Robert Sheckley

Biografía

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El día 9 de diciembre de 2005 nos dejaba Robert Sheckley, víctima de una larga enfermedad que arrastraba desde principios de este verano, cuando tuvo que ser hospitalizado durante una visita a un certamen de ciencia-ficción en Ucrania.

Con él se va uno de los grandes, uno de los últimos supervivientes de la época dorada del género y de una forma de entender y escribir la ciencia-ficción que cada vez cuenta, por desgracia, con menos seguidores.

Este parece, pues, un buen momento para hacer un homenaje en forma de repaso a la vida y obra de uno de los últimos maestros del género que aun permanecía en activo.

Ciudadano del Espacio

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Robert Sheckley nació en Brooklyn, Nueva York, aunque se crió en New Jersey. Desde muy joven se sintió atraído por lo que él definía como «literatura escapista», y en concreto por la obra de autores como Ray Bradbury, Theodore Sturgeon y Henry Kuttner. Tras servir en el ejército americano en Corea entre 1946-48, estudió en la Universidad de Nueva York, empezando a continuación su carrera como escritor profesional de ciencia-ficción.

A partir de 1951 comienza a producir docenas de excelentes relatos, publicados en algunas de las revistas más prestigiosas del género, como Amazing, Astounding, If, Fantasy and Science Fiction y Playboy. En 1958 publica su primera novela, IMMORTALITY INC., a la que seguirían títulos imprescindibles como THE STATUS CIVILIZATION (MAÑANA SERÁ ASÍ, 1960); JOURNEY BEYOND TOMORROW (LOS VIAJES DE JOENES, 1962); THE TENTH VICTIM (LA DÉCIMA VÍCTIMA, 1965); MINDSWAP (TRUEQUE MENTAL, 1966); DIMENSION OF MIRACLES (DIMENSIÓN DE MILAGROS, 1968) o DRAMOCLES (1983), entre otros; aunque para muchos el talento de Sheckley se concentra en su esencia más pura en su obra corta, recopilada en antologías como CITIZEN IN SPACE (CIUDADANO DEL ESPACIO, 1955); PILGRIMAGE TO EARTH (PEREGRINACIÓN A LA TIERRA, 1957) o NOTIONS: UNLIMITED (PARAÍSO II, 1960).

Durante los setenta vivió durante una temporada en la isla española de Ibiza, hasta que regreso a los USA para convertirse en el nuevo editor del magazine Omni, cargo en el que permaneció durante dos años. Ya en los ochenta, retomó su serie de la «Décima Víctima» con nuevas entregas como VICTIM PRIME (1987) o HUNTER/VICTIM (1988). Durante los noventa su producción alternó entre las novelas de misterio protagonizadas por el detective Hob Draconian y sus colaboraciones con otros escritores, como Harry Harrison (en la serie protagonizada por Bill, el héroe galáctico, publicada en España por Grijalbo) y Roger Zelazny, o franquicias del estilo de Aliens (THE ALIEN HARVEST, 1995); Star Trek (DEEP SPACE NINE: THE LAERTIAN GAMBLE, 1995) o Babylon 5 (A CALL TO ARMS, 1999).

Sheckley pasó sus últimos años en su residencia en Pórtland, Oregon, alternando su tiempo entre escribir nuevas historias, artículos o introducciones, y asistir a convenciones de ciencia-ficción. En sus últimos trabajos el autor reivindicaba con nostalgia los convencionalismos y clichés del género pulp que él mismo subvirtió de forma brillante en su juventud. En el 2002 lo mejor de su producción fue recopilada en el volumen Ómnibus DIMENSIONS OF SHECKLEY. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y es especialmente popular en países como Italia, Alemania, Polonia o España. Irónicamente, su obra era muy apreciada en la extinta URSS, donde se vendieron miles de ejemplares de sus novelas y antologías, pero dado que el régimen soviético nunca suscribió los acuerdos internacionales sobre derechos de autor, Sheckley no vio un dólar por ello.

Los mundos de Robert Sheckley

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Por algún extraño motivo, Sheckley ha sido injustamente olvidado, o cuanto menos infravalorado por las nuevas generaciones de aficionados, como si toda su obra posterior a 1980 no fuese más que los delirios inconexos de un enfermo de alzheimer. Sin embargo, no puede haber enciclopedia o ensayo sobre la ciencia-ficción que se precie que no incluya al menos una referencia a este destacado escritor, uno de los nombres más importantes del género durante los años 50 y siguientes.

Si hubiera que señalar algún rasgo por encima de otros que singularizase a Sheckley ese sin duda sería su sentido del humor. Un humor ácido, sarcástico, que lo hermana con otro autor contemporáneo suyo y maestro del relato ultracorto: Fredric Brown, otro profeta del absurdo; pero mientras que este último usaba el humor como una cortina para ocultar su pesimismo y falta de fe en la humanidad, Sheckley prefería especular acerca de órdenes sociales alternativos (a veces aterradores, como es el caso de THE STATUS CIVILIZATION) y de la indefensión del ser humano ante el universo y los avances científicos. Otro contemporáneo suyo, Damon Knight, definió su estilo como «Satírico, sin llegar a ser amargo». Sin embargo, que ese detalle no nos induzca a error. Bajo esa fachada humorística se esconde una de las plumas más mordaces que ha parido el género. Sheckley ha utilizado la sonrisa como excusa para criticar determinados usos y costumbres de la sociedad americana de su época y, por extensión, propias de cualquier ser humano en cualquier momento: la prepotencia, el racismo, el absurdo de la burocracia llevada al límite, la violencia justificada como asunto de estado, y un largo etcétera. De vivir (y escribir) en nuestros días, Sheckley hubiera sido considerado como un escritor políticamente incorrecto y candidato a la censura por el lobby conservador y ultranacionalista que rodea al actual presidente norteamericano.

Sheckley comparte, junto con Philip K. Dick y Kurt Vonnegut el mérito de ser uno de los mejores (y más irónicos) investigadores acerca de la naturaleza de la realidad y el papel que el ser humano tiene en ella, ya desde sus primeros trabajos. En este sentido destacan relatos como «PROTECCIÓN» (cuyo protagonista es advertido de que correrá un peligro mortal, a menos que siga unas instrucciones que nunca le son reveladas) o el mítico «UN PASAJE PARA TRANAI», una interesante especulación sobre el concepto de la utopía, revolucionaria por el hecho de que una mujer desempeñe uno de los papeles protagonistas (algo poco corriente en los EEUU de los años cincuenta y sesenta).

Muchos de los argumentos que proponía Sheckley por aquel entonces pueden parecernos hoy demasiado trillados, pero en sus manos eran frescos y novedosos. En su primera novela (INMORTALITY INC.), el autor especulaba con una sociedad del futuro tan degradada que «robaba» personas a punto de morir para utilizarlas como donantes forzosos de órganos para las clases sociales más adineradas. En su siguiente trabajo largo, MAÑANA SERÁ ASÍ (THE STATUS CIVILIZATION, 1960) el protagonista es exiliado por un delito que apenas recuerda haber cometido a un planeta-prisión poblado por criminales que han construido una sociedad regida por unos valores morales a la inversa, en la que el comportamiento criminal no solo es aceptado, sino obligado, ya que es la única forma de sobrevivir y ascender socialmente. LOS VIAJES DE JOENES (JOURNEY BEYOND TOMORROW, 1962) es un desquiciado recorrido por el lado más oscuro y absurdo de los EEUU, que ha sido comparado con clásicos como LOS VIAJES DE GULLIVER de Jonathan Swift, por su profunda carga crítica y análisis satírico de la sociedad de su época.

Sin embargo, su obra más conocida y que marcó un antes y un después en su carrera es, sin duda, LA DÉCIMA VÍCTIMA (THE TENTH VICTIM, 1965), una hilarante trama acerca de una pareja inmersa en un juego cuyo objetivo final es que uno de los dos elimine al otro. Inicialmente basada en uno de sus relatos cortos, fue convertido en un guión cinematográfico y llevado a la gran pantalla en un co-producción franco italiana, dirigida por Elio Petri y protagonizada por Marcello Mastroianni y Ursula Andress, encargándose luego el mismo Sheckley de novelizarla. LA DÉCIMA VÍCTIMA se convirtió en eso vulgarmente llamado «obra de culto» y terminó de cimentar la reputación de su autor, especialmente entre la progresia europea del momento, que siempre le ha valorado más que sus compatriotas. Sin embargo, es una obra contra corriente dentro de la producción del autor, ya que se aparta de varios de sus recursos habituales. Por ejemplo, los protagonistas de Sheckley suelen ser sujetos normales, vulgares y anodinos, enfrentados a situaciones que les superan y que sobreviven casi más gracias al azar (o al juego sucio) que a su inteligencia. Nada que ver con los glamurosos protagonistas de esta novela, que deben mucho a los actores que les interpretaron: jóvenes, atractivos y equipados con futuristas gadgets en la mejor tradición de James Bond o James Bolivar di Gritz.

En obras posteriores exploró temas tales como el contacto y la relación entre humanos y extraterrestres (MINDSWAP (TRUEQUE MENTAL) 1966), la exploración de otras realidades y dimensiones paralelas (DIMENSION OF MIRACLES (DIMENSIÓN DE MILAGROS) 1968), o la crítica antibelicista y antimilitarista de DRAMOCLES (1983) o BILL, EL HÉROE GALÁCTICO, EN EL PLANETA DE LOS CEREBROS EMBOTELLADOS (1990). Tras un breve paréntesis en los setenta dedicado a labores editoriales, se centró (como ya se ha apuntado anteriormente) en escribir secuelas, colaboraciones y franquicias, obras todas ellas amenas, divertidas y de fácil lectura, pero carentes de la chispa y el ingenio satírico que antaño le caracterizó.

Más interesante, quizás, resultan sus novelas policíacas protagonizadas por el detective Hob Draconian (un maduro ex-hippie residente en Ibiza) como THE ALTERNATIVE DETECTIVE (1993), DRACONIAN NEW YORK (1996) y SOMA BLUES (1997), desgraciadamente inéditas en castellano, en las que Sheckley, al igual que otros contemporáneos suyos, como el ya citado Brown o Isaac Asimov, cambia temporalmente la ciencia-ficción por la novela negra.

Una última constante que el escritor mantuvo a lo largo de toda su carrera es su estilo claro y engañosamente sencillo, que no simple, de leer; característica esta que le llevó a ser un tanto menospreciado por la flamante new wave que valoraba más los artificios arguméntales o estilísticos de autores como J. G. Ballard o Roger Zelazny, ignorando que para Sheckley el contenido era más importante que la forma, y que su punto fuerte eran sus argumentos. No falta quien, de hecho, analiza su obra desde criterios filosóficos, antropológicos o incluso morales, descubriendo nuevos matices e interpretaciones que enriquecen aun más, si cabe, el conjunto, aunque no por ello debamos olvidar que hasta sus 76 años el autor mantuvo el espíritu de aquel joven que creció leyendo a Bradbury y Sturgeon y solo deseaba ser capaz de escribir literatura escapista, al igual que sus ídolos.

Sheckley también se escribe con Ñ

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Hay una larga y estrecha relación entre nuestro país y el autor que nos ocupa. Aparte de la temporada que residió en Ibiza, Sheckley ha regresado ocasionalmente para acudir a convenciones y festivales como la Semana Negra de Gijón. Editorialmente hablando, ya en 1964 apareció su primera novela de ciencia-ficción traducida al castellano: MAÑANA SERÁ ASÍ, en el número 16 de la colección Galaxia, de ediciones Vértice.

Sin embargo, su época dorada coincidió con el boom de la ciencia-ficción en España durante los años setenta, gracias sobre todo a la admiración que el equipo directivo de la mítica revista Nueva Dimensión sentía por su obra, a la que dedicaron el ND Extra número tres y los números 4 y 15 de su colección de libros (PEREGRINACIÓN A LA TIERRA y EL ARMA DEFINITIVA, respectivamente). Por esa misma época, otras editoriales como Acervo (LA DÉCIMA VÍCTIMA y LOS VIAJES DE JOENES, ambas en Gaudeamus) o Edhasa (que puso en el mercado títulos suyos como PARAÍSO II, CIUDADANO DEL ESPACIO o DIMENSIÓN DE MILAGROS, entre otros, en Nebulae) contribuyeron a acercar su producción literaria al lector español. Sin embargo, desde que la extinta Martínez Roca publicó DRAMOCLES en 1984 con el número 92 de su colección Súper Ficción Sheckley ha permanecido prácticamente ausente de las librerías españolas, salvo por la edición que Plaza & Janés hizo en 1999 de TRUEQUE MENTAL. Más recientemente, la organización de la Semana Negra de Gijón decidió editar este pasado verano un librito con uno de sus relatos más conocidos (CIUDADANO DE LA GALAXIA) que se ofreció al público asistente al certamen por el simbólico precio de un euro, y cuya recaudación se destinó íntegramente a sufragar parte de las facturas médicas del escritor. De ese modo, en palabras del organizador, Paco Taibo II, se intentaba eludir «El mero donativo», al tiempo «que se pone en contacto al autor con su público».

Pese a lo loable de esta y otras iniciativas finalmente el destino ha sido inexorable y Sheckley ha escrito la última página de su biografía. Pero no menos cierto es que un genio como el suyo no desaparece del todo mientras perdure su legado en forma de todos sus libros y relatos. Quien sabe, tal vez ahora que el autor no está entre nosotros algún editor patrio se anime a reeditar su obra completa o al menos una selección de sus mejores trabajos, al estilo de las recopilaciones de Fredric Brown que recientemente ha publicado Gigamesh. Entretanto, siempre podemos consolarnos releyendo sus viejos títulos y recordando porque se le consideraba, con justicia, como uno de los clásicos indiscutibles del género.

© Alejandro Caveda, (2.147 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El zoco de Lakkmanda el 18 de diciembre de 2005

Bibliografía