LA RAZA MALDITA ¡THORBOD!
¡THORBOD! LA RAZA MALDITA

De entre todos los seres extraterrestres imaginados por Pascual Enguídanos a lo largo de toda su obra, sin duda siempre fueron los thorbods u hombres grises sus favoritos, al menos si juzgamos por el número de ocasiones en las que a lo largo de La Saga de los Aznar el autor enfrentó a humanos y thorbods. Desaparecidos en la última etapa de la primitiva Saga para ser sustituidos por los sadritas como enemigos seculares de la humanidad, son rescatados de nuevo por Enguídanos para dar un giro espectacular al desarrollo de la continuación de la Saga. Sin embargo, y a pesar de lo explícito del título, en esta novela los thorbods desempeñan tan sólo un papel muy marginal, siendo necesario esperar a los próximos números para encontrarnos con el apogeo de la lucha entre ambas razas.

Esta novela, número 52 e ilustrada con la portada original de LA BARRERA DE LAS SOMBRAS, de A. S. Jacob y número 156 de la primera edición, comienza unos cincuenta años después de transcurrida la anterior, cuando importantes transformaciones han sacudido la superficie del Circumplaneta. El pueblo tapo, aglutinado por Miguel Ángel Aznar, forma hoy la próspera república de Maquetania, presidida por este legendario caudillo. Renacimiento, el otro estado creado por los humanos, corre una suerte muy distinta: sometido a la férrea dictadura de Juan Maclane arrastra, desde hace cincuenta años, los grilletes de su régimen militarista.

La situación diplomática, por su parte, no es tampoco nada sencilla. Las relaciones entre Maquetania y Renacimiento son muy tensas, e incluso los miembros de la familia Aznarse encuentran condenados a muerte en Renacimiento por haber proporcionado la máquina karendón a los ghuros, con cuyos estados mantienen los tapos buenas relaciones al contrario de lo que ocurre con los renacentistas, que sólo ven en ellos unos enemigos. El continuo flujo de exiliados de Renacimiento a Maquetania, con la connivencia de los estados ghuros vecinos, no contribuye precisamente a aplacar las iras del dictador.

Finalmente las hostilidades estallan. El ejército renacentista ataca a las ciudades ghuro vecinas mientras los tapos, que envían parte de su flota en misión pacificadora, tan sólo consiguen ver ésta diezmada. La situación se deteriora rápidamente hasta degenerar en una guerra abierta entre renacentistas y ghuros mientras los tapos ven impotentes cómo se enzarzan ambos contendientes, al tiempo que descubren con alarma la presencia de thorbods en Atolón.

Ghuros y renacentistas acaban destrozándose mutuamente sin atender a las desesperadas llamadas a la calma de los tapos y, una vez que ambos contendientes han quedado agotados y sin flota, los odiados thorbods entran en acción ahora que no cuentan con más oposición que la poco numerosa flota espacial de los tapos. Derrocada la dictadura de MacLane y asesinado el dictador por sus propios secuaces, los renacentistas piden ayuda a los tapos, con los cuales se alían finalmente frente al enemigo común mientras los ghuros, hartos ya de la belicosidad de los humanos, se mantienen al margen del nuevo conflicto. Sin embargo ya es tarde para intentar una lucha equilibrada: Los thorbods, que ahora disponen de un autoplaneta similar a Valera, cuentan con una abrumadora superioridad bélica que hace ver con muy malos augurios el futuro de la humanidad. Así pues, el gobierno tapo comienza a considerar la posibilidad de evacuar el circumplaneta desmaterializando a todos sus ciudadanos en las máquinas karendón y conservando sus cintas vetatom en un autoplaneta recién construido (el hermes) cuya misión original era la de viajar a la lejana Tierra

En esta novela nos volvemos a encontrar con la negra estrella de los Aznar, a los que el destino vuelve a jugar una mala pasada tal como es habitual en la obra de Pascual Enguídanos. Fidel Aznar Rudel y Banda, su esposa después de abandonar a Miguel Ángel Aznar Bogani tras veinticinco años de matrimonio, son asesinados por orden de Juan MacLane cuando las tropas renacentistas invaden la ciudad ghuro de Arbra, en la que éste era embajador de la república de Maquetania. Otros miembros de la familia, entre ellos los recién aparecidos Tuanko y Virela Aznar, nietos de Miguel Ángel Aznar y de Banda, sufren grandes tribulaciones a lo largo de la narración, mientras el propio Miguel Ángel Aznar, convertido ahora en el patriarca de la familia y en presidente de la República de Maquetania, se ve obligado a dimitir de su cargo tras su desastroso e infructuoso intento de mediación entre renacentistas y ghuros. Finalmente le es ofrecido el mando supremo del autoplaneta Hermes, con lo cual los Aznarvuelven a sus orígenes; no se trata, ni mucho menos, de Valera, pero al menos un Aznar vuelve a estar al frente de una poderosa astronave en la que, de nuevo, una rama de la humanidad vuelve a emprender una azarosa emigración.

Dentro ya del análisis crítico, hay que reseñar la escasa verosimilitud del marco descrito por Pascual Enguídanos al inicio de la novela que, recordémoslo, se sitúa unos cincuenta años después del destierro de los valeranos comprometidos con el régimen del almirante MacLane; en tan breve lapso de tiempo los tapos pasan de ser tribus dispersas por la inmensidad del circumplaneta, con un nivel cultural equivalente al del Neolítico, a convertirse en una nación próspera rival tanto de los valeranos exiliados, agrupados ahora en el estado de Renacimiento, como de los propios ghuros... Por mucho que los Aznar (entonces sólo tres, Miguel Ángel y los dos Fidel, padre e hijo) se esforzaran por civilizarlos, ciertamente es mucha tela. Tampoco resulta demasiado creíble la explosión demográfica planteada por Enguídanos; en apenas dos generaciones los tapos ven multiplicado su número por tres (de cien a trescientos millones) mientras la población renacentista se ve incrementada de forma todavía más inverosímil, de tres cuartos de millón a cuarenta y tantos millones.

Y es que resulta difícil asumir unos crecimientos demográficos tan desaforados incluso admitiendo unas tasas de natalidad elevadas y factores tales como la longevidad de la época o el hábito generalizado de reencarnarse en cuerpos jóvenes mediante copias vetatom conservadas ex-profeso, a los que se insertaba mediante la máquina psi los recuerdos acumulados desde la anterior reencarnación con objeto de no perderlos.

Otro aspecto importante de esta novela es el relevo generacional introducido por Enguídanos. Mientras Miguel Ángel Aznar Bogani se ve reducido al papel de patriarca, importante pero ya secundario frente a las nuevas generaciones, y su hermano Fidel Aznar queda marginado a un discreto segundo plano, nos encontramos con los descendientes de ambos, emparentados también por vía materna dado que la tapo Banda estuvo casada primero con Miguel Ángel y luego con su sobrino Fidel Aznar Rudel. Todavía más curioso resulta que el protagonismo no sea de la primera generación (es decir, de los hijos que tuvo Banda con ambos, todos ellos personajes secundarios desde el mismo momento de su aparición) sino de la segunda, en especial Tuanko y el futuro Marek Aznar, nieto el primero de Miguel Ángel Aznar y biznieto el segundo de su hermano Fidel, a la par que nietos ambos de Banda... Un hermoso lío, por cierto. Curioso resulta también que, gracias a Banda, estas nuevas generaciones de la familia Aznar posean, al igual que el resto de los tapos, poderes parapsicológicos, lo que es utilizado por Pascual Enguídanos para acentuar la soledad de un Miguel Ángel Aznar, valerano puro (y por lo tanto carente de los mismos) obligado desde su infancia a convivir con personas capaces de leerle el pensamiento, pero no a la inversa; primero su madrastra Yawna y su hermanastro Fidel, posteriormente su sobrino Fidel y, por último, su esposa Banda y la totalidad de su descendencia y la de su hermano. Una vez más, Enguídanos otorgó una profundidad a uno de sus personajes insólita dentro del ámbito de la ciencia-ficción de serie B.

© José Carlos Canalda, (1.292 palabras) ,
1998, 1999 Créditos