Torpedo antimateria

El torpedo antimateria constituye el arma más devastadora utilizada jamás en combates siderales.

Empleados por vez primera durante la guerra con Ankor, estos torpedos no pueden llevarse a bordo de las naves de combate, ya que detonan por contacto físico con la materia. Debido a esto se materializan en una karendón mutante instantes antes de ser lanzados. Esto llevó al diseño de naves especializadas en su lanzamiento, los Torpederos, aunque estas naves fueron prontamente sustituidas por la nueva serie de cruceros Stelar modificados.

Construidos como un bloque macizo de antimateria de 30 metros de longitud y 10 de diámetro, todo el torpedo constituye un arma, aunque los 20 primeros metros se consideran como la cabeza de guerra. Este grosor le permite soportar disparos continuos de luz sólida durante largo tiempo sin sufrir daños y, además, la ausencia de carga explosiva impide su detonación. En los 10 metros posteriores se encuentran el reactor nuclear, los sistemas de control y guía y los impulsores de ondas gravitacionales. Este tipo de motor proporciona al torpedo un alcance virtualmente ilimitado.

Debido a su naturaleza, estas armas resultan en extremo vulnerables frente a cualquier contacto no deseado con la materia. En un combate con millones de cazas o torpedos es casi imposible garantizar su supervivencia durante el tiempo necesario para que alcance su objetivo. Un torpedo o caza enemigo podría chocar contra él destruyéndolo o al menos reduciendo en gran medida su capacidad de destrucción.

Para disminuir esta posibilidad, la Armada Valerana desarrolló la Maniobra Túnel, que consiste en un grupo de un millar de Deltas que rodean al torpedo protegiéndolo contra impactos de cazas o torpedos enemigos, a la vez que le abren camino a través de sus líneas.

A pesar del empleo de este tipo de tácticas, normalmente los torpedos antimateria se utilizan para dar el golpe de gracia a las naves enemigas, una vez que sus defensas han sido eliminadas.

La capacidad de destrucción de estos torpedos es enorme. Una sola unidad puede partir por la mitad a un crucero Stelar o causar daños muy graves a un T-1000 o cualquier otro tipo de esferonave. Incluso en el caso de ser destruido y convertido en fragmentos, cada uno de ellos se convierte en un arma, pudiendo ocasionar graves daños en caso de colisión.

El gigantesco gasto energético que conlleva la materialización de estas armas, reduce el ritmo de disparo de un Stelar a ocho torpedos por minuto, pero su capacidad de destrucción compensa sobradamente su limitado numero.

Pero ¿qué es la antimateria? Aunque conocida desde hace milenios por nuestra física, hasta época reciente no ha sido posible producirla con facilidad y en grandes cantidades, permitiendo su estudio y experimentación.

En pocas palabras y términos sencillos, la antimateria es como la imagen en un espejo de la Materia. Todas las propiedades físicas de un elemento de antimateria son exactamente iguales pero invertidas a las de un elemento de Materia. Cuando se unen, se aniquilan completamente, produciendo grandes cantidades de energía. La tasa de conversión materia-energía es, en teoría, de varios cientos de veces superior a la de una reacción de fusión.

Sin embargo, en la fase de diseño de los torpedos antimateria, la primera vez en que se utilizó este material en grandes cantidades, los físicos e investigadores valeranos se tropezaron con un problema inesperado: La cantidad de energía liberada, y por lo tanto el efecto destructivo de la antimateria, no correspondía a los cálculos teóricos, sino que era mucho más reducida de lo esperado.

Durante mucho tiempo, se había creído que la antimateria en contacto con la Materia, produciría una liberación de energía varias órdenes de magnitud superior a cualquier otra fuente conocida. Pero la realidad es muy distinta. La reacción Materia-antimateria desde el punto de vista de masas atómicas o partículas fundamentales conlleva, en efecto, una desintegración prácticamente total. Pero a partir de un nivel de masa determinado, e increíblemente reducido, la reacción energética disminuye siguiendo una compleja regla proporcional a la masa de antimateria implicada en dicha reacción.

Para explicar éste extraño fenómeno, se teorizó que la antimateria construida artificialmente no era antimateria en el sentido más prístino de la palabra, sino una variante muy inestable y de escaso poder de reacción con la Materia.

No obstante, esta teoría sufrió un duro revés tras la incursión de Valera en el Universo antimateria, donde se demostró que la antimateria natural opera exactamente igual que la artificial.

La dramática comprobación de este hecho tuvo lugar cuando el Córdoba, uno de los cruceros de una escuadrilla de exploración, entró en contacto con un gran fragmento de antihielo procedente de una nave alienígena destruida. La detonación de varias toneladas de Materia-antimateria debería haber desintegrado no sólo al buque, sino también al resto de la escuadrilla y al menos todo lo que se encontraba en varios cientos de miles de kilómetros a su alrededor. Sin embargo, la explosión únicamente abrió un gran orificio en el casco, causando graves daños y matando a la tripulación.

Poco antes se produjo otro accidente de tipo similar, cuando uno de los tripulantes del Córdoba tocó un fragmento de antihielo. La explosión fue cegadora, pero no tan grande como para justificar la desintegración total de al menos 200 kilos de Materia-antimateria.

Tras estos asombrosos resultados, las nuevas teorías sobre aniquilación Materia-antimateria, parecen tomar un rumbo completamente inesperado.

En efecto, una vez que la masa de Materia-antimateria supera un valor crítico, la mayor parte de la masa restante no se convierte en energía de la forma habitual, sino que crea una zona de deformación, o distorsión puntual, a donde se deriva todo el excedente energético. Aún se produce otro efecto singular. Esta deformación provoca un fenómeno de alteración en la propia estructura del espacio, que permite que la Materia y la antimateria se aniquilen completamente hasta la última partícula sin producir vastas liberaciones de energía. Una prueba dramáticamente palpable de este efecto se obtuvo tras la destrucción del Córdoba. Los cadáveres de varios tripulantes aparecieron desnudos, ya que las armaduras habían sido desintegradas por partículas antimateria desprendidas de la explosión principal. Esta desintegración, que podría llamarse más adecuadamente disolución, no produce apenas ningún tipo de liberación de energía.

Dejando aparte las increíbles posibilidades de investigación que estos datos nos ofrecen, en la práctica, estas características influyen grandemente en el tamaño de cualquier arma de antimateria diseñada o por diseñar. Es necesario que los torpedos antimateria sean miles de veces mayores de lo que sería necesario si tuviera lugar una liberación de energía de la magnitud esperada.

Otra importante característica de la antimateria, es que su producción mediante máquinas karendón no es tan costosa como sucede con la Materia. No se sabe a ciencia cierta de dónde procede la mayor parte de la energía que se consume en su integración, pero no es suministrada por los reactores nucleares que alimentan a las Karendón.

El por qué de esta característica no ha sido hasta el momento explicado, aunque existe la teoría de que el aporte de energía proviene en realidad de la estructura misma del Universo antimateria, a través de lo que se ha dado en llamar un canal de transferencia virtual M-AM.

Cualquiera que sea la explicación, gracias a ella es posible armar los cruceros con torpedos antimateria sin exceder la capacidad energética de los reactores del buque, que de otra forma serían incapaces de soportar esa carga.

El estudio de la antimateria, y sobre todo, de su capacidad de integrarse sin un elevado consumo energético, continúa en la actualidad, y es, sin lugar a dudas, una de las líneas de investigación que más sorpresas puede depararnos en el futuro.

Profesor José Ferrer

© Carlos Alberto Gómez Villafuerte, (1.279 palabras) , 2000 Créditos