LUCHA A MUERTE (121, 30)
LUCHA A MUERTE, primera edición
LUCHA A MUERTE, primera edición

Solventados mal que bien los asuntos pendientes con los sadritas Valera rinde finalmente viaje en Redención, sistema de cuyo gobierno depende legalmente una vez que ha desaparecido el de La Tierra; y aquí, bajo una apariencia cordial, se esconde un peligro mortal que hará enfrentarse a dos ramas diferentes de una misma humanidad.

A lo largo de toda La Saga de los Aznar Enguídanos, que usa y abusa de los efectos de la dilatación temporal predichos por la Teoría de la Relatividad, hizo por lo general poco o ningún caso del más que previsible choque cultural que podría suponer el enfrentamiento entre una sociedad poco evolucionada gracias a sus continuos viajes estelares (los valeranos) y otras sociedades de origen terrestre pero separadas de ella por miles de años de evolución. Será precisamente aquí cuando Enguídanos aborde por vez primera estos problemas de una forma lógica aunque, en ocasiones, llegue a pecar de cierta artificiosidad.

Sí, Redención ha evolucionado mucho desde la última visita de Valera... Tanto, que un abismo insuperable se ha alzado entre ambas comunidades. Los redentores, obsesionados por la búsqueda de la inmortalidad, han encontrado el medio de llevarla a la práctica no recurriendo a los trasplantes de cerebros en cuerpos jóvenes tal como lo hacían los inhumanos nahumitas, sino instalando éstos en el interior de unos sofisticados robots en el momento en el que sus cuerpos comienzan a envejecer. Curiosamente Enguídanos no tiene el menor reparo en mostrar su repugnancia ante estas prácticas, no dudando en recurrir a teorías éticas y religiosas, un tanto fuera de lugar estas últimas, para defender su postura.

Temiendo el gobierno redentor una reacción airada por parte de los para ellos primitivos valeranos, optan por hacerse con el control de Valera de forma taimada, conocedores como son del potencial militar del planetillo. Así, fingiendo una falsa alegría por el reencuentro de las dos ramas de la humanidad terrícola, fomentan un intercambio de visitantes entre Valera y Redención, al tiempo que invitan al confiado Almirante Mayor valerano, Fidel Aznar Polaris, a visitar el planeta acompañado por la mayor parte de su Estado Mayor.

LUCHA A MUERTE, segunda edición
LUCHA A MUERTE, segunda edición

En realidad los falsos turistas redentores llegados a Valera son comandos militares que, tras introducir sus armas convenientemente miniaturizadas y camufladas en sus equipajes, tienen encargada la misión de dar un golpe de mano apoderándose de la Sala de Control de Valera, verdadero centro neurálgico del autoplaneta. Cuentan para ello con el factor sorpresa, pillando desprevenidos a unos valeranos que los ven como amigos.

Por fortuna para estos últimos Hilda Clover, una integrante de los comandos disconforme con la práctica de su gobierno, alerta a Miguel Ángel Aznar Polaris, hermano menor de Fidel y en el que éste ha delegado temporalmente sus responsabilidades mientras estuviera fuera de Valera, acerca del peligro que los acecha. Miguel Ángel inicialmente duda, pero ante la insistencia de la muchacha ordena que se decrete el estado de alerta mientras emprende el viaje de vuelta a la capital.

Justo a tiempo. Los comandos redentores, siguiendo el plan preestablecido, destruyen el sol artificial de Valera sumiendo a éste en las tinieblas. Gracias a la previsión de Miguel Ángel Aznar, por suerte, no consiguen apoderarse de la Sala de Control, aunque han de ser expulsados a tiro limpio del centro de la capital.

Mientras tanto, la nave en la que viajaban Fidel Aznar y a su familia a Redención es capturada por sus enemigos antes de llegar a su destino. Quitada ya definitivamente la careta, los redentores o, mejor dicho, los eternos, tal como se autodenominan los cíborgs con mente humana y cuerpo mecánico que gobiernan el planeta, dejan patentes sus intenciones. La guerra ha comenzado.

Poco después la invasión redentora es sofocada y los falsos turistas muertos o detenidos. Sin embargo, Miguel Ángel Aznar teme un posible ataque de la Armada redentora por lo que, tras asumir interinamente el cargo de Almirante Mayor mientras su hermano continúe prisionero, ordena poner en estado de alerta máxima a la imponente Armada valerana. No conforme con ello, planea realizar una incursión al territorio enemigo, con objeto de intentar el rescate de su hermano y su familia, por lo que se organiza un grupo de cien comandos especialmente entrenados, provistos de documentos de identidad arrebatados a los prisioneros redentores, a los que se suman Miguel Ángel Aznar e Hilda Clover, el primero como jefe de la expedición y la segunda como guía en un planeta desconocido y hostil.

Los comandos consiguen llegar a su destino sin problemas y, tras penetrar en el interior hueco del planeta, logran infiltrarse en el edificio del Capitolio de la capital de los eternos, en cuyos sótanos habían sido encerrados los valeranos hechos prisioneros, a los cuales rescatan a excepción de Fidel Aznar, su esposa y sus hijos, llevados a otro lugar por sus captores. Perdido el factor sorpresa los valeranos, perseguidos por sus enemigos, huyen del edificio y, posteriormente de la ciudad, gracias a los cazas delta que portaban miniaturizado, saliendo al exterior del planeta por uno de los túneles existentes en la corteza.

Mientras las naves supervivientes de una batalla aérea con los cazas redentores se alejan en dirección a Valera, Miguel Ángel Aznar, acompañado de Hilda Clover y de su hermano, que se había sumado a la expedición, se ve imposibilitado de seguirlos al haber quedado dañado su caza, circunstancia que decide aprovechar para intentar rescatar a su hermano. Sin embargo, su esfuerzo será vano: apenas han conseguido llegar a uno de los cazas delta con los que viajaron a Redención, los cuales habían dejado camuflados, oyen por radio la noticia de que los crueles redentores han ejecutado a Fidel Aznar y a su familia.

Vueltos finalmente sanos y salvos a Valera, Miguel Ángel Aznar inicia una actividad frenética. Tras proclamar la independencia del autoplaneta, pone en marcha su poderosa maquinaria bélica aprovechando además la atracción gravitatoria del planetillo para, tras ponerlo en órbita peligrosamente cerca de Redención, provocar en éste todo un conjunto de catástrofes geológicas, desde terremotos a mareas apocalípticas.

La táctica de desgaste del enemigo rinde el resultado esperado y, finalmente, éste decide presentar batalla. La lucha tiene lugar entre dos inmensas flotas de cazas delta controlados por radio o por sus propios cerebros electrónicos, mientras los cruceros tripulados por humanos, o por los eternos redentores, se mantienen a retaguardia. Y, aunque los redentores cuentan con una ventaja numérica, su cobardía congénita fruto de su virtual inmortalidad les hace huir a su planeta dejando a sus aparatos a su libre albedrío. Éstos son aniquilados finalmente por los valeranos, que, una vez consumada la victoria, tienen vía libre para enviar a su ejército expedicionario al territorio enemigo.

Finalmente los redentores acabarán rindiéndose, proponiendo realizar unas negociaciones de paz en las que aceptarán la independencia de Valera con la condición de que éste abandone su sistema, procediéndose también a un intercambio de prisioneros. Miguel Ángel Aznar acepta, pero exige la presencia del presidente redentor y de los principales dignatarios del planeta en el propio Valera, con objeto de sellar el acuerdo. Éstos, aunque humillados, aceptan, sin sospechar que el caudillo valerano ordenará fusilarlos en castigo por el asesinato de su hermano y su familia.

Sin embargo, esto no interrumpirá las negociaciones de paz. Los redentores, y en especial los eternos, son demasiado cobardes como para no desear ver a Valera fuera de su sistema, y en cuanto a los valeranos, aunque escandalizados por el ateísmo de sus enemigos, son conscientes de que nada pueden hacer por impedir sus impías prácticas. Así pues, una vez realizado el intercambio de prisioneros Valera se sumergirá en las profundidades del cosmos siendo por vez primera en su historia dueño absoluto de su destino.

Al igual que ocurriera en las anteriores novelas de La Saga de los Aznar, Enguídanos se limita aquí a hacer en la segunda versión algunas pequeñas modificaciones meramente epidérmicas con respecto a la primera edición; además de las consabidas rectificaciones de cifras y de la añadidura de alguna innovación científica, el autor suprime varias referencias a la religión que estaban ya bastante fuera de tono y, curiosamente, suaviza bastante el fervor democrático de los independentistas valeranos... Hay que aclarar que la segunda edición de esta novela apareció tan sólo cinco meses antes de la muerte de Franco, por lo que entonces el horno no estaba para muchos bollos aun comparándolo con los últimos años de la década de los cincuenta, fecha en la que se publicó la primera edición.

El autoplaneta Valera, poniendo en marcha sus gigantescos motores, se apartaba de Redención para adentrarse en las inconmensurables y misteriosas profundidades del espacio infinito. (...) Donde iban no les importaba. Todo el mundo era su propio mundo y todo el Universo estaba al alcance de sus posibilidades infinitas. El porvenir se abría tentador ante su inabarcable ruta.

Así termina esta novela y con ella La Saga de los Aznar en su versión original. Por razones ajenas a su voluntad Pascual Enguídanos se vio obligado a cambiar de seudónimo en Luchadores del Espacio y en las demás colecciones de Valenciana tras firmar un contrato de exclusividad con la editorial Bruguera —algo habitual entonces— en el que se le prohibía utilizarlo en otras editoriales, aunque no impedía que siguiera colaborando en éstas siempre que lo hiciera bajo otro diferente. Así pues, y a pesar de que la editorial barcelonesa no contaba entonces con ninguna colección de ciencia-ficción, Enguídanos se vio obligado a jubilar a George H. White en Valenciana y a cerrar, posiblemente en contra de su voluntad, La Saga de los Aznar por razones obvias. A partir de entonces, y durante los más de cien títulos que aún duraría Luchadores del Espacio, Enguídanos publicó más de veinte novelas en ella y otras más en diferentes colecciones de Valenciana, todas firmadas como Van S. Smith; pero los Aznar no volverían a deleitarnos con sus fabulosas aventuras en las páginas de una colección que ya no volvió a ser la misma.

Más de quince años después, a mediados de los años setenta, la reedición de la Saga sería continuada con un total de veinticuatro nuevas novelas; pero esto pertenece ya a otra historia.

© José Carlos Canalda, (1.686 palabras) ,
1998, 2014 Créditos