La estrella negra
por Ricardo Barreiro (G) y Juan Giménez (D), 1979
La estrella negra

La explosión de STAR WARS en 1977 tuvo enormes consecuencias en todas las vertientes de la ciencia-ficción. El cómic, por supuesto, no fue una excepción. Fueron años en los que las aventuras espaciales volvieron a ponerse de moda y muchos autores o bien se sintieron inspirados por la historia y aspecto visual de la película de Lucas o bien decidieron aprovecharse de aquella fiebre.

El guionista Ricardo Barreiro y el dibujante Juan Giménez habían llamado la atención de crítica y público a mediados de los setenta con una serie bélica, As de Pique (1976), publicada en la revista argentina Skorpio. Decididos a probar suerte en el mercado europeo —donde su obra ya había recibido comentarios elogiosos—, se trasladan a España, Italia y Francia, intentando obtener algún encargo. Reciben el visto bueno de una editorial gala para la realización de una historia autoconclusiva de ciencia-ficción, pero el guión de Barreiro se retrasa por lo que Giménez se ve obligado a concluir el álbum en un plazo muy ajustado y, encima, aplicando el color directo, técnica nueva para él. Todos sus esfuerzos, por desgracia, son en vano, puesto que cuando presentan la historia, titulada LA ESTRELLA NEGRA, la editorial ha dejado de estar interesada. Finalmente sería Glenat la que publicaría el álbum en 1979, recibiendo edición en español en 1985 a cargo de Toutain.

Braxtor, un misterioso personaje de rostro oculto, recluta a un equipo de personajes marginales e individualistas necesitados de dinero. El objetivo: entrar en una estrella de neutrones y hacerse con los secretos tecnológicos de las naves alienígenas allí naufragadas. El grupo está compuesto por el propio Braxtor; Speed, un delincuente juvenil con una especial habilidad para sobrevivir en situaciones límite; Nadia, una joven piloto; y Vran, un androide de combate con un sentido ético muy particular. Durante su viaje deben enfrentarse a terroríficos monjes guerreros y zombis extraterrestres, sólo para encontrar al final que un traidor se esconde entre ellos.

No hay grandes aportaciones en la historia. Todo lo contrario. Sus personajes son tópicos y están muy esquemáticamente desarrollados: el muchacho conflictivo pero de gran potencial que sólo espera hallar un objetivo a su existencia; la chica segura de sí misma que mantiene una relación amor-odio con el anterior; y un androide que resulta ser más humano que sus compañeros. Por otra parte, la narración se encuentra bastante descompensada: buena parte de la misma se centra en el reclutamiento del equipo y la exposición de la misión, mientras que la aventura propiamente dicha transcurre a un ritmo en exceso acelerado y se remata de forma insatisfactoria.

No obstante lo dicho, se trata de un álbum entretenido y de mejor factura que la media de muchas series de comic-book americanas a menudo más ensalzadas. A ello ayuda el trabajo de un Juan Giménez ya bien asentado técnicamente, que se desenvuelve sin problemas tanto en el diseño de personajes y entornos (especialmente las astronaves) como en su pericia narrativa. Incluso el color, que hasta el momento no había explorado el dibujante y que mejoraría sustancialmente en obras posteriores, está aplicado con acierto, no limitándose a rellenar espacios delimitados por la tinta sino utilizándolo para completar el dibujo y componer volúmenes.

En resumen, una obra no excepcional, no imprescindible —a menos que se sea seguidor regular del trabajo de Giménez —, pero sí competentemente ejecutada y con la que se puede disfrutar de una lectura agradable.

© Manuel Rodríguez Yagüe
(568 palabras) Créditos Créditos
Publicado originalmente en Un universo de ciencia-ficción
CC by-nc-nd 3.0

Los autores

Ricardo Barreiro (Buenos Aires, 2 de octubre de 1949 - 12 de abril de 1999) fue un guionista y dibujante argentino. Con poco más de 20 años publica sus primeros trabajos en la revista Sancho y Meleficon, tanto dibujo como guión. Su primer trabajo exclusivamente como guionista fue Slot-Barr, ilustrado por Francisco Solano López. Su primer gran éxito fue la serie bélica As de Pique con Juan Giménez López como dibujante. Le siguen varias series cortas como Mundos Paralelos o Crónicas de tres guerras. Debido al convulso panorama político argentino, Barreiro se exilia en España en 1978, donde colabora con Ediciones B y Toutain, además de abrirse al mercado norteamericano y francés. Con el fin de ampliar su presencia internacional se instala en París en 1980, donde colabora de nuevo con Juan Giménez en las series Ciudad y Estrella Negra. En 1982 se traslada a Roma, donde desarrolla diversas series junto Juan Zanotto, Franco Saudelli, Máximo Rotunedo, o Enrique Breccia. No cesa su colaboración con múltiples artistas y medios (Luis García Durán, Enrique Alcatena, Eduardo Risso, Dargaud, Glénat, la revista Fierro) A su regreso a Argentina, se le diagnosticó cáncer de laringe, del que falleció el 12 de abril de 1999.

Juan Antonio Giménez López nace en 1943 en la provincia de Mendoza, Argentina. Atraído desde muy pequeño por el dibujo, comienza a los diez años copiando las portadas de los libros de bolsillo que llegaban de España y de las revistas Americanas. Su primer trabajo profesional lo hace a los 16 años. Por aquellos días acostumbraba a ir al cine para luego dibujar las secuencias más impactantes de la película. Sin saberlo estaba aprendiendo a narrar, a contar una historia con fluidez. La facilidad para el dibujo, la constancia y sus posteriores estudios de Diseño Industrial fueron de gran utilidad para adentrarse en el mundo del cómic. A finales de los 70 deja Argentina y recala en Europa, donde comienza a trabajar para editoriales italianas, españolas y francesas. En 1979 publica Estrella Negra, su primer trabajo a color. Luego aparecerían Basura, Cuestión de Tiempo, El Cuarto Poder, Leo Roa y Juego Eterno, donde queda clara su inclinación por lo fantástico y la ciencia-ficción. La aceptación por parte del público y la crítica lo han hecho merecedor de numerosos galardones internacionales.


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