CEREBROS ELECTRÓNICOS (4, 3)
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CEREBROS ELECTRÓNICOS, número 4 de la colección, relata los acontecimientos que sucedieron con posterioridad de la partida de Venus del Lanza, rumbo a la Tierra. Todo parece desarrollarse de forma correcta, pero inopinadamente un astro errante (más adelante sabremos que se trata del planeta Ragol) se interpone en su camino atrayéndolos a su superficie. Aquí Enguídanos no se quedó precisamente corto, puesto que le atribuye una velocidad orbital de ¡400.000 kilómetros por segundo! es decir, superior a la de la luz, por lo que el autor pone en boca de uno de los científicos protagonistas una explicación calcada del fenómeno causado por los aviones supersónicos, que se adelantan a su propia onda de choque: Ragol viajaría siempre por delante de su imagen óptica, lo que le convertiría en la práctica en invisible dado que en un momento dado resultaría imposible calcular su posición real. Asimismo su órbita excéntrica lo lleva hasta las profundidades de la Vía Láctea, recibiendo la luz de las sucesivas estrellas por cuyas cercanías discurre. El disparate astronómico es mayúsculo, y así lo debió de entender Enguídanos ya que, como veremos más adelante, lo corrigió minuciosamente en la segunda edición; una vez más, se trata de un argumento que recuerda poderosamente a los pulps americanos a los que tanto debe la colección Luchadores del Espacio.

A consecuencia de la infernal velocidad del planeta errante, apenas han descubierto su imagen los protagonistas descubren espantados que éste se encuentra ya en las cercanías de su nave, siendo arrastrados por la atracción gravitatoria del mismo. Poco después, contemplan impotentes cómo se estrella el Lanza contra unos arrecifes sobre los que bate un proceloso mar. Náufragos en Ragol, que por fortuna (otra grave incongruencia asimismo corregida en su momento) resulta ser habitable, aunque bastante inhóspito, los terrestres comienzan a planificar su difícil supervivencia. La recepción de unas emisiones de radio en idioma saissai les hace concebir esperanzas de ser auxiliados por una hipotética colonia de hombres azules que, al igual que en La Luna, pudieran habitar allí, razón por la que algunos de ellos deciden realizar una exploración en busca de la misteriosa emisora.

Y la encuentran, en forma de una fabulosa ciudad encerrada dentro de una cúpula transparente. La ciudad está habitada por unos seres humanoides que, para sorpresa de los terrestres, resultan ser robots. Un encuentro accidental con uno de ellos se salda con un ataque del mismo a los sorprendidos terrestres, los cuales logran ponerlo fuera de combate antes de huir precipitadamente mientras en la ciudad se disparan todas las alarmas.

De vuelta al Lanza, e informados el resto de sus compañeros, todos están de acuerdo en que no se encuentran en un lugar seguro, puesto que no les cabe duda de que los habitantes de la misteriosa ciudad los buscarán hasta encontrarlos. En este momento salta la rivalidad latente entre los dos líderes naturales del grupo, Miguel Ángel Aznar y Harry Tierney, ya que mientras el primero propone huir del Lanza y refugiarse en cualquier lugar al abrigo de los potencialmente peligrosos robots, Tierney prefiere ponerse pacíficamente en contacto con ellos. Puesto que los antiguos miembros de la Astral Information Office apoyan a Aznar mientras los empleados de Tierney hacen lo propio con su jefe, el grupo se escinde en dos refugiándose los primeros en una cueva, mientras los segundos se aprestan a comunicarse con las autoridades de la ciudad. Pasado cierto tiempo los camaradas de Miguel Ángel Aznar se impacientan ante la falta de noticias de sus compañeros, por lo que éste decide realizar una cautelosa visita al lugar donde quedara varado el Lanza... Descubriendo que éste ha sido destruido habiendo desaparecido todo rastro de sus ocupantes.

A su vuelta al refugio se encuentra con una nueva sorpresa ya que sus compañeros han capturado a un saissai que, reducido a un estado de salvajismo, vagaba por la superficie del planeta. Gracias a éste consiguen desvelar el misterio que rodea al enigmático astro: Un grupo de saissais supervivientes de la destrucción de la Luna habían desembarcado milenios atrás en Ragol, apoyando su civilización en una sociedad robótica cada vez más sofisticada. Mas los robots, conscientes de su poderío, habían acabado por rebelarse contra sus creadores, a los que habían perseguido despiadadamente hasta exterminarlos, quedando de la otrora orgullosa raza apenas un famélico puñado de individuos convertidos en salvajes mientras su lugar era sustituido por una sociedad basada exclusivamente en la vida electrónica completamente hostil a la vida humana.

La situación se presenta sumamente comprometida puesto que, dados los precedentes, las posibilidades de que los robots asesinen a los terrestres prisioneros son muy elevadas. El grupo de Miguel Ángel Aznar desea rescatarlos, pero ¿cómo? Finalmente, deciden sabotear las instalaciones de los robots como forma de hacerles daño, gracias a que previsoramente desembarcaron del Lanza una buena cantidad de explosivos. El azar decide que descubran una gran instalación que resulta ser una central eléctrica y, tras introducirse en ella, la vuelan.

El sabotaje provoca, como efecto inmediato, un apagón general en la ciudad de los robots que afecta incluso a los propios hombres mecánicos. Aprovechando la afortunada coyuntura los protagonistas se introducen en ella y, gracias a un golpe de suerte, descubren el lugar en el que los robots mantenían prisioneros a sus compañeros, a los cuales salvan tras sufrir la lamentable muerte de Bill Ley, electrocutado por un campo de fuerza que protegía la puerta de su encierro. Aunque la electricidad es repuesta poco después, los protagonistas consiguen huir de sus perseguidores escondiéndose en su refugio.

Una vez a salvo, el estudio de un robot capturado les permite realizar dos importantes descubrimientos: En primer lugar, la electricidad que alimenta tanto a los robots como a la totalidad de las máquinas de Ragol, es suministrada en forma de ondas por una red de emisoras. En segundo lugar, descubren con asombro que los robots hostiles a los humanos no son todos los que pueblan Ragol, sino tan sólo una parte de ellos; concretamente los de las últimas y más sofisticadas series construidas por los saissais, mientras el resto, más antiguos, obedecen fielmente a los humanos.

La iniciativa adoptada por los terrestres es tan sencilla como arriesgada: Intentarán destruir todas las centrales generadoras de electricidad, lo que provocará la paralización del planeta, para luego, tras inutilizar a los robots peligrosos, restaurar el suministro eléctrico, aprovechándose del resto de los hombres mecánicos y de la fabulosa infraestructura que los rodea. Así lo hacen, sorprendentemente con éxito gracias a que los robots, por muy sofisticados que resulten, en el fondo carecen de la más mínima inventiva humana. Concluye la novela con una agradable sorpresa para los náufragos, el descubrimiento de una gran astronave (el autoplaneta Rayo) cuya construcción habían iniciado los desaparecidos saissais con la pretensión de huir de Ragol. Este autoplaneta, una vez terminado por los protagonistas gracias al auxilio de la poderosa industria robótica, les permitirá retornar a la Tierra, pero no antes de que Ragol vuelva a penetrar en el Sistema Solar ya que su órbita excéntrica lo ha alejado de nuestro planeta una distancia superior a la que los expedicionarios son capaces de recorrer. Tras los cálculos pertinentes el profesor Stefansson anuncia que esto tendrá lugar dentro de cuatro años... Para ellos, puesto que la diabólica velocidad orbital del planeta errante provocará que, debido a los efectos de dilatación temporal previstos por la Teoría de la Relatividad, en la Tierra hayan pasado varios siglos.

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La segunda edición de CEREBROS ELECTRÓNICOS, número 3 de la colección debido a la desaparición de la novela anterior, conserva el título de la primera, aunque no la sugerente portada de Tomás Porto que recordaba poderosamente a una escena de METRÓPOLIS, sustituida en esta ocasión por la correspondiente a DETRÁS DEL UNIVERSO, de Karel Sterling, número 124 de la primera edición de Luchadores del Espacio. Al igual que sucediera con LA CIUDAD CONGELADA y la segunda versión de EL PLANETA MISTERIOSO, Enguídanos reescribió por completo CEREBROS ELECTRÓNICOS, poniendo especial cuidado en suprimir los errores más escandalosos de la primera edición, concretamente la velocidad superior a la de la luz con la que se desplazaba el planeta errante Ragol y la incongruente habitabilidad de éste, reduciendo la primera a unos más creíbles 400.000 kilómetros a la hora y haciendo del segundo un mundo congelado similar a los cuerpos celestes que orbitan en el Sistema Solar exterior.

Por lo demás la novela comienza, al igual que su homónima, en el momento en que el Lanza abandona Venus, describiéndose el naufragio en Ragol de forma completamente diferente: ahora la nave no es arrastrada por la atracción gravitatoria del planeta errante sino que, tras acercarse a él a una distancia prudencial para estudiarlo, sus tripulantes descubren espantados que el thorbod que llevaban prisionero ha escapado de su encierro, saboteando el sistema de bombeo de combustible. Al no poder encender los motores el Lanza es incapaz de alejarse del planeta, por lo que acaba estrellándose contra la superficie helada del mismo. Aunque gracias a la pericia de Miguel Ángel Aznar todos sus tripulantes consiguen salir ilesos del aterrizaje de emergencia, el avión queda destrozado y completamente inutilizado para volar de nuevo. Aparentemente, los protagonistas están condenados a acabar sus días en el estéril astro cuando se les acabe la comida o, más probablemente, el oxígeno.

Pero las sorpresas no tardan en aparecer. El profesor Stefansson no descubre que el pequeño satélite que orbita en torno a Ragol es en realidad una construcción artificial que oficia de lámpara gigantesca para iluminar la superficie del planeta cuando éste se encuentre sumido en las profundas oscuridades del espacio, algo que al parecer ocurre durante la mayor parte del recorrido de su excéntrica órbita. Asimismo recogen unas imágenes de televisión que muestran la existencia de vida en su inhóspita superficie, lo que hace alentar esperanzas de salvación a los náufragos cósmicos.

Rápidamente organizan una expedición en busca de los habitantes del planeta, descubriendo (esta parte de la novela sigue bastante fielmente el argumento de la primera edición, aunque modernizado) el tren que se introduce en la central eléctrica. Varios de los expedicionarios penetran en ella y allí son atacados por un robot, al que consiguen inutilizar llevándoselo con ellos al Lanza. Tras desmontarlo, los científicos llegan a la misma conclusión que ya conocíamos: Son hombres mecánicos extremadamente sofisticados que reciben la energía eléctrica mediante ondas.

Es preciso reseñar el hecho curioso de que, a diferencia de los robots de la primera edición, completamente antropomorfos, éste es descrito por el autor con una rueda en sustitución de las dos piernas. Este modelo de robot monociclo fue descrito por vez primera por Enguídanos al final de la Saga, concretamente en la novela ¡LUCHA A MUERTE! donde son éstos son utilizados como soporte de los cerebros de los eternos. La idea debió de gustarle al autor, puesto que posteriormente la repitió en las novelas independientes EL DÍA QUE DESCUBRIMOS LA TIERRA e INTRUSOS SIDERALES, la única que publicó, a principios de los años setenta, en la colección La conquista del espacio, de la editorial Bruguera. Asimismo recurrió a esta fórmula en el guión del cómic basado en la Saga, lo que demuestra de nuevo que las innovaciones introducidas en el guión fueron aprovechadas por Enguídanos al reescribir las novelas. Otra diferencia llamativa con la primera edición, tomada asimismo de INTRUSOS SIDERALES, es que los hombres mecánicos no son ahora autónomos, sino unos simples artefactos controlados por el ordenador central.

Los náufragos están divididos sobre la iniciativa a seguir de forma similar a como ocurriera en la primera edición, con Harry Tierney partidario de entrar en contacto con los robots y un Miguel Ángel Aznar que desconfía de ellos tras el ataque sufrido en la central eléctrica. Sin embargo aquí no llega a producirse la escisión del grupo, dado que los acontecimientos se precipitan: Un segundo robot, a bordo de una navecilla (las zapatillas volantes que tanto juego darán más adelante) ataca a los terrestres matando a Bill Ley antes de ser abatido. La hostilidad de los habitantes de Ragol queda así patente, por lo que los protagonistas deciden abandonar los restos del Lanza huyendo en los dos vehículos aéreos de que disponen, el helicóptero y la zapatilla volante. Mientras tanto han descubierto, gracias a los rótulos existentes en esta última, que el planeta fue colonizado en su día por los saissais, posibles constructores de los enigmáticos robots.

Una exploración del planeta les lleva hasta una ciudad concha, como denomina Enguídanos a las ciudades cubiertas por una cúpula transparente, en la cual logran penetrar los protagonistas sin ningún problema aunque son atacados poco después por un grupo de robots. Tras destruirlos después de una breve lucha, tienen la fortuna de descubrir el centro de control de la ciudad, descrito por el autor como un gigantesco ordenador central que era el que controlaba todas las actividades mecánicas del planeta, incluidos los propios robots. Huelga decir que los protagonistas se apresuran a desconectar todas las centrales eléctricas existentes en el planeta, sin necesidad de inutilizarlas tal como ocurriera en la versión anterior, lo que provoca la paralización del ordenador central y, en consecuencia, de los peligrosos robots... Y también de la cámara de hibernación donde reposa un puñado de saissais, ya que en esta ocasión Enguídanos prefirió trasladar la cripta de los saissais a Ragol en lugar de ubicarla en Venus. Horas después los saissais despiertan de su letargo y, tras la sorpresa inicial, aclaran a los terrestres el misterio de su presencia.

Para empezar, y ésta es una muestra patente de la minuciosidad con la que Enguídanos revisó sus antiguas novelas, el autor traslada la patria original de los saissais desde una poco verosímil Luna a un planeta extrasolar víctima de una lucha fraticida entre los dos pueblos que lo habitaban, a lo que hay que sumar una catástrofe cósmica que había destruido el sol de ese sistema. Un grupo de saissais supervivientes habían conseguido refugiarse en Ragol, ahora convertido en un planeta errante. Tiempo después Ragol penetró en el Sistema Solar, aprovechando los saissais para enviar a sus jóvenes a Venus donde, de forma idéntica a la de la primera edición, iniciaron una nueva vida privados de la tecnología que había provocado la catástrofe de sus mayores. Ragol se había vuelto a hundir en las profundidades del espacio, y los saissais que lo habitaban emprendieron la construcción de un vasto emporio tecnológico mientras un grupo de ellos, desencantados del comportamiento de sus compañeros, habían decidido hibernarse hasta que el planeta volviera a acercarse a Venus, ya que deseaban comprobar el resultado del vasto experimento social emprendido varios milenios atrás. Sin embargo, las cosas no habían discurrido tal como estaban previstas debido a la rebelión del ordenador central, que varios siglos atrás había provocado la muerte de sus constructores, respetando a los hibernados probablemente porque desconocía su existencia.

La situación se muestra complicada ya que Ragol se aleja de nuevo del Sistema Solar, pero para sorpresa de unos y otros descubren que la ciudad en la que se encuentran es en realidad una enorme nave espacial (más adelante sabremos que se trata del autoplaneta Rayo) cuya construcción había sido iniciada por los saissais que todavía habitaban en Ragol, con objeto de emigrar en ella a Venus. LA REBELIÓN DE LOS ROBOTS provocó que la nave quedara sin terminar y los hibernados no fueran despertados por ello de su letargo, pero ello no habrá de suponer un gran obstáculo para los saissais que, una vez eliminadas las funciones peligrosas del ordenador central, podrán volver a valerse de él para reactivar la industria del planeta y viajar a Venus... Y los protagonistas a la Tierra.

© José Carlos Canalda,
1998, 2002