Acero
PLAYA DE ACERO

El hierro es un metal que en estado puro posee los inconvenientes de ser extremadamente blando y oxidarse con demasiada facilidad. Sin embargo, desde hace más de dos mil años los primeros artesanos descubrieron que mezclándolo con pequeñas cantidades de carbón se obtenía un material mucho más tenaz y resistente. Este material es el acero, que puede definirse como una aleación de hierro y carbono

Hoy en día se fabrican rutinariamente cargas de 300 toneladas de acero en 40 minutos. Para ello, la mena de hierro (un óxido del metal) se calienta en presencia de coque (carbón de hulla) con un fuerte flujo de aire. De este modo se obtiene un hierro bastante puro, llamado arrabio, que se separa de la escoria y se vierte en un conversor. En éste último, y a través de un proceso que incluye la inyección de oxígeno a alta presión, la adición de ciertos compuestos para eliminar las impurezas no deseadas, y la inclusión de pequeñas cantidades de los metales necesarios (manganeso, cromo, molibdeno o vanadio entre otros), se obtiene un acero de alta calidad que se separa de la escoria. Actualmente se conocen muchos tipos de aceros, en cuya composición, además del hierro y el carbono, entran también diferentes metales. El acero más conocido es el acero inoxidable, que no es atacado por la corrosión e incluye entre otros componentes el níquel. Muchas de las herramientas más comunes, como destornilladores o alicates, están hechas utilizando un acero que contiene vanadio y cromo, lo que lo hace aún más resistente.

Sin ningún género de dudas, el acero es uno de los principales materiales, si no el que más, que han permitido el desarrollo de la tecnología. Presente en infinidad de objetos cotidianos, sin acero nuestra civilización habría sido muy distinta... O no habría llegado a existir.

No es casual que la aparición de los maestros de la proto-ciencia-ficción (Julio Verne, H. G. Wells) y la revolución que supuso para la arquitectura e ingeniería el uso masivo de acero (Gustave Eiffel, Joseph Paxton) se dieran prácticamente en la misma época, a finales del siglo XIX. La industria pesada había alcanzado su madurez, y con ella se auguraba un futuro lleno de extraordinarios progresos que gentes como Wells y Verne se encargaban de imaginar. Además, el acero tiene una simbología profundamente arraigada en la cultura popular. Durante siglos fue un material virtualmente indestructible, y como tal, la cúspide del ingenio humano. Así no resulta extraño que los autores de ciencia-ficción, tan sensibles a cualquier tipo de simbolismo, se hayan sentido tan atraidos por el acero, ya en los títulos (PLAYA DE ACERO, de John Varley, BOVEDAS DE ACERO de Isaac Asimov, LA RATA DE ACERO INOXIDABLE de Harry Harrison) ya como recurso literario (miradas aceradas o músculos de acero)