Antigravedad
HYPERION

La antigravedad es uno de los muchos tópicos constantes de la ciencia-ficción. De acuerdo con la definición más amplia, la antigravedad sería el control artificial de la gravedad. Las aplicaciones de una tecnología tal son obvias, y desde luego estimulan la imaginación. Podría anularse el peso de los objetos para moverlos con facilidad; sería posible fabricar aeronaves más seguras o incluso sustituirlas completamente con vehículos dotados de algún tipo de propulsión antigravitatoria; si el dispositivo pudiese miniaturizarse, sería posible trabajar en un andamio sin necesidad de cables de seguridad, o simplemente volar como los pájaros

Desde el punto de vista físico y según la Teoría General de la Relatividad enunciada por Einstein la gravedad es la curvatura del tejido espaciotemporal que conforma nuestro universo, y esa curvatura es causada por la masa (o la energía, ya que según Einstein ambas son equivalentes). Si la masa deforma el espacio, hundiéndolo, ¿no sería posible deformarlo en sentido contrario, aplanándolo? La respuesta es por el momento (y casi con seguridad para siempre) no. Curvar el espacio en sentido contrario requeriría masa negativa, algo completamente desconocido, y además en cantidad suficiente como para anular el campo gravitatorio terrestre. La idea es en sí misma descabellada. De igual forma, no existe ningún modo de acumular energía negativa que ejerza el mismo efecto (aunque algunos teóricos de la mecánica cuántica apuntan desde hace años indicios en esa dirección). La antigravedad permanece en el limbo de las ideas locas pero bellas.

Por supuesto esto no detiene en absoluto al género, y muchos escritores han dado a luz interesantes obras sobre este tema incluso antes de que la ciencia-ficción existiera como tal. Así Jonathan Swift, en el tercer viaje de Gulliver, describe la isla flotante de Laputa, aunque la explicación científica que da se basa en el magnetismo y no en la recién descubierta gravedad. Probablemente la primera vez que aparece citada explícitamente la antigravedad sea en la novela UN DESCUBRIMIENTO PRODIGIOSO, publicada en 1867 y atribuida durante mucho tiempo a Julio Verne, aunque al parecer su verdadero autor fue un tal François-Armand Audoin. En ella se describe la fabricación de dos materiales que concentrarían, respectivamente, la atracción gravitatoria y la repulsión antigravitatoria; combinando alternativamente varias capas de ambos y jugando con sus desplazamientos relativos, se obtendría una especie de motor gravitatorio que permitiría a los hombres volar sin ningún esfuerzo. Ya dentro del género una de las primeras y más conocidas obras es sin duda LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, de H. G. Wells. Wells se vale de la cavorita, un metal que apantalla la gravedad, para que su viaje a la Luna sea posible. El relato EL CIELO CRUEL, de A. C. Clarke, narra el desarrollo de una mochila antigravitatoria que obtiene su energía (al menos en su mayor parte) del propio campo gravitatorio de la Tierra; Clarke, siempre aficionado a los paisajes exóticos, aprovecha para describir cómo un dispositivo así podría revolucionar el montañismo. Otro notable ejemplo de antigravedad lo constituye LA BOLA DE BILLAR, de Isaac Asimov, donde la pugna entre un físico teórico y un ingeniero acerca de la antigravedad acaba teniendo consecuencias maravillosas... y trágicas para uno de ellos.

Algunos escritores especulan conque una teoría unificada de las fuerzas fundamentales pueda darnos finalmente algo similar a la antigravedad. Un buen ejemplo de este tipo de argumentación es La Saga del Medio Galáctico de Julian May, donde el desarrollo de una teoría semejante permite la construcción de aeronaves con propulsión gravomagnética. Algunos autores, como Dan Simmons en HYPERION, abandonan directamente la antigravedad por algo más simple y con el mismo resultado, y los VEMS (Vehículos ElectroMagnéticos) de Simmons resultan al menos ligeramente más creíbles.

Es sencillo encontrar ejemplos cinematográficos en Star Trek (donde la gravedad artificial no falla nunca en un combate, salvo a los Klingon) o en LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (¿quién no recuerda al pobre Han Solo congelado y llevado como un fardo sobre una camilla antigravitatoria?).

También la serie B se ha visto seducida por el atractivo de la antigravedad. Conocido es el ejemplo de la dedona, un maravilloso metal imaginado por Pascual Enguídanos en la Saga de los Aznar el cual, además de ser prácticamente indestructible, cuenta con una densidad ingente (del orden de unas 50. 000 veces la del agua) y, sobre todo, con la insólita propiedad de perder su peso al serle inducida una corriente eléctrica, por lo que las naves construidas con ella flotan en el aire, o en el espacio, como si de un globo aerostático se tratara. Posteriormente en la segunda parte de la Saga Enguídanos introdujo el concepto de las ondas antigravitatorias; la dedona las generaría de forma natural al ser inducida eléctricamente, pero se descubrió la tecnología necesaria para construir generadores antigravitatorios capaces de ser aplicados a cualquier cuerpo independientemente de su naturaleza.

© Jacobo Cruces Colado (806 palabras) Créditos