Izrail

El Ángel de la Muerte. Robot con forma humana, más específicamente con forma de mujer, construido por los Barpturanos como guardián de la karendón

Cuando los valeranos arribaron al Circumplaneta y encontraron a Izrail, ésta había permanecido enterrada en un subterráneo durante al menos 22.000 años. Tras ser expuesta nuevamente a la luz, se activó en un corto periodo de tiempo.

Para construir a Izrail, los Barpturanos siguieron un patrón de belleza ideal, en la práctica imposible de encontrar entre los seres humanos. Sus ojos rojos, y la larga cabellera transparente, son la parte más llamativa de esta máquina sorprendente.

Intentando aproximarse lo más posible a las características de un ser humano, los ingenieros Barpturanos construyeron su robot sobre un esqueleto artificial copiado, aunque mejorado, del humano. En el interior no existe ningún tipo de circuito reconocible, ni motores, ni piezas mecánicas. El movimiento se consigue mediante músculos muy similares a los humanos, aunque fabricados con aleaciones especiales y en su mayor parte desconocidas para la técnica valerana. Estos músculos se contraen mediante estímulos químico-eléctricos, de forma muy similar a los músculos humanos, y dan al robot una facilidad y agilidad de movimientos que rivaliza y aún supera a la de cualquier ser vivo, así como una fuerza física muy superior a la de cualquier persona.

La piel de Izrail es también un prodigio extraordinario. Su color y tacto no pueden distinguirse de la piel humana.

Pero lo más destacado de este robot es sin duda su cerebro, situado dentro del cráneo como en los seres humanos, y compuesto de una red extremadamente compleja de cristales que se organizan de forma muy similar a las neuronas humanas. Aunque los ordenadores valeranos igualan en potencia al cerebro de Izrail, son necesariamente más grandes. La tecnología de construcción de la red cristalina, está más allá de todo lo conocido, y es completamente irreproducible, al menos por parte de los valeranos.

Finalmente, la avanzada programación de Izrail, permite que tenga un cierto nivel de consciencia de sí misma, así como un desarrollado instinto de conservación, miedo, y agresividad, cualidades necesarias para su función original de guardián de la karendón.

Para funcionar, Izrail no consume ningún tipo de alimento, su fuente de energía es la luz. La larga y llamativa cabellera, no es más que una serie de millones de cristales de selenio que funcionan como células fotoeléctricas, suministrando las ínfimas cantidades de energía que el robot necesita para operar.

Aunque imposible de fabricar por la técnica valerana, sí es posible obtener múltiples copias mediante una karendón. Esto se ha llevado a cabo por lo menos en dos ocasiones. A estas copias se les dio el nombre de izrailitas

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© Carlos Alberto Gómez Villafuerte,
(453 palabras) , 2000 Créditos