Alienígena
E.T.

En el género de la ciencia-ficción, sinónimo de extraterrestre. Etimológicamente, el término hace referencia a una forma extraña y ajena, lo que aporta una visión distinta al término extraterrestre, que simplemente indica su origen como ajeno a nuestro planeta. La diferencia de matriz entre alienígena y extraterrestre es fácilmente entendible recurriendo a dos películas emblemáticas: E.T.­, de Steven Spielberg, y ALIEN, de Ridley Scott. En ambos casos se narra el encuentro entre el hombre y una forma de vida extraterrestre. Pero mientras que en el primer caso el extraterrestre, el ET, es ciertamente afín a los humanos, en el segundo caso el ET es completamente ajeno a la humanidad, y sólo contacta con ella para su depredación. No es sólo extraterrestre, es también terriblemente extraño, pero un depredador es todavía un concepto familiar.

Posiblemente más alienígena aún sea el mar viviente de SOLARIS, de Stanislaw Lem. La idea de un planeta cubierto por un mar vivo es casi inconcebible, y el efecto resulta acentuado por la incapacidad de obtener respuestas a preguntas como si Solaris es o no inteligente. Otras formas de vida realmente extrañas son las entidades energéticas, reflejadas en muchas ocasiones en series como Star Trek y en varios libros, como el infantil pero todopoderoso Vanamonde de LA CIUDAD Y LAS ESTRELLAS de A. C. Clarke, la a curiosa raza de habitantes del interior de las estrellas en UN MUNDO AL FINAL DEL TIEMPO, de Frederik Pohl, o las formas plasmáticas creadas por Gregory Benford en su Saga del Centro Galáctico.

© Jacobo Cruces Colado,
(256 palabras) Créditos