Urano

Para Pascual Enguídanos la formación del Sistema Solar sigue un sistema bastante sencillo: Todos los planetas se habrían iniciado como bolas de fuego que, poco a poco, se fueron enfriando desarrollándose en ellos la vida, dependiendo el ritmo de esta evolución fundamentalmente del tamaño de los astros.

Así los planetas pequeños serían pétreos por haberse enfriado hace ya tiempo, mientras los planetas gigantes —Júpiter y Saturno fundamentalmente— estarían todavía en estado incandescente, lo que explicaría la habitabilidad de Ganímedes. Urano y Neptuno, de un tamaño intermedio, se encontrarían asimismo en un estado intermedio, contando con una corteza sólida de poco espesor cubriendo el núcleo fundido del interior del planeta. Por supuesto tales teorías, aunque ingeniosas, habrían sido descartadas por cualquier astrónomo de la época; pero lo erróneo de los postulados no impide que Enguídanos nos regale con uno de los mejores episodios de La Saga de los Aznar, la lucha entre terrestres y sadritas

En lo que respecta a sus cinco satélites conocidos entonces (ahora son un total de veintisiete), en el citado episodio de los sadritas vienen todos descritos de una manera no muy distinta de como son en realidad: Unas bolas de polvo y hielo completamente estériles. Aunque el único de ellos que tiene una participación activa en la Saga es Oberón, en el que transcurren sendos episodios en las novelas ¡luz sólida! y HOMBRES DE TITANIO, también nos encontramos con varias alusiones a Miranda, el quinto satélite de Urano, descubierto apenas diez años antes; Enguídanos procuraba informarse sobre sus escenarios, hecho éste nada habitual entre los escritores de estas novelas.

Sin embargo hay una notable (y negativa) excepción: La descripción de Titania, otro de los satélites de Urano que aparece en la novela ¡PIEDAD PARA LA TIERRA! una de las más mediocres de todas las firmadas por este autor. En ella nos encontramos con un extraño mundo polar, habitable e, incongruentemente, habitado por unos extraños gigantes que deciden acoger a la población terrestre, víctima de una guerra nuclear que ha contaminado radiactivamente la atmósfera de nuestro planeta.

© José Carlos Canalda,
(341 palabras) , 1998 Créditos