Valera

Planetillo hueco compuesto totalmente de dedona. Originalmente formaba parte del sistema estelar de Redención, donde fue descubierto por el Profesor Valera, motivo por el cual se le dio su nombre. Debido a sus características, fue modificado y adaptado por los redentores, transformándolo en un pequeño mundo móvil y completamente autónomo. Por su tamaño y función entra dentro de la categoría de autoplaneta.

El diámetro exterior de este planetillo es de 3.200 kilómetros, y el diámetro de la esfera interior hueca es de aproximadamente 3.000, siendo por consiguiente el espesor de sus paredes de 100 kilómetros. La mayor parte de Valera está compuesta de dedona de densidad 20.000, con algunas concentraciones de dedona 40.000 e incluso 50.000. Para fabricar las unidades de combate y alimentar los sistemas de energía, la dedona 20.000 suele concentrarse hasta el valor más adecuado de 40.000.

La zona interior hueca tiene una superficie total de 28.300.000 kilómetros cuadrados, pero dado que la gravedad en su interior esta generada por la rotación del planetillo sobre su eje, la zona habitable corresponde a una franja de 2.000 kilómetros situada en el ecuador, donde la fuerza centrífuga es mayor, lo que limita la superficie habitable a unos 18.000.000 de kilómetros cuadrados, de los cuales 2.000.000 están cubiertos de agua, con una profundidad media de 490 metros, y 15.000.000 cubiertos de bosques, que se utilizan como esparcimiento y para regenerar la atmósfera. En algunas ocasiones, la superficie boscosa ha llegado a alcanzar los 17.000.000 de kilómetros cuadrados, expandiéndose fuera de la zona de gravedad más alta. Las zonas polares de baja gravedad están recubiertas de líquenes, importados como todas las demás especies vegetales de Redención.

Durante 2 siglos, los redentores trabajaron sobre este planetillo, adaptándolo a sus necesidades militares. Una vez cerradas todas las grietas que cubrían la corteza, se sintetizaron 1.000.000 de kilómetros cúbicos de agua, y 200 millones de kilómetros cúbicos de oxígeno y nitrógeno, que forman una capa atmosférica de un espesor medio de 7.000 metros. Desde el planeta Redención, se transportaron 75 billones de metros cúbicos de tierra vegetal para cubrir la superficie interna. Con el fin de iluminar y calentar el interior, se construyó un sol artificial de 25 kilómetros de diámetro equipado con dos grandes reactores nucleares, y con toda su superficie cubierta de focos que emiten luz con las mismas propiedades que la luz natural. Este sol, se ubica en el centro de la esfera, en el punto donde se equilibran las fuerzas de atracción del planetillo. Los días se dividen en períodos de 14 horas de día y 10 de noche. Durante la noche la lámpara solar disminuye su brillo hasta casi apagarse. En caso de emergencia de cualquier tipo, este sol artificial se mantiene encendido las 24 horas del día.

La distribución así como la forma de las ciudades interiores de Valera, ha ido cambiando a lo largo de los siglos, dependiendo del numero de habitantes y de los estilos de construcción. Los grandes rascacielos de los primeros tiempos, sólo se encuentran en la actualidad en el núcleo central de la ciudad, y se dedican a funciones oficiales o de trabajo. Las viviendas se han sustituido por pequeñas casas unifamiliares dispersas por la superficie interior, así como los millones de automóviles que abarrotaban las autopistas del planetillo han sido eliminados en favor de los aerobotes, mas rápidos y prácticos.

A través de los 100 kilómetros de espesor de la corteza se perforaron 500 túneles

de 500 metros de diámetro equipados con compuertas de dedona en forma de iris, que se utilizan como esclusas para la entrada y salida de las unidades de combate. Además de esto, se perforaron otros 500 túneles de 200 metros de diámetro que conectan el interior con los 500 discos volantes, que constituyen la dotación original de Valera, y que permanecen posados en el exterior debido a su tamaño, así como 8.000.000 de túneles más pequeños para los montacargas y conexiones con las instalaciones de defensa exteriores.

2.275 observatorios, con sus correspondientes ascensores, y equipados con poderosos telescopios electrónicos, permiten una completa visualización del espacio alrededor del planetillo. Además de estos telescopios, existen 50.000 cámaras de televisión dispersas por todo el exterior y el interior de Valera.

Para mover y maniobrar esta gigantesca masa, se perforaron en la corteza 1.000 gigantescos pozos donde van alojados los impulsores del planetillo, con sus correspondientes conexiones de alimentación y control con el interior.

Un mínimo de 3.500 reactores nucleares, de distintos tipos y potencia, que funcionan con dedona, se emplean para suministrar la energía necesaria para el correcto funcionamiento de este mundo artificial.

Aprovechando las zonas de baja gravedad de los casquetes polares, las bases de la Armada se concentran en estos puntos, donde también están la mayoría de las esclusas. En estas zonas, las naves flotan libremente sin necesidad de mantener la inducción de sus cascos de dedona.

El número de unidades de la Armada con sede en Valera, así como el número de flotas, ha cambiado a lo largo de los siglos. Inicialmente, la cantidad de buques de su dotación era de 2.000.000 de naves, distribuidas en 500.000 acorazados, 700.000 cruceros y 800.000 destructores. Este número fue cambiando hasta alcanzar un máximo de 6.000.000 de naves durante las guerras con Nahum. A partir de ese momento, y debido a la mayor potencia de los sistemas de combate, los efectivos de la Armada disminuyeron progresivamente en número, no superando en la actualidad las 100.000 unidades.

Como la nave espacial que en realidad es, Valera se gobierna desde una Sala de Control, situada en la capital del planetillo, Nuevo Madrid. En esta ciudad y bajo la Plaza de España, se haya dicho centro neurálgico.

Excavada directamente en la corteza y protegida bajo gruesas capas de hormigón y dedona, la Sala de Control es la parte del planetillo que más modificaciones a sufrido a lo largo de los siglos, sobre todo en cuanto a equipamiento. No obstante, también su forma ha cambiado con los años.

Inicialmente, su planta era hexagonal de 200 metros ancho y 34.500 metros cuadrados de superficie. Tras sucesivas modificaciones, tomó su forma actual, de planta circular, 300 metros de diámetro y 70.650 metros cuadrados. El techo de la sala es un gigantesco mosaico de pantallas de televisión, que habitualmente están conectadas con los observatorios de la superficie exterior, dando una espectacular visión del espacio.

1.500 controladores y 500 técnicos especializados, en total 8.000 personas en turnos de 6 horas, se encargan del manejo de este centro neurálgico, y de los 3.000 puntos vitales que existen en el planetillo. A su vez, el Almirante mayor, o el jefe de turno, supervisan las operaciones desde una plataforma central, conocida como puente de mando, y situada en el centro geométrico de la sala. Dicho Puente es una plataforma circular de 10 metros de diámetro, situada a 2 metros de altura, y rodeada de 30 pantallas de televisión de 1 metro de largo, en su centro se encuentra el sillón de mando, desde el que se imparten las órdenes que controlan Valera.

Bajo la plataforma del puente, se encuentra el acceso a la Cámara de Derrota del autoplaneta, una sala de 50 metros de diámetro con toda su superficie recubierta de pantallas de televisión. El suelo de la cámara es de cristal, y desde su centro, la impresión que se obtiene es la de estar suspendido en el espacio. Como en el caso de la Sala de Control, las imágenes de las pantallas corresponden a los 2.275 observatorios situados en la superficie. Esta Cámara se utiliza como observatorio, y también para trazar visualmente el rumbo, aunque en la actualidad, y debido a los nuevos sistemas de navegación, se emplea en contadas ocasiones.

Al igual que la Sala de Control, los sistemas tanto impulsores como defensivos, han ido modificándose y adaptándose a las distintas tecnologías.

Los impulsores de Valera siempre han estado en la punta de la tecnología de propulsión. Normalmente, los mismos motores que equipan las naves de la Armada, se utilizan en el planetillo, aunque, evidentemente a una escala inmensamente mayor.

En sus inicios, los impulsores de Valera fueron iónicos-atómicos, adoptando distintas mejoras a lo largo de los años. Con la llegada de la luz sólida, se produjo el mayor cambio en el sistema de impulsión, sustituyéndose los sistemas iónicos-atómicos por proyectores de la nueva tecnología. Más adelante, se adoptaron las ondas gravitacionales, aunque manteniendo los impulsores de luz sólida.

El uso de los impulsores gravitacionales, además de facilitar la maniobrabilidad del autoplaneta, permitió que Valera superase por primera vez la velocidad de la luz, y la navegación a través del subespacio y el hiperespacio.

En lo tocante al armamento, las defensas exteriores de Valera han sufrido igual numero de modificaciones. Compuestas al principio de lanzadores de torpedos autómatas, rayos Z y cañones atómicos, se ampliaron posteriormente incluyendo millones de baterías antiaéreas de luz sólida así como generadores de ondas gravitacionales. (Ver Notas sobre la Potencia defensiva de Valera.)

Para mas información ver Planetas.

Valera ha sido siempre un bastión inexpugnable frente a cualquier tipo de ataque. Estas notas proporcionan un calculo aproximado de la potencia de fuego de sus sistemas defensivos, en distintas etapas de su historia.

Sin embargo, se debe hacer notar que debido a las restricciones sobre este tipo de información confidencial aplicadas por el Estado mayor de la Armada de Valera, no existen cifras exactas sobre los sistemas defensivos del autoplaneta. Todos los datos en negrita se deben considerar a efectos meramente orientativos.

La mayor potencia de fuego, en términos de baterías lanzatorpedos, se alcanzó durante las guerras con Nahum. En esta época, las defensas exteriores del planetillo, dobladas en número tras su rescate de manos nahumitas, ascendían a aproximadamente 32.000.000 de plataformas lanzadoras, cada una de las cuales se componía de 4 tubos, dando un total de 128.000.000 de tubos lanzatorpedos.

Dadas las características de guía automática de los torpedos, en un combate se ponían en acción todas las lanzaderas, incluso las situadas en la cara opuesta al ataque. Los aproximadamente 5.000 kilómetros suplementarios que recorren los torpedos de la cara opuesta, apenas se aprecian cuando las distancias de lanzamiento efectivas de torpedos son superiores a 500.000 kilómetros.

Este numero de lanzadores ponía al planetillo en situación de enfrentarse a flotas de al menos 11.000.000 de unidades sin ayuda externa. En una de las mayores batallas de la época, Valera se enfrento a más de 12.000.000 de buques nahumitas, aunque en esta ocasión, 1.000.000 de cruceros valeranos sirvió de apoyo a sus defensas de superficie. El combate quedó en tablas.

Además de este armamento principal, 64.000.000 de proyectores de rayos Z y cañones antiaéreos estaban dispersos por toda la superficie, montados en casamatas y blocaos de dedona.

Con el advenimiento de la tecnología de la luz sólida, las baterías lanzatorpedos perdieron buena parte de su importancia, reduciéndose su numero a la décima parte, 3.200.000 lanzaderas, o 12.800.000 tubos, y utilizándose tanto para lanzar torpedos paquete de cazas como torpedos miniatura. También los proyectores de rayos Z y cañones se redujeron a 3.200.000 unidades, equipándose cada posición con un cañón doble de 30 mm, 10 proyectores de luz sólida de medio calibre (20 centímetros) y 10 proyectores de rayos Z. Esta configuración se mantendría durante toda la historia posterior a la invasión sadrita.

Una vez adaptadas las defensas de Valera a la nueva tecnología, la mayor potencia de fuego en baterías de luz sólida, se logro en la segunda guerra sadrita. El montaje básico de defensa antiaérea se compone de nueve proyectores de gran calibre (50 cm), dispuestos en forma de estrella de tres puntas, con los sistemas de energía y guía en el centro. El sistema de rastreo de blancos, permite el seguimiento de 50 objetivos individuales por segundo y proyector, lo que hace un total de 450 blancos por segundo. Se instalaron 50 de estas unidades por kilómetro cuadrado en toda la superficie exterior del planetillo. Puesto que la superficie de Valera es de alrededor de 32.000.000 de kilómetros cuadrados, esto nos da una potencia de fuego de 28.800.000.000 de proyectores. Tan elevado número es necesario, ya que a diferencia de los torpedos, nunca pueden ponerse en acción todas las baterías simultáneamente. Ya que la luz sólida se propaga en línea recta y el montaje típico de este tipo de baterías, únicamente permite un arco máximo de 60 grados a cada lado de la vertical del proyector individual. Solo un 40 por ciento de los proyectores puede utilizarse para defender un hemisferio bajo ataque por el enemigo. A pesar de tan increíble concentración de fuego, las defensas de superficie no hubiesen podido parar el asalto de la flota sadrita, compuesta de 25.000.000.000 de omegas, sin la ayuda de los 12.500.000.000 de cazas valeranos.

Este combate se saldó con la completa destrucción de ambas flotas, así como de numerosos proyectores en la superficie de Valera.

Mas tarde, se sumaron a estas defensas las antenas proyectoras de ondas gravitacionales, al menos una por cada 10 kilómetros cuadrados, lo que hace un total de 3.200.000 antenas de ondas G-aG.

En los tiempos de la guerra con Argos, las defensas exteriores de Valera fueron capaces de resistir el ataque de 1.500.000 cruceros thorbod, equivalentes a un Stelar, sin ninguna ayuda de su flota.

Para más información, ver sección Planetas