Felix J. Palma
(1968)

Biografía

Félix J. Palma

Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968) es un caso peculiar dentro del mundo de la ciencia-ficción española. Siendo uno de los escritores más prolíficos y publicados en el fandom (no me he dado cuenta de hasta qué punto hasta ponerme a redactar este artículo) es también uno de los más ignorados, quizás por no haberse atrevido con los formatos grandes, probablemente por dar primacía al estilo por encima de cualquier otra circunstancia de sus relatos. En los cuentos de Felix J. Palma el estilo es el protagonista absoluto y el argumento es un actor secundario que se cuela por los resquicios que le deja la prosa y a veces pasa completamente desapercibido. Por otra parte es el único autor reciente del que tengo constancia que ha entrado en el mundo de la literatura general sin hacer literatura juvenil. Y, curiosamente o no, el fandom tiende a dar la espalda con gran rapidez a quienes intentan ese camino.

La producción de Félix J. Palma es amplia, demasiado para englobarla bajo una etiqueta común. Ha escrito de todo y en general lo ha hecho bien. Es una rara avis en un panorama en el que incluso los que sólo escriben ciencia-ficción tienden a encasillarse en una de sus categorías para no salir nunca de ahí. Sus principales defectos son los argumentos, que raramente están a la altura de la forma en que son presentados y frecuentemente bordean la más pura inanidad, un tono melancólico y fatalista que se mantiene título tras título, invariable, y un estilo tan definido que resultaría difícil no identificar un cuento suyo en las primeras páginas. Esta es una ventaja, si es bueno, y un inconveniente, si apenas se modifica independientemente de lo que se cuenta. Como dijo un viejo rockero (¿Iggy Pop? ¿Lou Reed? disculpen que no pueda precisar) lo más complicado para un artista es, primero, encontrar un estilo propio y, después, librarse de él. Félix J. Palma ha resuelto el primer inconveniente pero habrá que ver si consigue afrontar con éxito el segundo. La palabra repetición asoma con incómoda frecuencia si se leen sus relatos uno detrás de otro, hasta desembocar en ese esfuerzo final que es EL AMANTE DE VIDRIO, y ese otro inicial que es EL VIGILANTE DE LA SALAMANDRA.

1. Ciencia-ficción

El primer cuento de ciencia-ficción pura y dura de Palma que he podido situar cronológicamente es también uno de mis favoritos. MUERTE POR CATÁLOGO (Premio Aznar 1992) sí cuenta una historia y la cuenta muy bien. Me disculparán si no la resumo pero es que el título ya es bastante explícito al respecto. Por si necesitan más pistas, es muy similar a una de las anécdotas que se comentan en la fiesta que da Guinevere Acero en TODOS SOBRE ZANZÍBAR de John Brunner (¡reedición, ya!). Y esa tristeza que en mayor o menor medida empapa toda la producción de Félix J. Palma le viene de perlas. Como triste también, muy triste, es LA ESCARCHA DEL OLVIDO (1995), cuya idea refundirá luego para formar la superior BESO DEL TIEMPO GRIS (1996). En un futuro impreciso y tal vez cercano los seres humanos o una parte de ellos han perdido la capacidad de sentir y consumen las emociones enlatadas que obtienen de los que todavía pueden hacerlo, sean contemporáneos suyos, como en el primero, sean habitantes de épocas pasadas, como en el segundo. Utilicen a telépatas o aspiradoras de sentimientos para conseguirlas el resultado es idéntico. Y aquí añadiré otra característica del autor: la verosimilitud científica le importa un higo. Y hace bien.

BESO DEL TIEMPO GRIS es especialmente hermoso aunque confuso y echo de menos que se describa con mayor precisión, si no extensión, el mundo arruinado en el que transcurre. Más limitada aún es la mirada que recorre el paisaje post-holocausto de JASMINUM (1994), uno de aquellos inefables ultracortos de Parsifal y no el mejor, desde luego. POR SIEMPRE Y PARA SIEMPRE (1992) nos muestra a una escultura viviente formada por un hombre y una mujer, raptados por extraterrestres y reducidos a una cópula rígida para el resto de la eternidad, situación que es presentada ambiguamente pues no acabamos de saber si el miembro masculino de la estatua está desesperado o en realidad le gusta. MEMORIAS DE LAS ESTRELLAS (1995) acompaña a un mecánico de naves espaciales desengañado que descubre una manera inesperada de experimentar los sueños que la vida real le niega. Llamarla inesperada quizás sea hacerle demasiado favor a un desarrollo harto predecible. Además, la carga sentimental del relato es excesiva, cuando necesitaría del enfoque opuesto para ser original. Tal como queda es bonito y fácilmente olvidable.

No abundan las muestras de cyberpunk hispano y después de nombrar a Manuel Díez Román la gente suele quedarse sin otros ejemplos que citar. Félix J. Palma es uno. HACIENDO COLA EN LA ESCALERA MECÁNICA (1996) es una especie de oscuro precedente de EL AMANTE DE VIDRIO en el doble sentido de que los protagonistas son artistas, músicos, y que no se entiende gran cosa de lo que sucede. La historia es algo así como: megaestrella del rock harto de ser manipulado por los media y harto de noches sin sentido y harto del mundo en general se harta de estar harto y acaba suicidándose. Jim Morrison no sale pero sí sale, ya me entienden.

DULCE MANTIS (1997) es otro magnífico exponente de una tendencia habitual en la obra de Félix J. Palma, la idea argumental parece servir exclusivamente para hilvanar pasajes oníricos, marcadamente eróticos, que son fruto de la acción de las drogas, de la psique enferma de los personajes o, en este caso, resultado de echar un polvo con una telépata que es a la vez prostituta y modeladora de fantasías que luego introduce en sus clientes, un poco al modo de Charles Render, el señor de los sueños que creara Zelazny. De nuevo echo a faltar que se comente la sociedad, suponemos compleja, que los telépatas han construido en el guetto a ellos reservado.

Y todo esto desemboca en EL AMANTE DE VIDRIO (1999), una novela, la primera de Palma, que podría ser espléndida y se queda en el amago. Nuevas formas de arte, nuevos tipos de artistas, una sociedad de la que apenas recibimos bosquejos apresurados y que es con diferencia lo mejor de la novela. Lo peor es la tremenda confusión, inevitable puesto que el narrador no deja pasar un minuto sin echar mano a su amplia provisión de drogas, las subtramas que se toman y se abandonan cuando parecen ir a concretarse, lo difuso de una historia que no sabemos si definitivamente no tiene sentido o este existe y se nos niega. El equilibrio entre realidad externa y mundo interior no está suficientemente logrado, la densidad de la prosa llega a ser asfixiante por momentos y el holopoema, obra maestra de Dorian, sobra. Quizás estos problemas no serían tan dolorosos si no se vislumbrara por debajo de los fuegos de artificio el esquema de una historia fascinante y unos personajes con una potencialidad enorme, desaprovechados por una estructura equivocada.

2. Fantasía

El punto fuerte de Félix J. Palma son los relatos fantásticos. MI ÚLTIMA NOCHE CON DONNA (1992) fue el primer cuento que publicó. Esta narración combinaba el romanticismo con la necrofilia, describiendo a un enamorado que le toma una noche prestada a la Muerte, la última, para despedirse de su novia. Afortunadamente apareció en un momento en que escribir bien aún no estaba mal visto en según qué sitios y eso le permitió causar la impresión debida a su innegable calidad. Casi contemporáneo (al menos en su redacción) fue ESCAPAR DE LA REALIDAD (1995) y al que catalogo de fantasía en lugar de ciencia-ficción apoyándome en la definición que da John Clute. Palma no explica el origen de los superpoderes que los habitantes de este mundo paralelo pueden disfrutar temporalmente ni los justifica en medida alguna. Ya sé que esas explicaciones también escasean en varios de los que sí he considerado ciencia-ficción pero el que esté libre del pecado de subjetivismo que tire la primera piedra. Es una obra de principiante, mucho menos madura y segura que la anterior, posiblemente por adoptar un molde clásico.

Palma destaca cuando es fiel a sí mismo, cuando encadena párrafos interminables, reduce al diálogo al mínimo, casi más a las palabras que no se pronuncian que a las que ensucia la saliva y una voz siempre lamentablemente inexpresiva. EL CELADOR (1992) es horror, es la odisea de un antiguo misionero que ha hallado un modo espantoso de redimir al mundo de sus pecados y lo pone en práctica cada noche, convencido de que el fin justifica los medios. TENEBROSO DONDE LLÉVEME DE VUELTA (segundo premio en el Domingo Santos 1995) es fatalista. Este finalista de un premio que no tuvo ganador incide en la vieja noción del hombre que tiene la oportunidad de alterar el pasado dejando de cometer el crimen que le ha llenado de remordimientos. Sólo hay dos maneras de acabar un cuento así, o repite su acción o efectivamente modifica el pasado. No diré cuál es la solución que adopta pero al decir lo del fatalismo quizás se lo imaginen...

En LAS HOJAS SECAS (1994) prácticamente no ocurre nada, siendo la semblanza intimista, claustrofóbica, de un individuo aparentemente insignificante e inútil que sin embargo intuiremos importantísimo, y la manera en que lo es se revela al final. El tono poético sirve para inflar un globo que no contiene mucho aire. La metáfora de las hojas secas, por el contrario, está francamente lograda, no siendo del todo comprensible hasta la línea última, que la presenta con toda su desoladora fuerza.

No es Palma un escritor excesivamente alegre. Frustración es el término que mejor puede aplicarse a sus criaturas, hombres vacíos, raramente mujeres, que buscan la redención de sus vidas a través del amor. Si lo encuentran es por caminos torcidos y por esa misma razón, por haberlo hallado casual o incorrectamente, es por lo que lo perderán apenas se les haya insinuado un soplo de felicidad. Eso le ocurre al protagonista de REFLEJOS (1997), que una mañana de resaca sorprende en el espejo el reflejo de una mujer sustituyendo al suyo y disfrutará con él de un romance truncado por la aparición de la mujer cuya imagen ha usurpado involuntariamente. O a la pareja de SOMBRAS EN EL MALECÓN (1997, 2º premio Ciudad de Dos Hermanas), que después de un accidente de tráfico se reúnen en el neblinoso paseo marítimo a reencontrarse con el espectro del otro, en uno de sus cuentos más conseguidos por la atmósfera de indefinición lograda, que esta vez es fiel a un mundo en el que no hay certezas, y menos cuando a la muerte le da por inmiscuirse.

Peor lo tienen los viajeros de AQUEL TREN DONDE FUIMOS TAN FELICES (1998, Premio Idus de marzo), que un soplo onírico convierte en fantástico, pudiendo ser una simple broma tarantiniana en manos de alguien más atento a las modas. Lo que no se le puede negar a Palma es que es capaz de hacer que se sostengan historias que por lo absurdo de sus planteamientos tenderían a derrumbarse enseguida. No anda coja de absurdos la aventura de unos pasajeros de tren de cercanías a los que el revisor pone un arma de fuego en el regazo y deja solos para que expresen sin limitaciones su locura. Pero podría ser un sueño. Y tiene la lógica oscura pero insalvable de los sueños, hasta el desenlace del episodio de amor fou que le da cuerpo.

VENCO A LA MOLINERA (1998) encaja mejor en esta sección que LA VIDA CORRECTA (1997), aunque haber sido publicada esta última originalmente en un Visiones haría raro incluirla en el punto tercero. Ambas tratan el tema de los universos paralelos, a los que se accede sin la menor excusa científica, en el primer caso un hombre se encuentra que el mundo en el que aterrizó su avión no es el mismo que aquel del que despegó, y lo único que los distingue es que los pollos han sido sustituidos por un animal distinto, el venco, que cumple las mismas funciones alimenticias que las gallináceas. En el segundo un viajante de comercio se topa por casualidad con un gemelo imposible que ha vivido la vida que él hubiera deseado haber llevado. No es desde luego original el tema del doble, pero la pirueta final y una considerable fuerza poética mejoran la impresión conjunta de un relato que podía haber sido redondo y no termina de serlo. VENCO A LA MOLINERA carece de una pirueta equiparable y ni siquiera la forma está tan cuidada como de costumbre, quedando como un punto bajo de su trabajo reciente.

3. Realismo

La primera muestra de que Félix J. Palma estaba capacitado para escribir literatura general si le daba la gana fue AMOR INTERACTIVO (1995), una encantadora historia de amor (¿hay algún cuento suyo que en el fondo hable de otra cosa que de amor?) que gustó un montón y no sin motivos. Ligero, simpático, con las gotas justas de absenta, reconozco que me sorprendió bastante no encontrarlo en el índice de EL VIGILANTE DE LA SALAMANDRA (mientras VENCO A LA MOLINERA sí está, hmmm).

135 ESLABONES (1997) es en cambio excesivamente moroso, y acaba pareciéndose a esas canciones que cuando parece que van a alcanzar el estribillo se detienen y vuelven a empezar. Es una estampa más de esas vidas grises a las que la esperanza les dura unos latidos de corazón antes de ser sepultada de nuevo en la rutina. Tiene su mérito escribir un relato sobre alguien que pasea a su perro y ya está, pero no sé si eso basta.

CRÓNICA DEL CABALLERO DE LAS PALABRAS PERDIDAS (1998) constituye el primer capítulo de una novela inédita, LA HORMIGA QUE QUISO SER ASTRONAUTA. Fue escrita después de la excelente acogida que tuvo AMOR INTERACTIVO y no deja de ser una remodelación, menos exitosa. Amores perdidos, el destino cruel y la incomprensión de una sociedad y de unas personas que nunca se comportan de acuerdo a algo que se asemeje remotamente a la coherencia. El quijotesco protagonista intenta encontrar un orden a su alrededor, y por supuesto fracasa. Habrá que ver adónde conducen sus posteriores andanzas, si las imprentas nos lo permiten.

No puedo concluir sin hacer un repaso a EL VIGILANTE DE LA SALAMANDRA (1998), una recopilación de relatos suyos, algunos ya publicados en fanzines, recientemente editada. De los que ya he repasado, REFLEJOS, AQUEL TREN DONDE FUIMOS TAN FELICES, SOMBRAS EN EL MALECÓN, VENCO A LA MOLINERA y LA VIDA CORRECTA, ya está dicho todo. Lanzar Trozos de vida al viento es lo que hacen dos personas que envían sus cartas a desconocidos sin ánimo de recibir respuesta. Su intención no es establecer una comunicación, sino mitigar la soledad arrojando monólogos sin remite, como si quisieran esquivar las respuestas de aquellos a quienes hacen partícipes involuntarios de sus confidencias. Excluyendo a lo ya reseñado antes es de lo mejorcito del volumen, junto a LA ÚNICA DULZURA, sobre la que flota la sabia sombra de Luis Landero, y LA CARACOLA, inquietante boceto de un juego cruel más sugerido que detallado y metáfora quizás de un destino que se complace en no premiar nunca nuestro número.

EL VENDEDOR DE BESOS pudiera ser una de las muchas historias que circulan en el interior de LAS MÁSCARAS DEL HÉROE de Juan Manuel de Prada. MARÍA CALAVERAS es un cuento de bandoleros y migueletes, y por si la predestinación anduviera ociosa en las narraciones de Félix J. Palma, además la susodicha María ve ya muertos a los que han de morir, como si fuera una Cassandra rondeña. Finalmente, a EL VIGILANTE DE LA SALAMANDRA le falta una buena conclusión. Conclusión que explique o vuelva interesante la tediosa existencia del broker que cambia el ordenador portátil y el ajetreo urbano por una tumbona frente a una salamandra inmóvil.

Del éxito o el fracaso de EL VIGILANTE... dependerá lo que sea de Félix J. Palma en años venideros. Ni le faltan cualidades ni ambición, y en estos tiempos que corren la dificultad en hallar buenos argumentos no es algo tan grave como solía. Lo que parece seguro es que le ha dado un portazo a la ciencia-ficción y que tardaremos un tiempo en volver a ver por aquí esos relatos extraños, diferentes, en los que las relaciones personales, el sexo, los desvaríos de personajes insatisfechos, eran los elementos fundamentales y el estilo el señor de la casa en vez de un huésped molesto.

Que cada uno decida si le echará de menos o no.

© Ramón Muñoz,
(2.767 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ad Astra

Bibliografía

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