Tarjas–Kan

Emperador del Imperio Asiático a la llegada del Rayo a la Tierra, cargo al que había llegado tras eliminar a la totalidad de sus rivales imponiendo un régimen de terror para someter a sus súbditos. Una vez asentado en el poder inició una agresiva actividad bélica cuyo objetivo declarado era poner a todo el Sistema Solar bajo la férula asiática.

Durante las primeras décadas de su reinado se concentró en organizar un ejército invencible, y una vez lo hubo conseguido comenzó a provocar a los Estados Unidos con la conquista de Groenlandia primero, y el derribo esporádico de sus aparatos después. Finalmente, cuando había pasado tan sólo un día desde la llegada a la Tierra del Rayo, ordenó la invasión de los Estados Unidos.

Seis días más tarde, y a pesar de haber sufrido una derrota estrepitosa en los cielos de Ontario, el avance asiático por territorio estadounidense era imparable y su victoria se anunciaba próxima. Por el contrario, en Europa se vieron obligados a replegarse ante la vigorosa ofensiva de la Federación Ibérica, que había traspasado la frontera pirenaica y avanzaba imparable hacia Asia tras rechazar una falaz oferta de paz a cambio de la neutralidad.

Aquella misma noche, el Rayo, al mando de Miguel Ángel Aznar de Soto y al frente de una flota de 50.000 aviones hispanos, invadió el territorio asiático atacando Jakust, la capital, donde el emperador tenía su inexpugnable residencia a varios kilómetros de profundidad. Advertido de la incursión por el gobierno de la Unión Africana, Tarjas-Kan puso a sus tropas en estado de alerta, pero no pudo impedir que varios de los torpedos terrestres inventados por el profesor Louis Frederick Stefansson abrieran una brecha en la coraza protectora del refugio, por donde el efecto combinado de las bombas hispanas y las aguas desbocadas del lago Jege, junto a cuyas riberas se asentaba, provocaron la destrucción de la ciudad y la muerte del tirano. Pocas semanas después, el Imperio Asiático, roto en multitud de facciones, todas las cuales luchaban entre sí por conquistar el poder, y atacado por dos frentes por norteamericanos e ibéricos, se rendía incondicionalmente (POLICÍA SIDERAL o, en la segunda edición, LA HORDA AMARILLA).

© José Carlos Canalda, Carles Quintana i Fernàndez,
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