MOTÍN EN VALERA (44, 19)
MOTÍN EN VALERA, primera edición
MOTÍN EN VALERA, primera edición

Comienza la narración aproximadamente un año después de la partida de Valera de Nahum, con la llegada del autoplaneta a Los planetas Thorbods, aparentemente deshabitados desde que varios miles de años atrás tuviera lugar la guerra entre nahumitas y hombres grises saldada con la derrota de estos últimos y su fuga al Sistema Solar. En realidad, según explica Enguídanos, la misión principal de Valera a su partida de la Tierra había sido la de comprobar la inexistencia de thorbods que pudieran traer quebraderos de cabeza a los humanos en un futuro, siendo en un principio el viaje hacia el cercano Nahum una simple visita de cortesía con independencia de las dramáticas consecuencias que acabara acarreando éste.

Miguel Ángel Aznar y los miembros de su estado mayor se muestran muy sorprendidos del desinterés del desaparecido imperio nahumita hacia unos astros —cinco planetas en total— que llevan aparentemente tantos siglos abandonados, primero ante la posibilidad de que thorbods fugitivos del Sistema Solar pudieran haberse refugiado allí, y segundo porque según todos los indicios presentan unas condiciones óptimas para la colonización una vez que ha desaparecido la radiactividad que antaño los emponzoñara hasta tornarlos en inhabitables. Y, puesto que todo parece indicar que no son de nadie, los jerarcas valeranos deciden matar dos pájaros de un tiro fundando en ellos sendas colonias, tal como indican las directrices recibidas en la Tierra.

El problema surge cuando los valeranos, hartos de las penalidades sufridas durante la pasada guerra, muestran en masa su renuencia a formar parte del contingente colonizador. Ante esta falta de entusiasmo y, por lo tanto, de voluntarios, el estado mayor valerano desempolva la condición de unidad militar del autoplaneta, lo que somete a todos sus habitantes a la disciplina castrense, decidiendo someter a sorteo la elección de los futuros colonos entre los cincuenta millones de valeranos. Aunque intachable desde el punto de vista legal, lo cierto es que la medida es recibida con hostilidad por parte de unos valeranos que, en su inmensa mayoría, nacieron con posterioridad a la partida del autoplaneta del Sistema Solar, razón por la que no se sienten afectador por unas leyes que rechazan de plano.

Por si fuera poco, la tradicional rivalidad entre los Aznar y los Balmer encuentra ahora campo abonado para convertirse en un conflicto abierto. Los Balmer, aprovechándose del malestar reinante entre la población, azuzan a ésta contra sus gobernantes, recordando además que fueron Aznares los que rindieron el planetillo a los nahumitas, con el trágico resultado de treinta millones de muertos y una penosa esclavitud del resto durante varios años. Como cabía esperar la intriga arraiga, convirtiendo Valera en una olla a presión a punto de explotar.

El estado mayor conoce conspiración, y está decidido a sofocarla a sangre y fuego si es necesario apoyándose en la Armada, copada por los Aznares y completamente leal al superalmirante. No ocurre lo mismo con el Ejército, feudo tradicional de los Balmer, pero los estrategas del entorno de Miguel Ángel Aznar cuentan con la superioridad de la primera para conjurar la amenaza. No es ésta la opinión del superalmirante que, en contra de la opinión mayoritaria de sus subordinados directos, prefiere negociar con los rebeldes, aun a costa de hacer concesiones, con tal de evitar una guerra civil de incalculables consecuencias. Pero está solo, puesto que la mayoría de los miembros del estado mayor, generales y almirantes de gran experiencia y no menor soberbia, le miran por encima del hombro al considerarlo demasiado joven e inexperto para tan alto cargo, tildando de ingenuas sus pretensiones.

Del desastre que se avecina no se libra ni tan siquiera la propia vida privada de Miguel Ángel Aznar, el cual descubre con sorpresa que Ambar, su joven esposa, se había casado con él no por amor, tal como creía, sino cegada por los oropeles de su cargo. En el transcurso de una borrascosa discusión Ambar tilda a Miguel Ángel de cobarde al manifestar éste su decisión de renunciar al cargo de superalmirante sin con ello consiguiera desactivar la crisis, añadiendo que en ningún caso estaría dispuesta a ser la esposa de un oscuro oficial valerano. Profundamente irritado Miguel Ángel Aznar le ofrece poner a su disposición una nave que la devuelva a Nahum, lo cual ella acepta abandonando Valera apenas unas pocas horas después.

Mientras tanto, la crisis se precipita. Estrella Aznar, la hermana de Miguel Ángel, se refugia con éste y con su madre, trayendo con ella a su hija de corta edad, informando a su hermano de que José Luis Balmer, su esposo y hasta poco antes amigo íntimo de Miguel Ángel, es uno de los cabecillas de la rebelión, lo cual supone otro nuevo mazazo para el atribulado superalmirante. Finalmente la rebelión estalla y, pese a las tajantes instrucciones de Miguel Ángel Aznar prohibiendo el uso de la violencia para reprimir las algaradas callejeras, algunos gobernadores locales, por supuesto pertenecientes a la familia Aznar, atacan a los manifestantes provocando un considerable número de muertos, lo que tiene como resultado el estallido de la insurrección en todo Valera, ya sin la menor posibilidad de dar marcha atrás.

Desbordado por los acontecimientos el todavía gobierno legítimo del autoplaneta ordena a las unidades de la Armada que ataquen a las columnas sublevadas del Ejército, integradas por miembros de la familia Balmer en su gran mayoría; pero para sorpresa de todos, los rebeldes han conseguido repetir la proeza que tiempo atrás hiciera Miguel Ángel Aznar, bloqueando las emisoras que desde la cámara de control de Valera gobiernan la totalidad de las unidades de la flota. En consecuencia la imponente Armada Sideral, varada en sus bases sin obedecer las órdenes de sus desesperadas tripulaciones, resulta inútil para enfrentarse a los insurrectos, con lo cual la batalla está perdida para Miguel Ángel Aznar y sus partidarios.

De nuevo el superalmirante se ve obligado a enfrentarse a sus colaboradores ya que, en contra de la opinión de éstos, que le proponen resistir hasta el final, Miguel Ángel Aznar ordena rendirse en un intento de evitar un mayor sacrificio de vidas humanas. Así lo hacen, y los Balmer, dueños del planetillo, comunican al destituido superalmirante su decisión: los planetas thorbod serán repoblados, tal como estaba previsto, pero no con ciudadanos elegidos por sorteo, sino por la totalidad de los Aznar y sus partidarios, deportados de Valera y abandonados poco menos que a sus propios medios, ya que les será negada cualquier tipo de tecnología susceptible de permitirles la construcción de naves espaciales; los Balmer no quieren dejar un enemigo agazapado a su espalda. Y lo que más duele a Miguel Ángel Aznar, reciente como está el abandono de su esposa, es comprobar que José Luis Balmer es uno de los cabecillas de los insurrectos, y que su antiguo amigo es ahora su más acérrimo enemigo.

Rápidamente las nuevas autoridades disponen la evacuación de los deportados a los planetas thorbod, correspondiéndoles como destino a los protagonistas aquel que bautizan con el nombre de Exilo. A Miguel Ángel Aznar le acompañan su madre, su hermana y su sobrina, pero en el último momento su cuñado le pide que interceda ante Estrella, que ha optado por acompañar a su familia en el exilio, para que le entregue a la niña. A regañadientes Miguel Ángel accede en el convencimiento de que esto librará a su madre y a su hermana de su azaroso destino, al permitírseles a ambas permanecer en Valera; pero es su madre la que, en un arranque repentino, se apodera de la niña haciéndola esconder entre los desembarcados. Por supuesto esto frustra los planes de José Luis Balmer, al arrastrar a Estrella e incluso a él mismo, al verse obligado a compartir la suerte de los desterrados al no querer renunciar a su hija. Claro está que la maniobra no le sienta demasiado bien, culpando a su cuñado de haberla urdido pese a que éste no había tenido nada que ver en ella; pero ahora es él quien está en minoría y rodeado de gente hostil, siendo salvado del linchamiento tan sólo gracias a la decidida intervención de Miguel Ángel.

MOTÍN EN VALERA, segunda edición
MOTÍN EN VALERA, segunda edición

Todas estas querellas personales quedan desplazadas, no obstante, por la urgencia de organizar la incipiente colonia toda vez que Valera se ha marchado del sistema planetario dejándolos abandonados a su suerte. Miguel Ángel Aznar, tan contestado poco antes por las jerarquías militares del autoplaneta, es ahora aclamado como líder de los exiliados, cargo que acepta sin demasiado entusiasmo.

Poco a poco la colonia de Exilo comienza a levantar un poblado y a roturar la selva que les rodea. Aunque la vegetación del planeta, favorecida por el clima tropical, es exuberante, la ausencia de vida animal es absoluta, ya que ni tan siquiera existen insectos en él. La explicación dada por los científicos de la colonia es simple: la radiactividad mató a la totalidad de los seres vivos, animales y vegetales, que alentaban en el planeta, pero desaparecida ésta las semillas desperdigadas por doquier lograron volver a germinar, mientras los animales desaparecían para siempre. Por fortuna los exiliados cuentan con una importante cabaña de animales domésticos, lo que les permitirá disponer a medio plazo de alimentos suficientes de origen animal aunque de momento se tengan que conformar con un régimen vegetariano.

No importa. Los integrantes de la colonia están dispuestos a salir adelante, y luchan para conseguirlo con la totalidad de los escasos medios a su alcance. Asesorado por sus compañeros científicos, Miguel Ángel Aznar ordena la construcción de tres pequeños barcos de vela con los que pretende remontar el curso del caudaloso río que discurre al lado del campamento, con objeto de buscar en el interior del continente yacimientos de hierro y carbón con los que poner en pie una incipiente industria fabril.

Una vez construidos los barcos, éstos se hacen a la vela capitaneados por el antiguo superalmirante valerano. Aunque la primera parte de su recorrido transcurre sin incidentes, pronto descubren que, pese a sus iniciales sospechas, la selva está habitada por seres, presumiblemente inteligentes aunque salvajes, que comienzan a seguirlos sigilosamente sin dejarse ver y sin dejar más señales que los redobles de un ominoso tam-tam. Por precaución ante sus desconocidos perseguidores Miguel Ángel Aznar ordena a su pequeña flota que se mantenga a una distancia segura de las orillas, pero cuando los barcos llegan al pie de una catarata descubre que, si quieren seguir adelante, deberán desembarcar poniendo pie en tierra.

Así lo hacen las tripulaciones de dos de los tres navíos, mientras el tercero se mantiene al pairo como medida de precaución, una iniciativa que se muestra acertada pues poco después los expedicionarios son atacados por una horda de aguerridas amazonas. Privados de armas modernas excepto Miguel Ángel Aznar, que porta una pistola arrebatada a José Luis Balmer, los valeranos son diezmados cayendo prisioneros todos los supervivientes de la emboscada, Miguel Ángel Aznar incluido. Los cautivos son conducidos al poblado rupestre de las amazonas, donde la casualidad quiere que Amatifu, su reina, yazga postrada en cama víctima de un fuerte proceso febril. Viendo abierta una ventana a la esperanza Miguel Ángel Aznar se ofrece a curarla, y así lo hace gracias a las medicinas que transportaban en el botiquín.

Al menos en lo que respecta a las amazonas la crisis parece haber sido salvada, pero ante los valeranos se abren ahora nuevas interrogantes no menos preocupantes. Las amazonas resultan hablar un extraño dialecto mezcla de español y thorbod, lo que parece indicar que pudieran ser originarias de la Tierra habiendo sido traídos sus antepasados hasta Exilo por un grupo de supervivientes thorbods, que los habrían utilizado como esclavos. La conclusión de todo ello es un nuevo reforzamiento de que Exilo, y quizá los otro cuatro planetas del sistema, pudieran estar habitados por los descendientes de estos refugiados thorbod, que se habrían mantenido prudentemente ocultos hasta que Valera no hubiera desaparecido del firmamento.

Ahora bien, de ser así ¿dónde estaban escondidos? Porque la minuciosa exploración que los telescopios valeranos habían realizado a lo largo y ancho del sistema planetario no había rendido el menor resultado, cosa extraña siendo la Bestia Gris tan amante de las grandes obras de ingeniería... Poco tardarán en saberlo los atribulados valeranos, puesto que al despertar Miguel Ángel Aznar y sus compañeros en el interior de las cuevas que constituyen el poblado de las amazonas, descubren que la totalidad de los nativos han huido con rumbo desconocido, dejando atrás, aparte de a sus antiguos prisioneros, tan sólo a la convaleciente Amatifu. ¿Qué puede haber causado esta oleada de pánico en tan aguerrida tribu? A poco, los valeranos caen en la cuenta de que uno de los satélites de Exilo, el de menor tamaño y más cercano al planeta, también se ha esfumado sin dejar ni rastro... lo que indica que quizá no se tratara de un astro natural, sino de un autoplaneta thorbod camuflado para pasar desapercibido.

Interrogada Amatifu, Miguel Ángel Aznar y sus compañeros descubren que una leyenda nativa habla de todo tipo de males que afligirán a las amazonas el día que el satélite desaparezca de su órbita, lo que interpretan los valeranos como el inicio de una nueva campaña de los hasta entonces agazapados thorbods. E inmediatamente comienzan a temer por la suerte de su indefensa colonia.

Sus temores se ven confirmados poco después, cuando una apocalíptica explosión atómica se alza sobre el emplazamiento del poblado de los refugiados. Transido de dolor, Miguel Ángel Aznar descubre que sus tribulaciones no han terminado aún cuando un platillo volante enemigo se cierne sobre el poblado troglodita. De él descienden varios thorbods, que comienzan a disparar con sus fusiles atómicos contra las cuevas, en un claro intento de aniquilar todo posible atisbo de vida humana. Encerrados en una ratonera los valeranos ven que su tiempo está contado, ya que para enfrentarse a sus poderosos rivales tan sólo cuentan con algunas armas blancas y la pistola de Miguel Ángel, con apenas media docena de cartuchos en el cargador. Decidido a jugarse el todo por el todo, y contando con que la confiada actitud de los thorbods le permita llevar adelante su desesperado plan, Miguel Ángel Aznar consigue abatir a los dos hombres grises más cercanos merced a sendos certeros disparos. Rápidamente se hacen con las armas de sus enemigos, con las que consiguen poner fuera de combate al resto de la tripulación del platillo.

Sin poderse creer todavía su buena suerte los protagonistas, acompañados por Amatifu, embarcan en el capturado navío, poniendo rumbo hacia el asentamiento de sus compatriotas... para descubrir que sus peores temores se han confirmado ya que su desolado solar es tan sólo un vasto desierto de cenizas carente por completo de vida. Nada pueden hacer por sus desdichados compañeros, por lo cual Miguel Ángel vuelve a remontar el río para recoger a la tripulación del barco superviviente, tras lo cual decide abandonar Exilo en busca de refugio en cualquiera de los otros planetas donde han sido desembarcados también los valeranos desterrados del autoplaneta.

En lo que respecta a la segunda edición de MOTÍN EN VALERA, ambas versiones resultan ser virtualmente idénticas excepto en los habituales retoques de estilo, a lo que hay que sumar una curiosa modificación: Enguídanos convirtió el primer capítulo de la siguiente novela, EL ENIGMA DE LOS HOMBRES PLANTA —de título SUPERVIVIENTES—, en el último de MOTÍN EN VALERA. Las razones que motivaron este cambio no son fáciles de determinar, aunque es probable que se debieran a un reajuste interno en la distribución de la aventura buscando un mayor equilibro entre las tres entregas en las que estaba repartida ésta. Dado que existe continuidad entre las dos novelas esta modificación no supone ninguna alteración sustancial en la trama, aunque no por ello deja de ser curiosa.

© José Carlos Canalda, (2.615 palabras) ,
1998 Créditos