Trilogía de Finán
PIRATERÍA SIDERAL
Piratería sideral

Tercer y último número de la trilogía, ambientado mucho más adelante en el tiempo justo cuando las consecuencias de la irrupción de Finan ya se han estabilizado y el Sistema Solar ha alcanzado un nuevo equilibrio. Puesto que la acción se sitúa cincuenta años después de las dos novelas anteriores, el autor inicia la novela con un pequeño relato en el que explica todo lo que ha acontecido mientras tanto. Es lo siguiente:

Los norteamericanos han triunfado en su aventura asentándose en Finan tras expulsar a los tritones, los cuales se refugian en los mares del despoblado planeta Venus. Los alemanes, por su parte, ante el empuje de los rusos (las novelas están escritas en plena guerra fría), los cuales se han anexionado prácticamente toda Europa, emigran en masa a Marte rehabilitando el moribundo planeta. Por su parte el satélite Ganímedes, convertido en tierra de nadie, es el refugio de los nuevos piratas siderales (de ahí el título de la novela) que asolan las rutas de navegación entre los distintos planetas del Sistema Solar.

Antes de seguir adelante es preciso hacer un inciso acerca de la base astronómica empleada por Enguídanos en esta novela. En lo que respecta a Ganímedes, y esto es algo completamente original de este autor, nos lo presenta como un mundo tropical y, ¡cómo no! con dinosaurios debido al calor recibido del cercano Júpiter, convertido de esta forma en una especie de sol secundario. No es aquí el único lugar en el que Enguídanos utiliza este recurso, ya que tanto en La Saga de los Aznar como en la Serie de Bevington aparece también de esta guisa. Curioso es también el caso de Venus ya que en esta ocasión no hay ni selva tropical ni dinosaurios, sino unos mares inmensos acompañados de unas tierras completamente estériles y de una atmósfera carente por completo de oxígeno. No es todavía la visión del Venus real, desconocida por cierto en la época en la que fue escrita la novela, pero supone un avance importante sobre la ingenuidad de la selva virgen.

Continuemos con el argumento. El gobierno finés (es decir, al antiguo norteamericano) teme la posibilidad de que los tritones inicien una guerra de reconquista de un planeta que al fin y al cabo era suyo, por lo que organiza un plan tan ambicioso como arriesgado cuyos detalles tan sólo se sabrán al finalizar la novela. En resumen, parte de la tripulación de un moderno crucero estelar finge amotinarse expulsando a los oficiales leales al gobierno marchando a continuación a refugiarse a Ganímedes. Puesto que el crucero está equipado con un revolucionario sistema, aún en fase de pruebas, que lo convierte en invulnerable a los ataques con torpedos atómicos, base de la artillería de la época, la situación es realmente grave.

Perseguidos por la armada finesa los falsos desertores conseguirán llegar hasta el planetillo no sin antes librarse de sus furibundos ataques gracias, precisamente, a su nueva arma. Una vez en Ganímedes se encontrarán con un grave problema: Los piratas, temerosos de verse arrancados de su refugio, les exigirán que se marchen de allí lo antes posible. Así lo harán, aunque antes habrán tenido ocasión de contactar con uno de los principales piratas el cual les propondrá la venta de su astronave, con coraza electrónica incluida, a los propios tritones, ofreciéndose para mediar en el trato. Puesto que ésta y no otra cosa es lo que los fineses desean, pronto llegarán a un acuerdo partiendo de Ganímedes en dirección al lejano Venus.

Al salir de nuevo al espacio, paradójicamente, no les importunará la armada finesa, la cual por necesidades del guión ha desaparecido por completo del mapa, pero sí lo hará una flotilla de astronaves piratas comandadas por los principales rivales del flamante aliado de los protagonistas. Al contrario del caso anterior, en el que habían rehuido el combate con sus propios compañeros, los fineses aceptan de buen grado el combate infligiendo una soberana paliza a unos enemigos cuyos supervivientes se ven obligados a huir con el rabo entre las piernas.

Una de las cabecillas del grupo, no obstante, es recogida del espacio tras ver destruida su nave. Huelga decir que es enemiga acérrima del aliado de los fineses, a los cuales procura indisponer en contra del mismo alegando (luego se verá que con toda la razón) que éste hará todo los posible para no compartir con ellos sus beneficios. Pero esto ocurrirá más adelante. Tras un largo viaje aprovechado por el comandante de la nave y la antigua pirata para enamorarse, llegan finalmente a Venus comenzando a negociar con los tritones la venta de la nave con su importante equipamiento. Mientras tanto, los falsos rebeldes aprovecharán para espiar descubriendo cómo, en efecto, los tritones están preparando un gran ejército expedicionario cuyo destino no puede ser otro que la reconquista del planeta que cincuenta años atrás les fuera arrebatado.

Las negociaciones llegan a buen término de forma que los protagonistas se encontrarán de repente con una astronave de manufactura tritona abarrotada de oro como pago por la suya. Se realiza el transbordo, tiene lugar el intento del pirata (fallido, por supuesto) de asesinarlos para quedarse con todo el botín, y todo acaba felizmente con los astronautas fineses marchándose hacia lugares menos peligrosos. Una vez cumplida su misión el protagonista explicará a su novia (que sería pirata, pero no hacía más que recriminarle por su traición) la trama del engaño: Lejos de ser algo invencible, la coraza electrónica vendida a los tritones será su perdición durante la próxima guerra dado que los fineses disponen de un arma aún más efectiva que les permitirá arrasar una flota enemiga completamente confiada tras su aparente defensa. El peligro será así conjurado gracias a que los tritones han mordido el anzuelo, razón ésta por la que fue montada en su momento toda esta farsa.

Todo, pues, acaba bien: Los protagonistas felices, la falsa rebelión y la peligrosa misión cubiertas con éxito, y todas las garantías de que los buenos van a triunfar una vez más. Lo malo es que, como casi siempre, los que pierden son una vez más los indios.

© José Carlos Canalda,
(1.017 palabras) Créditos