Agujero negro

Junto con las enanas blancas y las estrellas de neutrones, los agujeros negros son uno de los posibles residuos finales del estallido de una supernova. Los agujeros negros son el tipo más extremo de materia, dado que no podemos siquiera imaginar cuál es su estructura o composición.

La característica principal de un agujero negro es su elevada gravedad. A cierta distancia, conocida como horizonte de sucesos, la atracción gravitatoria es tan elevada que nada puede escapar de él, ni siquiera la luz o cualquier otro tipo de radiación, motivo por el cuál reciben su nombre. Los agujeros negros son por lo tanto indetectables por las técnicas astronómicas corrientes. Sólo es posible inferir su existencia merced a fenómenos indirectos tales como la perturbación producida sobre un astro cercano, o gracias a los rayos X emitidos por la materia que cae hacia el agujero formando un disco de acreción.

Algunos físicos teóricos, especialmente el británico Stephen Hawking, han demostrado que los agujeros negros no son los pozos sin fondo que se creía. Debido a un efecto cuántico, la materia contenida en su interior puede acabar disipándose después de determinado tiempo, por lo que en realidad los agujeros negros sí emiten radiación, aunque en cantidades casi indetectables.

Se han descubierto ya varios agujeros negros o candidatos firmes. Nuestra propia galaxia contiene un enorme agujero en su núcleo. La literatura de ciencia ficción los ha usado abundantemente, y buenas muestras del juego que puede obtenerse de ellos son obras como LAS CRÓNICAS DE MCANDREW, de Charles Sheffield, la tetralogía del Centro Galáctico de Gregory Benford, y la notable PÓRTICO, de Frederik Pohl.

© José Carlos Canalda, Jacobo Cruces Colado, (268 palabras)