¿HOMBRES O MÁQUINAS?
¿HOMBRES O MÁQUINAS?

Aparecida en enero de 1979, con el nº 438 de La Conquista del Espacio, de Bruguera, ¿HOMBRES O MÁQUINAS? (no confundir con ¿HOMBRE O MÁQUINA?, número 656 de la misma colección) es otra memorable incursión de Luis García Lecha, firmando como Glenn Parrish, en el fascinante mundo de los robots.

En el siglo XXX la humanidad terrícola se está expandiendo por la galaxia, en busca de nuevos mundos para colonizar. Al planeta Khator, muy similar a la Tierra, han sido enviadas varias expediciones, pero con todas ellas se ha perdido contacto. Como última opción, las autoridades pertinentes deciden enviar allí al capitán John Joseph Belows, un experimentado astronauta explorador, que ha sido degradado de rango recientemente, pues es cualquier cosa menos un oficial acomodaticio. A pesar de su pésima fama, Belows es elegido para esa misión porque, al contrario que sus predecesores, demasiado apegados a la tecnología, es un hombre que ha demostrado saber desenvolverse en un entorno salvaje y hostil prácticamente con las manos vacías.

Belows, puesto al tanto de la situación por sus superiores, se sorprende al saber que tres siglos atrás una nave terrestre desapareció en Khator, expedición que cayó en el olvido, porque entonces ese planeta quedaba demasiado lejos y apenas se sabía nada del mismo. Si algunos de sus tripulantes sobrevivieron y lograron tener descendencia, es muy posible que sus descendientes hayan involucionado, convirtiéndose en salvajes que podrían haber atacado a los posteriores expedicionarios. La misión de Belows es averiguar qué les ocurrió a las expediciones desaparecidas, evaluar las condiciones del planeta y de sus habitantes, si los tuviera, e informar a sus superiores en la Tierra, con vistas a la posible colonización de Khator.

Antes de partir, Belows decide despedirse de una buena amiga, que es también su amante ocasional. Mientras cenan en un restaurante, se les acerca Sixtus Van Drijn, un sujeto dedicado al comercio interestelar, un verdadero hampón galáctico, que en el pasado tuvo cierto encontronazo con Belows, y que, por mediación de sus corruptas amistades políticas, maniobró para que le degradaran. A Van Drijn le acompaña una hermosa joven, llamada Laura Taylor, a la que Sixtus presenta como su socia. Van Drijn, que no se sabe cómo se ha enterado del próximo viaje de Belows a Khator, quiere que el capitán le lleve en su nave, a lo que John Joseph se niega en redondo, ganándose, al parecer, la inquina y el resentimiento de Laura Taylor, que parece considerar a Van Drijn un hombre honorable.

Belows emprende la misión en solitario, pues sólo confía en sus propias fuerzas. Ya en Khator, inicia su exploración, encontrando pronto los restos de una astronave que, para su sorpresa, parece haber sido desguazada, evidentemente por seres inteligentes. También encuentra huellas de pisadas humanas, desproporcionadamente profundas, lo que indica que aquellos seres son bastante pesados. Perplejo, Belows prosigue su reconocimiento, y poco después ve en la distancia a un nativo, vestido con un sucinto taparrabos, que cruza un anchuroso río por el procedimiento de caminar bajo las aguas. Pero eso, siendo sorprendente, no es nada comparado con el hallazgo realizado por Belows poco antes: un pavoroso tigre khatariano, al que aquel nativo había matado aplastándole el cráneo con el puño, una hazaña casi increíble.

John Joseph se dispone a despellejar al enorme felino, para conservar para sí su vistosa y valiosa piel, cuando oye el grito de auxilio de una mujer. Esta no es otra que Laura Taylor, que se ha encontrado con el cadáver de uno de los primeros exploradores de Khator. La joven cuenta a Belows que la expedición de Van Drijn fue sorprendida por los nativos, resultando apresados dos miembros de la misma y obligados el resto a dispersarse. A partir de ese momento, y a pesar de que ambos tienen ideas muy distintas sobre la calidad moral de Sixtus Van Drijn, la pareja unirá sus fuerzas para desentrañar el misterio que rodea al planeta Khator, descubriendo que ese mundo está controlado por unos robots muy peculiares, descendientes, en cierta manera, de aquellos que iban en la nave que se estrelló allí trescientos años antes.

La novela, como todas las de Lecha, no da espiro al lector, sucediéndose los episodios dramáticos. Aparte de los impresionantes tigres khatarianos, en esta obra tenemos uno de los monstruos alienígenas más logrados de los relatos de ciencia-ficción del riojano: una pavorosa planta-vampiro, que succiona la sangre de quienes tienen la desgracia de caer en su poder.

En estos tiempos de ensueños ecológicos, sin base científica real de ninguna clase, se agradece leer una novela como la que nos ocupa. En muchos aspectos, la sociedad futura descrita por Lecha se asemeja a esa sentimental utopía buenista que algunos pretenden construir. Laura Taylor, sin ir más lejos, reacciona en algunos momentos como las animalistas obcecadas de ahora; ya saben, esas que quieren defender los derechos de las palomas y... ¡las ratas! Pero John Joseph Belows es un hombre sensato. Aun valorando la naturaleza y respetándola, se niega a plegarse a los usos y costumbres de una humanidad que, en aras de lo que hoy día se considera políticamente correcto, hace tiempo que ha perdido el norte. Las réplicas de Belows a las vacías objeciones progresistas de Laura Taylor son de lo mejorcito de la novela, que, no lo olvidemos, fue publicada hace casi un cuarto de siglo.

¿HOMBRES O MÁQUINAS? Uno de los bolsilibros de ciencia-ficción más entretenidos de Luis García Lecha. Si podéis conseguirlo, leedlo. No os defraudará.

© Antonio Quintana Carrandi,
(913 palabras) Créditos