Trilogía Heredó un mundo, 1
HEREDÓ UN MUNDO
Heredó un mundo

Número 71, como ya se ha dicho, de la colección. Comienza la novela de una forma un tanto original: Dos vagabundos están sentados en un banco de la ciudad de Nueva York cuando el viento arrastra hacia ellos una hoja de periódico abandonada en la que está impreso el anuncio de un multimillonario que reclama la presencia de su sobrino para hacerle entrega de su herencia. Da la casualidad (cosas de la literatura) de que uno de los vagabundos es precisamente el sobrino en cuestión, que había roto con su tío y con su dinero debido a una incompatibilidad de caracteres motivada principalmente por la megalomanía de éste.

El protagonista, pues tal es el heredero, opta por viajar hasta Nuevo México, donde reside su tío, llevándose con él a su compañero de aventuras el cual, a lo largo de toda la narración, será quien ponga el contrapunto cómico a la misma. Por fin ambos llegan al rancho del excéntrico millonario encontrándose con una sorpresa mayúscula: Ésta ha invertido hasta el último céntimo de su fortuna en la construcción de una nave interplanetaria con la cual que propone viajar al planeta Venus para colonizarlo y fundar un imperio acorde con las gestas de los antiguos conquistadores de América. Para ello ha contado con el auxilio de un excelente equipo científico reunido para tal efecto, al tiempo que el proyecto ha sido llevado completamente en secreto para evitar que ningún gobierno (y en especial, se insinúa, el de los propios Estados Unidos) pueda apropiarse de tan revolucionario invento para utilizarlo con fines no pacíficos. El ex-millonario considera que si él ha financiado el viaje a él le corresponde en justicia la posesión exclusiva del planeta Venus, siendo pues su sobrino su único y natural heredero, circunstancia ésta de donde viene el título de la novela.

Nuestro protagonista piensa en un principio que su tío ha sido víctima de una estafa monumental, pero acepta seguir el juego descubriendo poco después con asombro que la cosa va en serio y la astronave se dirige realmente hacia Venus, hacia donde llegará pocos días después ya que, puestos a imaginar, para qué castigarlos con un viaje más largo.

Como cabe suponer, y tras la incertidumbre inicial originada por la densa capa de nubes que hasta el último momento les impide vislumbrar la superficie del planeta, los expedicionarios descubrirán con alivio que éste es perfectamente habitable si bien un tanto caluroso como corresponde a su clima tropical. Tras aterrizar en mitad de una selva virgen que deja pequeñas a las de la Tierra, los protagonistas iniciarán una primera expedición que tendrá un fin trágico al ser repentinamente atacados por unos extraños insectos de talla humana y semiinteligentes (utilizan flechas y lanzas) que muestran además una curiosa apetencia por la carne humana.

Tras sufrir varias bajas los terrestres lograrán al fin expulsar a sus peligrosos visitantes, decidiendo partir hacia otros lugares más cercanos a los polos y, por lo tanto, de clima menos caluroso. Sin embargo, antes procederán a enterrar a sus muertos (o por hablar con propiedad lo poco que queda de ellos) en el mismo lugar en el que se posara la nave.

Nunca lo hubieran hecho. Apenas arañada la tierra descubrirán una enorme veta de oro, lo que provocará la locura de buena parte de ellos a la par que un frenético acopio de tan preciado metal. Convenientemente llena la bodega partirán al fin de tan peligroso lugar, con lo que la primera novela de la serie llega a su fin.

© José Carlos Canalda,
(587 palabras) Créditos