POLICÍA SIDERAL (7, 5)
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Número 7 de la colección, ilustrada por José Luis con una espléndida portada que recrea una visión del fabuloso autoplaneta Rayo. Ha pasado alrededor de un año desde la derrota del Imperio Asiático, y Miguel Ángel Aznar, nombrado almirante de las Fuerzas Armadas ibéricas, ha logrado convencer a los gobernantes de todas las potencias terrestres y a los saissais venusianos de la necesidad de establecer unas fuerzas internacionales, bautizadas con el nombre de Policía Sideral, garantes de la paz en el Sistema Solar. La Policía Sideral se constituye y es puesta bajo el mando de su promotor, con lo cual ve satisfecha su iniciativa; no obstante, dos graves problemas vienen a ensombrecer el éxito amenazando con dar al traste con las recién creadas fuerzas espaciales: La negativa rotunda de los thorbods a entrar a formar parte de la alianza, y la carencia de dedona con la que poder construir una flota lo suficientemente poderosa para hacer valer su autoridad, puesto que el Rayo y su flotilla de naves satélites es incapaz, por sí solo, de asumir tan pesada responsabilidad.

Por fortuna unas prospecciones geológicas realizadas en el asteroide Eros revelan que este pequeño astro cuenta con un importante yacimiento de la preciada dedona, el único conocido en todo el Sistema Solar. Este hallazgo permitiría la construcción de una flota lo suficientemente poderosa como para mantener a raya a los belicosos thorbods, pero eso llevaría tiempo, un tiempo del que no disponen los atribulados gobiernos terrestres y sus aliados saissais. Por esta razón, y temerosos de que un prematuro ataque de los hombres grises pudiera dar al traste con sus meticulosos planes, deciden enviar a Marte a Miguel Ángel Aznar, a bordo del Rayo, con objeto de negociar un acuerdo de paz o, cuanto menos, de ganar el suficiente tiempo para organizar una defensa eficaz.

El almirante de la Policía Sideral se entrevista, efectivamente, con el máximo jerarca thorbod, sin el menor resultado. Vista la arrogancia de éste, que no se molesta siquiera en disimular su ambición por dominar la totalidad del Sistema Solar, el terrestre da por terminada la entrevista advirtiendo a su rival de su intención de someter a un bloqueo al planeta Marte. Ya de regreso en el Rayo encamina al autoplaneta hacia Eros, donde ya han comenzado los trabajos de extracción de la dedona, con objeto de protegerlo de un previsible ataque thorbod.

Éste no tarda en producirse, y una furiosa batalla tiene lugar en las inmediaciones del planetillo. Aunque la potencia bélica del autoplaneta y sus naves satélites consigue rechazar a sus enemigos a costa de ver inutilizada la mayor parte de la maquinaria minera desembarcada, Miguel Ángel Aznar se encuentra frente a unas problemáticas tablas: Si bien es capaz de proteger al asteroide de nuevos ataques de los hombres grises, no puede impedir que sus enemigos intercepten todos los convoyes enviados a la Tierra con cargamentos de dedona, y si opta por escoltarlos, serán entonces los thorbods los que se adueñen de Eros... Difícil disyuntiva, pues, máxime teniendo en cuenta que a los thorbods les basta con amagar para tener paralizada la extracción de dedona, sin intentar una conquista que, de producirse, invertiría las tornas. Por si fuera poco, los terrestres descubren que las naves thorbods han sido recubiertas con una capa de pintura de dedona, lo que las convierte en más resistentes al ataque de los rayos Z que sus rivales.

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Rápidamente Miguel Ángel Aznar opta por la mejor solución posible: El Rayo partirá hacia la Tierra cargado con toda la dedona que habían podido acumular hasta entonces, con objeto de que sea utilizada para recubrir asimismo con ella las naves terrestres. Mientras tanto, el almirante quedará en Eros con la flotilla auxiliar del autoplaneta, intentando defenderlo de los ataques enemigos hasta que retorne el Rayo y se pueda organizar, simultáneamente, la defensa eficaz del asteroide y la interrumpida extracción de la dedona.

Así se hace, pero poco después un furibundo asalto thorbod le obliga a evacuar el asteroide dedicándose entonces a hacer exactamente lo mismo que hicieran hasta entonces los hombres grises: hostigarlos e impedir que un solo gramo de dedona llegue a las ávidas factorías marcianas. Esta guerra de corso se mantiene durante varios meses, hasta que finalmente el retorno del Rayo permite a los esforzados protagonistas contemplar con alivio el futuro.

Paralelamente a la trama aventurera de la novela, típica de estas colecciones populares, hay dos elementos, muestras del buen hacer del escritor valenciano, que merecen ser resaltados. El primero de ellos es el trato que Enguídanos da a sus personajes, muy alejados del estereotipado superhéroe al estilo de Doc Savage tan frecuente en este subgénero; los protagonistas de la Saga de los Aznar, por el contrario, son personas atormentadas y frecuentemente heridas de forma cruel por el destino, como lo demuestra el hecho de que Enguídanos haga enviudar a Miguel Ángel Aznar justo cuando más necesitaba a su esposa. Estas tragedias personales, dignas émulas de las descritas en la mitología griega, se repetirán de forma constante a lo largo de toda la Saga, sirviendo de contrapeso a las fabulosas hazañas de los sucesivos miembros de la familia Aznar y haciéndolos, en definitiva, más creíbles y más humanos.

El segundo punto a reseñar es la habilidad con la que el autor entremezcla a los personajes principales con otros secundarios (en este caso Berta Anglada, la astronauta española enamorada sin esperazas de Miguel Ángel Aznar), que en ocasiones llegan a tomar las riendas de la narración eclipsando, incluso durante novelas enteras, a los protagonistas por derecho propio de la Saga, los herederos directos de Miguel Ángel Aznar de Soto que comandarán tiempo después el fabuloso autoplaneta Valera, un recurso literario que dota de agilidad a la larga serie de novelas que componen la Saga. En cualquier caso, queda patente una vez más la valía como escritor de Pascual Enguídanos, haciéndonos lamentar que no recibiera el reconocimiento que se merecía y que no pudiera aprovechar mucho más sus aptitudes literarias.

En lo que respecta a la segunda edición, publicada con el número 5 e ilustrada con la portada original, sus diferencias con la primera son muy pequeñas, limitándose a detalles técnicos tales, como por ejemplo, la supresión de la transparencia del casco del Rayo, sin que exista la menor alteración en la trama de la novela.

© José Carlos Canalda,
1998, 2002