Izrailita

Réplica obtenida mediante la karendón de la Izrail original.

En un intento de liberar a los valeranos del riesgo de entrar en combate, el Estado Mayor de Valera, bajo el mando de Juan McLane, ordenó sacar millones de copias de Izrail, con el fin de situarlas en los puestos de mayor peligro.

Sin embargo, el instinto de conservación de estos robots, hizo que con frecuencia desertaran del frente, e incluso se rebelaran contra los oficiales y tripulantes humanos que intentaban detenerlas.

Aunque como soldados fueron un fracaso, las izrailitas dieron buenos resultados como fuerzas de Policía. El mismo instinto de conservación que las hacía desertar de sus puestos de combate, les servía para defenderse de las agresiones en sus puestos de vigilancia y contención de disturbios. Debido a su falta de emociones eran enormemente despiadadas y su gran fuerza física las convertía en temibles adversarios en la lucha cuerpo a cuerpo. Centenares de muertos y heridos jalonaban una y otra vez los escenarios de intervención de las Izrailitas. En Valera, y bajo el mando de McLane se utilizaron durante breve tiempo, pero fue en la Tierra donde tuvieron una amplia utilización por parte del Gobierno como fuerzas de seguridad, aunque siempre bajo el mando de oficiales humanos.

Las izrailitas estaban equipadas para su función de Policía Antidisturbios con armadura de diamantina, sin embargo, las peculiares características de estos robots hicieron necesarias algunas modificaciones.

Puesto que se alimentan con energía solar, sus armaduras fueron equipadas con placas de células fotoeléctricas en la parte superior y posterior de la escafandra, brazos, pecho y espalda. Esto permitía operar al robot aun con la cabellera fotoeléctrica cubierta por la escafandra de diamantina.

Los valeranos nunca volvieron a confiar en este bello monstruo, como se le llegó a llamar. En la Tierra su uso persistió al menos hasta poco antes de la última guerra con los thorbod

© Carlos Alberto Gómez Villafuerte,
(312 palabras) , 2000 Créditos