Jaime Aznar

Comandante del autoplaneta Valera y jefe supremo del Ejército Expedicionario Redentor a la vuelta de este autoplaneta a Redención, tras la guerra contra thorbods y nahumitas en la Tierra. Hijo del mítico Fidel Aznar Contreras, todavía no ostentaba oficialmente el título de superalmirante debido a que su padre vivía, aunque se encontraba hibernado a la espera de poder morir y ser enterrado en Redención. Este personaje sólo aparece en la segunda edición de la Saga­ durante el ciclo de la segunda guerra redentora, concretamente en las novelas REDENCIÓN NO CONTESTA y DIVISIÓN X, en esta última con el cargo de almirante jefe del Cuerpo Expedicionario valerano en sustitución del original Horacio Aznar.

Un personaje de este mismo nombre, tatarabuelo de Miguel Ángel Aznar Aznar, figura como superalmirante valerano a la llegada del autoplaneta a Nahum. Pese a las innegables coincidencias entre ambos personajes y la más que probable voluntad del autor de considerarlos el mismo, por razones puramente cronológicas (Enguídanos le atribuye una edad de 156 años al inicio de INVASIÓN NAHUMITA) resulta imposible asumir que se trate de la misma persona, teniendo en cuenta que entre ambos mediarían la repoblación de Redención posterior a la aniquilación de los hombres de silicio, el largo viaje de Redención a Nahum y, probablemente, la repoblación de la Tierra con anterioridad a la llegada a Nahum, por lo que cabe suponer que se trate de un error de cálculo del normalmente meticuloso escritor.

Este segundo Jaime Aznar fue quien, imprudentemente, ordenó un acercamiento de Valera al sistema planetario de Nahum sin adoptar las necesarias precauciones, lo que acarreó la conquista del autoplaneta por los belicosos nahumitas. Valera fue atacado sorpresivamente con el Rayo Azul, quedando completamente inerme al verse privado del suministro de energía eléctrica. Incapaz de defenderlo, Jaime Aznar se vio obligado a rendirlo a los invasores, entregándose a los mismos y suicidándose para evitar ser interrogado (INVASIÓN NAHUMITA).

© José Carlos Canalda,
(318 palabras) Créditos