Ácido
ALIEN

El agua, como es sabido, está compuesta por moléculas formadas por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Siempre que tengamos una cantidad de agua pura una parte de estas moléculas (concretamente una de cada cien billones, lo cual puede parecer insignificante pero hay que tener en cuenta que existen muchas moléculas de agua en un simple vaso) está escindida en dos iones: Por un lado un protón, es decir, un átomo de hidrógeno cargado positivamente por haber perdido su único electrón, y por otro un grupo hidroxilo, formado por el oxígeno y el hidrógeno restante y cargado negativamente gracias al electrón robado al protón.

Siempre que tengamos agua pura habrá, lógicamente, tantos protones (H+) como grupos hidroxilo (OH-), por lo que existe un equilibrio entre ambos y el pH (es decir, el índice de acidez) será neutro. Pero existen substancias que pueden romper este equilibrio, como ocurre con los ácidos y las bases. Así, los ácidos son las substancias que, disueltas en agua, hacen que la cantidad de protones sea mayor que la de hidroxilos, bien porque liberen a los primeros, bien porque capturen a parte de los segundos. En cualquiera de los dos casos, la acidez (que se puede identificar con el exceso existente de protones) aumenta.

Evidentemente esta definición es válida únicamente para disoluciones acuosas. Por esta razón el concepto de acidez se amplió de forma que pudiera abarcar a cualquier sistema químico, pero una definición rigurosa del mismo excede con mucho los límites de e e glosario.

Los ácidos más comunes son sustancias muy conocidas por todos. Dentro del grupo de los ácidos inorgánicos podemos citar el sulfúrico, el nítrico, el clorhídrico, el fosfórico o el sulfhídrico. Aunque el ácido carbónico no existe en estado libre (es simplemente una disolución de anhídrido carbónico en agua), sí puede formar unos compuestos, los carbonatos, sumamente comunes en la naturaleza, ya que la piedra caliza, el mármol, las estalactitas o las conchas de los moluscos están formados por carbonato cálcico. Ácidos orgánicos son, por su parte, el acético, el cítrico, el ascórbico (vitamina C) o el fórmico. A pesar de lo que se cree popularmente, la fortaleza de un ácido (es decir, su capacidad de liberar protones en el agua) no está relacionado con su corrosividad, pese a que algunos de estos compuestos comparten ambas propiedades: El ácido sulfúrico es corrosivo no por ser un ácido fuerte, sino porque tiene mucha afinidad con el agua y deshidrata los tejidos orgánicos con los que entra en contacto; el ácido nítrico, por su parte, debe su alto poder de corrosión a su gran capacidad para oxidar (es decir, combinar con oxígeno) a otras substancias.

La utilización del concepto químico de ácido dentro de la ciencia-ficción no ha sido siempre precisamente acertada. Un ejemplo clásico de gazapo de grueso calibre es el de la conocida película ALIEN, en la que la sangre de la criatura resulta ser un poderosísimo agente corrosivo capaz de perforar cualquier cosa que se atraviese en su camino. En la película, tras analizar esa substancia, afirman que se trata de ácido molecular, lo cual es lo mismo que no decir absolutamente nada, puesto que todos los ácidos son moleculares desde el momento en el que están compuestos por moléculas. Evidentemente, a los guionistas de Hollywood no les vendría mal consultar de vez en cuando a expertos en la materia. Y por supuesto, no existe ninguna substancia real capaz de producir esos efectos. Un problema añadido es cómo almacenar esa sangre. En la película se habla de que la criatura posee (sic) siliconas polarizadas. Las siliconas son polímeros muy inertes, y podrían formar vasos sanguíneos lo bastante resistentes.

© José Carlos Canalda,
(611 palabras) Créditos