Karendón

Sistema conversor de energía en materia y viceversa diseñado por los barpturanos, aunque con posterioridad los sadritas y los thorbod desarrollaron su propio sistema, muy similar, pero con pequeñas diferencias, al barpturano.

La karendón constituye el último paso en cuanto a maquinaria de transmutación atómica, y nace de un profundo conocimiento de la estructura de la materia y la energía: puesto que ambos términos son intercambiables, es posible realizar la conversión entre ellos con relativa facilidad.

La máquina en sí se divide en varias partes, a saber: la cámara de restitución, el lector-grabador de vetatom, la computadora asociada y el sistema de alimentación de energía.

La cámara de restitución es, sin lugar a dudas, la parte más importante de la Karendón, y se puede decir que constituye el corazón del sistema. En ella se produce el análisis, desintegración y restitución de cualquier material que se coloque en su interior. Su forma es la de un cajón de gruesas paredes cuyo interior está forrado de cristal. En este cristal están insertos millones de finísimos hilos de platino que forman una rejilla, y permiten obtener un complejo conjunto de coordenadas. El cristal no sirve únicamente de soporte para estos hilos, sino que su particular estructura atómica permite que, en el interior de la cámara, se genere una zona de espacio donde se reproducen, durante los instantes de la activación, condiciones similares a las existentes en el momento inmediatamente posterior al Big Bang. Esto permite realizar la conversión tanto de energía en materia, como de materia en energía.

En modo desintegración, la cámara de restitución realiza un complejo proceso de análisis de la materia, empleando para ello las coordenadas definidas por los filamentos de platino, que dan la posición exacta de cada átomo que contiene la materia a desintegrar. Una vez hecho esto, la cámara analiza la estructura de cada átomo individual antes de desintegrarlo, con el fin de identificar tanto su posición como su composición. A continuación, estos datos se transmiten a la computadora asociada. La desintegración del objeto se lleva a cabo de fuera a adentro, y se realiza en una fracción de segundo.

En modo restitución, la cámara funciona de modo inverso. Lee la composición y posición de cada átomo desde la computadora, que a su vez los extrae del vetatom, y realiza su materialización a partir de la energía suministrada. En este caso, la restitución se realiza desde el interior al exterior del objeto, y tan rápidamente como en el caso de la desintegración.

Las capacidades de las cámaras de restitución son muy variables. Habitualmente se utilizan cámaras con capacidades para una y para 25 personas. Existen cámaras más grandes, de cientos de metros de longitud, pero éstas son utilizadas en la industria o las naves de guerra. La única exigencia para materializar cualquier objeto, es que quepa en la cámara de restitución.

Teóricamente, no existen límites para el tamaño de una Karendón, aunque en la práctica existen problemas tanto en la construcción de la cámara de restitución, más compleja según aumenta el tamaño, como en el suministro de energía, ya que el consumo aumenta exponencialmente con el tamaño de la cámara.

La activación de la Karendón, tanto para desintegrar como para restituir, produce la emisión de un destello luminoso con un característico color azul. Esto no es más que una reacción de la zona de espacio Big Bang ante el espacio normal, y no tiene ningún otro efecto ni aplicación.

El lector-grabador de vetatom es, como su nombre indica, un sistema de almacenamiento de datos similar a una cinta magnética o disco, con la salvedad de que el soporte sobre el que se graba la información es, habitualmente, una cinta de oro. El proceso de lectura no es destructivo, de modo que la misma cinta puede pasarse cuantas veces se desee, obteniendo cada vez una copia idéntica del objeto restituido.

La computadora asociada se encarga de procesar, comprimir y expandir, los datos de posición y composición atómica suministrados por la cámara o el vetatom, dependiendo de si se realiza una desintegración o una restitución, y de realizar la comprobación y codificación de dichos datos. Además es la encargada de realizar el disparo de la Karendón cuando el nivel de energía es el adecuado y permite diversas opciones, tales como disparo temporizado o control de acceso mediante clave.

El sistema de alimentación de energía suele ser un reactor nuclear. Ningún otro sistema de generación energética puede suministrar los niveles de potencia necesarios para el funcionamiento de la máquina. El consumo de energía de la Karendón no es fijo, sino que sigue una compleja formula que depende del volumen del objeto, de su masa e incluso de su densidad. La integración de objetos construidos con materiales muy densos dispara, casi exponencialmente, el consumo de la máquina. Por el contrario, dicho consumo es reducido en el caso de objetos pequeños o personas.

Las particulares características de la cámara de restitución permiten que parte de la energía consumida, sobre todo al restituir objetos poco densos, sea suministrada por la propia estructura del espacio, generando para ello pequeños canales de absorción de energía del punto cero, lo que disminuye los requerimientos energéticos del sistema.

De igual forma, la energía correspondiente a la materia desintegrada en el interior de la cámara puede almacenarse en su estructura cristalina, para un uso posterior, o bien enviarse al sistema de energía, con lo que, hasta cierto punto, la cámara de restitución puede llegar a funcionar como un generador.

No obstante, incluso estas avanzadas máquinas tienen algunos inconvenientes, sobre todo en su uso militar. No es posible, por ejemplo, desintegrar objetos miniaturizados en las Karendón. Esto parece ser debido a la disminución efectiva que se produce entre los espacios interatómicos de la materia sometida al proceso de compresión, que impiden la fijación de coordenadas con exactitud.

Por otra parte, tampoco es posible someter a las Karendón a procesos de miniaturización, ya que la variación producida en la materia cuando ésta recupera sus dimensiones, aunque se produzca en un nivel atómico y, en la práctica inapreciable, altera los ejes de restitución sobre los que trabaja la máquina, causando elevados índices de error en la lectura de las coordenadas suministradas por la rejilla de platino.

La producción de máquinas Karendón es un trabajo complejo y delicado, y la primera en fabricarse siempre es un trabajo casi de artesanía. Una vez que se obtiene esta máquina inicial, y si existe otra mayor donde desintegrarla, se pueden obtener todas las copias que se deseen.

Pero las Karendón no se aplican únicamente para fabricar todo tipo de aparatos. También pueden utilizarse sobre seres vivos, con la salvedad de que, aunque es posible leer el mismo vetatom varias veces, únicamente la primera lectura produce un ser vivo. Las siguientes restituciones son de cuerpos idénticos al primero pero carentes de vida.

Se ha demostrado empíricamente, que dicho efecto se produce debido a la presencia de un alma inmaterial que está asignada a todo ser vivo, así como la existencia de la reencarnación, ya que dicha alma, liberada por la muerte, es capaz de reencarnarse en otro individuo.

La desintegración de la materia con la Karendón también libera el alma, aunque no rompe totalmente su vínculo con el cuerpo mientras éste se encuentre desintegrado. Cuando el cuerpo se restituye, el alma acude a él, pero el cuerpo no retiene ningún tipo de memoria sobre lo sucedido en el tiempo que estuvo desintegrado. Es evidente que, puesto que el alma ya reside en el cuerpo recién restituido, si vuelve a restituirse el mismo cuerpo no estará disponible para acudir a él, por lo que esta segunda copia aparecerá muerta.

También se ha demostrado que no existe limite para la distancia desde donde acude el alma al cuerpo. Se conocen casos de restituciones sucesivas de una persona en puntos separados por varios miles de años luz. Naturalmente, ya que el alma no guarda ningún recuerdo, cada ser restituido sólo conserva los recuerdos que tenía cuando se obtuvo el vetatom correspondiente. Esto también ha sido demostrado en los recientes viajes a través del subespacio y el hiperespacio, donde el uso de las Karendón se convierte en una necesidad.

La Karendón, unida a una máquina psi, permite realizar lo que se ha dado en llamar transmigraciones. Esta consiste en realizar una lectura mental del sujeto a una edad determinada, desintegrarlo, volverlo a restituir con un vetatom obtenido a una edad más joven y restaurar los recuerdos del viejo cuerpo mediante la lectura mental obtenida previamente.

Esto supone la posibilidad real de mantenerse joven a lo largo del tiempo, aunque no permite la inmortalidad total. Parece existir un límite para el tiempo que un alma puede residir en un cuerpo vivo. Se supone que este límite ronda los 800 años, pero no existen datos exactos, ya que varía de persona a persona.

Estas restricciones del alma tienen un efecto sorprendente cuando se realizan viajes temporales al pasado. Cualquier ser vivo desintegrado en el pasado y cuyo vetatom sea trasladado a su futuro corre el riesgo de no ser restituido vivo. Parece ser que la desintegración de un cuerpo en el pasado no libera el alma de la misma forma que cuando se realiza en su tiempo correspondiente, por lo que queda en un estado capaz de ser utilizada por otro ser vivo y seguir su ciclo de reencarnaciones. Sin embargo, si se restituye al viajero del pasado en un momento en que su alma se encuentre libre en el futuro, aparece con vida y puede proseguir su existencia normal.

No existe este tipo de restricciones cuando alguien del futuro es restituido en el pasado, aunque en pura lógica, debería existir un problema de almas compartidas, puesto que es muy probable que el alma procedente del futuro se encuentre en ese momento animando a otro ser vivo. Pero se ha comprobado en la práctica que dicho efecto no se produce.

Existen algunas teorías que aluden al nivel de entropía del universo, combinado con un cierto nivel energético del alma, por llamarlo de alguna manera, y del cuerpo físico, además del efecto añadido del cruce de la barrera temporal y la propia Karendón, lo que permitiría que un alma del futuro pudiese animar dos cuerpos separados por distancias temporales, pero éste no es el lugar adecuado para extenderse sobre este tipo de especulaciones.

Como conclusión, el empleo de la Karendón supone un enorme salto cualitativo para cualquier especie. Con un adecuado suministro de energía, la producción de todo tipo de bienes es tan sencilla como introducir el vetatom adecuado y pulsar un botón.

Más importante aún, son los efectos metafísicos, filosóficos y sociológicos derivados de su empleo sobre los seres vivos, que han provocado, en las culturas que utilizan éste tipo de máquinas, una de las mayores conmociones sociales y culturales de las que se tiene noticia.