Guardianes de la Galaxia
por Arnold Drake (G) y Gene Colan (D), 1969
Guardianes de la Galaxia

Esta serie surge en un momento de alocada y efusiva creación y expansión de Marvel. Estaban por plantar cuanta pica pudieran en el territorio virgen de la imaginación del populux, a fin de arrancar influencia y poder a la casi monopólica DC Comics, y (casi) todo valía. Así, Arnold Drake idea un grupo de asombrosos y dispares patrulleros estelares que encontraron su imagen en los lápices de Gene Colan.

Sin embargo, el concepto acuñado por Drake no obtiene la continuidad, hacia la grandeza, que preconizaba. Steve Gerber hereda el encargo y lo lleva por derroteros que no contentan, ni convencen. Gerber tiene ayuda a la hora de cargarse la saga: colabora el inefable Al Milgrom al dibujo. (Colan no es de mis preferidos, pero Milgron es peor. Y ahí está —o estaba—, cobrando de Marvel sin impedimentos).

Bajo su férula, Guardianes de la Galaxia desarrolla que: en 3007, la Humanidad, cincuenta millones en total, está esclavizada por los Badoom (unos persistentes alienígenas escamosos y malvados de la casa de las ideas). Esta casta de héroes sin patria, cada cual modificado genéticamente para sobrevivir al hostil ambiente de sus planetas natales (Júpiter, Plutón...), aúnan fuerzas para quebrar el lesivo yugo. Desafortunadamente (y siendo material Marvel, cargado de reflexivos elementos sociales), los liberados no estiman tener una deuda con los emancipadores, y devuelven la merced con los recelos y discriminaciones que caracterizan las series de esa Editorial.

Los Guardianes, por tanto, se arrojan a las estrellas, a bordo de la Captain America (´nuff said!) confiando que en su gélido brillo encuentren la gratitud y respeto que merece la amplia generosidad de sus desprendidos corazones, de lo que les han privado en las graves planicies del ancho mundo, sus brillantes mares y profundos océanos. Son paladines, creados, pues, para desfacer entuertos galácticos, quieran o no.

Un argumento que a cualquier otro autor, con mediano talento incluso, encendería sus sesos como bombillas de mil vatios, a Gerber sólo le surte de paridas y chorradas. Para empezar, a los combativos Vance Astro, Martinex, Yondu y Charlie-27 (el forzudo y achaparrado joviano similar al Goliat de El Capitán Trueno), se les une Halcón Estelar, tontaina engreído hermafrodita paramístico. Siempre anda escaqueado de la acción, mas hecho un sabihondo engreído arrogante.

No es el único con problemas de personalidad; Vance Astro formó parte de un programa espacial que tardó un milenio en llevarle a Próxima de Centauro. Cuando su nave llegó allá, hacía tiempo que el planeta estaba terraformado, y él, hecho paria sin planeta ni época. Pudieron haber tenido el detalle de rescatarle entre tanto, no que hizo el canelo por todas esas estrellas sin corazón. ¿No va a estar irritable?

Y como los rumores de homoX podrían salpicar a los aguerridos Guardianes, Gerber les empotra a Nikki, nativa del planeta Mercurio. Nikki se enamora de Astro, quien debería ser jefe de los Guardianes. Empero, y en virtud a ignotos méritos, el puesto lo adquiere Halcón Estelar, uno que sabe. Hasta ser insoportable.

A medida que avanzamos estos procelosos episodios, tan mediocremente dibujados, y con el plateado Silver Surfer de guest starring, las cuestiones salen a nuestro paso. Con la experiencia previa aportada por la lectura de Star-Lord (otro gran GRAN concepto desaprovechado A TOPE), los defectos de Guardianes de la Galaxia se hacen conspicuos. Influyen a pensar: la Tierra es un caos en fase de recuperación. Los planetas con capacidad para serlo, no se han constituido en federación, confederación, Commonwealth o lo que más les conviniera. Esta limitada Galaxia (con los mismos pocos metros que muestra la de Star Trek —un plató—) no ha articulado leyes, aun mínimas-nimias, para su relación, funcionamiento y autoprotección.

Vale, ¿quién, qué poder, los nombra Guardianes de la Galaxia? ¿En base a qué criterio se erigen tales? ¿Los de sus poderes, la nave, los diálogos? ¿Quién paga sus nóminas? O las averías de la Captain America. No importa. Son menudencias arrojadas al vulgo de las estanterías de las tiendas de cómics, confiando que el omnívoro lector las asimile sin problemas. Con Gerber y Roger Stern al guión, ¡todo es posible!

Guardianes de la Galaxia tiene trazas de ser un Star Trek gráfico (para los trekkies, su tebeo alternativo) pero de tipos con superpoderes. Los Guardianes siguen fielmente muchos preceptos establecidos por la serie creada por Gene Roddenberry. Es de intuir, por tanto, que ante la imposibilidad de Marvel de adquirir los derechos para el cómic de Star Trek, lanzase una licencia similar mientras pasaba el tiempo hasta esos derechos obtener. Y, vaya, si la cosa funcionaba, Guardianes de la Galaxia sería una saga que, también, aportara dividendos.

También, la serie parece seguir la idiosincrasia estadounidense del arresto ciudadano. Fuertemente individualistas, un grupo de sujetos se alía para formar un comando que aplica cierta ley, o justicia, al margen de la establecida, y que satisface su sentido de lo correcto. Es la base del cómic mainstream: el forajido heroico.

Mas el derrotero narrativo emprendido por el equipo creativo, resaltado por la escuálida labor de Milgrom, delata que tampoco había gran interés en querer que Guardianes de la Galaxia prosperasen. Otra posibilidad que dejaron derrochar, o fenecer, como ocurriera con Killraven o el citado Star-Lord. Colecciones con posibles que aguardan, en cajones, que alguien con talento les permita mostrar de qué son capaces, y resplandecer con luz propia en los zodíacos de la historieta, no a rachas, o como invitados especiales de otra serie.

Inquieta cómo los guionistas describen a Yondu, el virtuoso arquero, con vago sesgo de ser como un jedi. Lo tildan de salvaje, pero no tonto. Siendo esta su mejor definición, de un héroe, ¿cómo queda el discurso de los Guardianes, apátridas por culpa del racismo terrestre?

Lamentablemente, el arranque prometedor inserto en la génesis de Guardianes de la Galaxia pronto quedó defraudado, decayendo al hastío en la última aventura publicada en el tomo recopilatorio reseñado. De nuevo, un documento a tener presente, Historia de la Historieta, pero del que no debe esperarse demasiado.

Vuestro Scriptor.

© Antonio Santos
(1.001 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera

Los autores

Arnold Drake nació en Nueva Cork en 1924 y comenzó a dibujar caricaturas a los 12 años cuando una enfermedad le tuvo largo tiempo en cama. Sin embargo, prefirió encaminó su talento hacia la escritura de guiones y estudió periodismo en Missouri Nueva York. Durante su larga carrera como escritor creó numerosos títulos y recibió varios premios de la industria. También escribió varios guiones de cine y libretos de musicales. Trabajó para DC, donde escribió guiones de Batman, Showcase-Tommy Tomorrow, y My Greatest Adventure. Para Marvel escribió historias para la Patrulla-X y los Cuatro fantásticos, y a finales de 1960 creó, junto al dibujante Gene Colan Los Guardianes de la Galaxia. Su actividad también se extendió en el mundo del espectáculo, escribiendo para Bob Hope y Jerry Lewis. Drake recibió varios premios por sus contribuciones al cómic, incluyendo dos Premios Alley en 1967, un Premio Inkpot en 1999, el primer Premio Bill Finger en 2005, y a título póstumo el Premio Will Eisner Comic Book Hall of Fame en 2008. Murió el 12 de marzo de 2007.

Eugene Colan nacido el 1 de septiembre 1926 en Nueva Cork. Comenzó a dibujar cómics en 1944 para la editorial Fiction House. Tras el servicio militar empezó a trabajar como dibujante de Timely Comics. La primera portada de Colan fue para Captain America Comics. Después de dejar Timely, en 1948, comenzó a trabajar como feelance para National Comics. Más tarde National se convirtió en DC. Colan también trabajó ocasionalmente para Atlas Comics y la Marv el, de la que pronto se convirtió en un habitual, aunque tuvo que sortear las presiones de Stan Lee para que imitara los estilos de los autores de la casa, como Ditko o Kirby, manteniendo su propia personalidad. Dibujó prácticamente todos los héroes de la casa: Sub-Mariner, Iron Man, Capitan America, Doctor Strange y Daredevil, firmando con su nombre o bajo pseudónimos como Adam Austin. En los años 70 volvió a DC para ilustrar a Batman, Howard the Duck, además de crear Blade, junto a Marv Wolfman. A partir de los 80 colaboró con Eclipse y Dark Horse e incluso ilustró algunos números de Buffy Cazavampiros. Fue incluido en el Will Eisner Comic Book Hall of Fame en 2005. Falleció el 23 de junio de 2011.


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