, pero no se hizo lo propio ni con los satélites (algunos de ellos son incluso mayores que Mercurio) ni con los asteroides; teniendo en cuenta que Plutón es apenas más grande que los principales asteroides (y está además muy alejado) y que en órbitas similares a la suya se han descubierto recientemente numerosos asteroides transneptunianos, la pregunta es inmediata: ¿Por qué razón unos astros sí y los otros no? O bien, si se llegara a quitar a Plutón la categoría de planeta, tal como han propuesto algunos astrónomos, ¿desaparecería entonces de los horóscopos?

En resumen: La astrología es un excelente modo de vida para unos embaucadores especializados en engañar a los ingenuos.

© José Carlos Canalda,
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