Introducción

A pesar de la considerable extensión que alcanza la Saga de los Aznar, tanto en su edición original como en su continuación, Pascual Enguídanos no fue excesivamente dado a la invención de humanidades alienígenas, tanto amigas como enemigas (más bien esto último) de los protagonistas; normalmente este autor se limitaba a rescatar una y otra vez a los rivales ancestrales de la humanidad, resucitándolos incluso de unas derrotas anteriores que se suponían definitivas con un tesón que acababa por ser un tanto aburrido. Incluso en la continuación de la Saga, donde Enguídanos ideó a varias especies francamente interesantes, vuelven a aparecer viejos conocidos de los lectores como los thorbods o los sadritas, lo que indica que al menos en este punto Enguídanos era un tanto conservador.

El presente estudio está estructurado de una manera un tanto artificial (o, si se prefiere, subjetiva) ante la imposibilidad de seguir un criterio lo suficientemente homogéneo. En principio están separadas las dos partes de la Saga (la original y la continuación) y, dentro de cada una de ellas, las distintas razas se encuentran ordenadas no necesariamente por orden cronológico de aparición, sino siguiendo un criterio (estrictamente personal mío, todo hay que decirlo) que responde más o menos a la importancia que éstas tienen en el conjunto de la trama.