Eduardo Acero

Hijo de Eduardo Acero y Silvia Marlow, dos de los tripulantes del cohete construido por el profesor Marlow, su abuelo. Nacido en la nave durante el largo viaje con el que pretendían evitar los efectos de una previsible guerra atómica, tenía once años de edad cuando falleció su madre, la última superviviente de la tripulación inicial. Abandonados a sus propios medios él y Viola Housman, se dedicó febrilmente al estudio, aprovechando la completa biblioteca de a bordo, con objeto de alcanzar una formación autodidacta que le permitiera poder afrontar con éxito el arriesgado aterrizaje en nuestro planeta, lo que acaeció cuando contaba con diecinueve años.

Tras llegar a la Tierra sanos y salvos descubrieron que, a causa de una guerra nuclear, había desaparecido por completo todo atisbo de vida a excepción de unas extrañas plantas radiactivas que, además de ser incompatibles con el metabolismo humano, resultaban peligrosas dado que algunas de ellas habían evolucionado en forma de extraños hombres vegetales, los cuales comenzaron a acosarlos desde el principio. Amenazados con una muerte lenta por inanición una vez que se les acabaran las provisiones de que disponían, emprendieron una desesperada búsqueda de lugares libres de esa plaga, primero en la costa sudamericana (habían aterrizado en la antigua Venezuela) y luego, gracias a un barco construido con los restos del cohete, en África primero y en Norteamérica después, al descubrir la noticia de que en una universidad de Atlanta se había construido, a mediados del siglo XX, una cripta en cuyo interior se había depositado una muestra de la civilización de esa época.

Acosados por los hombres planta, que hirieron a Viola inoculándole una radiactividad que puso en peligro su vida, Eduardo y su compañera consiguieron descubrir la cripta y penetrar en su interior, donde encontraron las preciadas semillas que habrían garantizado su subsistencia de no mediar la grave enfermedad de la muchacha. Por fortuna fueron descubiertos por un destacamento de redentores llegados a la Tierra, los cuales salvaron a la muchacha y acogieron a ambos en su comunidad (ROBINSONES CÓSMICOS).

© José Carlos Canalda,
(339 palabras) Créditos