REGRESO A LA PATRIA (120, 29)
REGRESO A LA PATRIA, primera edición
REGRESO A LA PATRIA, primera edición

Habrían de pasar veintitrés números, es decir, casi un año, antes de que Enguídanos retomara La Saga de los Aznar, sin que en esta ocasión escribiera entre tanto ninguna otra novela, relacionada o no con la Saga, lo cual supone un extraño vacío en la producción de un autor que fue, durante toda la vida de la colección Luchadores del Espacio, la auténtica espina dorsal de la misma.

Centrándonos en el argumento de la novela, hemos de convenir que a Enguídanos se le daban bien los sadritas... Y también los dramas personales de los Aznar. De hecho esta novela es una continuación directa de la serie de tres títulos que narra la épica lucha entre terrestres y sadritas, y ciertamente no las cede en interés.

Comienza la narración con el encuentro en las proximidades del Sistema Solar del autoplaneta Valera y una flota sideral redentora, ambos llegados allí con idéntico propósito: exterminar a la raza que había expulsado a la humanidad del solar que la viera nacer. En Valera, fallecido accidentalmente Miguel Ángel Aznar, ostenta el título de superalmirante su hijo Fidel. La flota redentora, por su parte, está comandada por la almirante Sofía Medina, la antigua novia de Miguel Ángel Aznar que abandonara a éste en el último momento para partir rumbo a Redención mientras él se encaminaba a los planetas thorbods.

REGRESO A LA PATRIA, segunda edición
REGRESO A LA PATRIA, segunda edición

Ambas flotas son aliadas frente a un enemigo común, los sadritas, pero inmediatamente surge un problema: Sofía Medina es portadora de una orden del gobierno redentor en virtud de la cual el comandante de Valera debía cederle el mando de la flota combinada. La orden es escrupulosamente legal dado que Valera continúa estando bajo jurisdicción militar, dependiendo por lo tanto del gobierno redentor en al no existir gobierno terrestre; pero en realidad se trata de una iniciativa injustificada ya que los valeranos están mucho más capacitados que los redentores para luchar contra los sadritas. No obstante las protestas de los militares valeranos, que le piden que rehuse obedecer, Fidel Aznar acata disciplinadamente la orden cediéndole el cargo de superalmirante a la antigua novia de su padre, resentida aún contra aquel Aznar que, según ella, la abandonó a la partida de la Tierra.

Solucionados, al menos temporalmente, los roces entre las dos ramas de la humanidad, poco después comenzará una lucha sin cuartel entre terrestres y sadritas; y creo no exagerar si afirmo que, de todas las numerosas batallas siderales descritas por Enguídanos en sus novelas, ésta es probablemente la que alcanza caracteres más épicos, con miles de millones de omegas y deltas, las pequeñas astronaves que han sustituido a los antiguos navíos siderales, involucradas en la lucha entre ambos bandos.

Fidel Aznar, aunque destituido como Almirante Mayor, sigue siendo un almirante en activo, y gracias a las presiones de sus oficiales es nombrado a regañadientes por Sofía Medina comandante de la fuerza expedicionaria redentora, más reducida que la valerana y mantenida en reserva en sus autoplanetas a la espera de la invasión a Urano, una vez que la flota valerana haya aniquilado previamente a la Armada sadrita haciéndose con el control del espacio.

Un feroz ataque en tromba sadrita, cuando Valera y la flota expedicionaria redentora se encontraban todavía en las remotas fronteras del Sistema Solar, dará al traste con los planes de la escuadra aliada. Ante la imposibilidad de defenderlos, Fidel Aznar ordena el repliegue de la flota de autoplanetas bajo su mando al resguardo de las poderosas defensas antiaéreas de Valera. Pero el enemigo consigue desembarcar tropas en la propia superficie de Valera, al tiempo que asaltan a los propios autoplanetas posados en la superficie del planetillo invadiendo su interior y obligando a Fidel Aznar a ordenar la evacuación de su propia nave, a la que no tiene otro remedio que destruir.

Mientras tanto, en el espacio tiene lugar una colosal batalla aérea entre la Armada valerana y los omegas enemigos, con resultados indecisos. Puesto que la flota de reserva puesta bajo el mando de Fidel Aznar continúa intacta en el interior de los discos volantes, éste solicita permiso para enviarla en auxilio de sus atribulados compañeros, a lo que Sofía Medina se niega. Finalmente los sadritas acabarán retirándose tras sufrir enormes pérdidas, pero los valeranos, aunque han conseguido sofocar la invasión de su propio autoplaneta y rechazar el ataque enemigo, se encuentran con que su otrora poderosa flota ha quedado aniquilada. Tan sólo resta, todavía intacta, la pequeña flota redentora puesta al mando de Fidel Aznar, pero Sofía Medina, temerosa de que los sadritas conserven todavía un potencial bélico superior al de los aliados, ha decidido, en contra de la opinión de los militares valeranos, dar por perdida la guerra, ordenando la marcha de Valera a Redención en cuanto la flota comandada por Fidel Aznar haya realizado una incursión exploratoria al planeta Urano.

Ésta tiene lugar con un éxito total dado que los sadritas han quedado al parecer tan inermes como sus rivales, lo que permite a Fidel Aznar arrasar sin oposición cuanto encuentra en la superficie del planeta cuya invasión, con el consiguiente exterminio de los tenaces hombres de titanio, parece cosa sencilla... pero Valera ya navega en dirección a Redención, por lo que el caudillo valerano ordena dar media vuelta a sus naves y, con la amargura de no haber podido culminar la victoria, retorna al autoplaneta.

La parte final de la novela trasciende de los estrechos escenarios al uso en la ciencia-ficción popular para regalarnos con uno de esos momentos en los que las novelas de Pascual Enguídanos alcanzan una profundidad mucho mayor. Sofía Medina, muy cuestionada por los militares valeranos, que le responsabilizan de no haber podido aniquilar al enemigo, descubre con sorpresa que su hija se ha enamorado de Fidel Aznar.

Porque, a raíz de su forzosa separación del padre de éste tras la evacuación de la Tierra a raíz de la transmutación del Sol por los sadritas —él marchó con su familia rumbo a los planetas thorbod, y ella con la suya hacia Redención—, le provocó un profundo despecho que con el tiempo acabaría convirtiéndose en un odio irracional hacia los Aznar. Casada con el añoso almirante Urbizábal, que comandaba a la flota de exiliados, y acababa de enviudar, Sofía Medina conseguiría ascender meteóricamente en el seno de la Armada redentora, hasta el punto de conseguir, tras la muerte de su esposo, el mando supremo de la fuerza expedicionaria redentora encargada de atacar a los sadritas, lo que le valdría para vengarse póstumamente de su antiguo novio en la persona de su hijo.

Como cabía esperar, Sofía Medina se negará en redondo a que su hija se case con el hijo de quien, según ella, la abandonó en lugar de acompañarla; pero tras una agria discusión con Fidel no sólo acaba cayendo en la cuenta de lo equivocado de su actitud sino que, además, dimite del cargo de Almirante Mayor de Valera, que vuelve a recaer en Fidel Aznar... futuro esposo de Sofía Urbizábal Medina.

© José Carlos Canalda, (1.158 palabras) ,
1998 Créditos