Sobre la religión en la Saga de los Aznar
por Pedro García Bilbao

La religión es una constante en la saga, pero lo que ocurre es que su tratamiento es muy especial. En mi libro VIAJES DE LOS AZNAR, en el apartado Fantasía en años de plomo hago una caracterización de ese tratamiento.

Para George H. White, religión es igual a catolicismo romano, como buen español don Pascual se ha criado en un ambiente social donde hasta los ateos son católicos. Pero la lectura del catolicismo romano que hace don Pascual se acerca más a un sentimiento de correspondencia entre religión e intimidad que a una tendencia clericaloide típica. Lo cristiano católico romano es una seña de identidad de la cultura valerana; pero se trata de una sociedad evolucionada que ha conciliado librepensamiento y libertad de conciencia con el sentimiento religioso de trascendencia.

Para George H. White la tensión ciencia y religión se resuelve con convivencia y libertad plena de pensamiento; nos da la síntesis final de esa tensión, cuando el enfrentamiento se ha resuelto en convivencia en paz y armonía. Es igual que su idea del socialismo: nos lo presenta cuando ya se ha realizado la superación de las contradicciones y se ha resuelto positivamente.

La sociedad valerana, no obstante ese telón de fondo católico, es laica en su ejercicio cívico. La religión no aparece en la acción pública, no está en los actos políticos ni en el parlamento, no es un actor en conflicto, no lucha por hacerse ver o notar, es un referente íntimo individual, respetado colectivamente pero individual.

En realidad este tratamiento progresista de la religión acerca a George H. White a las posiciones más abiertas y avanzadas de la Iglesia católica en Europa. Estoy pensando en teólogos como Hans Küng y otros; en su visión de la no contradicción entre avance científico y vivencia religiosa está en la línea de Teilhard de Chardin, el jesuita que concilió el evolucionismo de Darwin (el ev. biológico) con la Fe. La comparación debe hacerse con los teólogos progresistas europeos y no con la teología de la liberación por varios motivos. El primero porque sencillamente no figura ninguna referencia en la Saga a nada remotamente parecido a la teología de la liberación. Lo segundo y definitivo es que esto tiene una explicación clara y lógica, la sociedad que se nos describe como protagonista de la epopeya valerana es una sociedad avanzada, postindustrial, altamente tecnificada, que nada tiene que ver con el mundo menos desarrollado. Es el lugar donde o la religión ha desaparecido ante la secularización, o coexiste en armonia con ella, reservada al espacio del corazón de los hombres.

Destaco este punto por que el tratamiento de la religión en la obra de George H. White es ciertamente poco habitual. En su conferencia sobre Cristianismo y Ciencia Ficción expuesta en la Hispacón de Gijón, Pablo Ginés (de la Sociedad Tolkien Española) comentó ampliamente que los cristianos reciben un tratamiento parecido al de los extraños entre los extraños, se les ve como algo raro, alejados del cuerpo de la acción, retardatarios de esta o causantes de conflictos: Influyen diversos factores. Uno de ellos es que la mayoría de la ciencia-ficción que leemos es de origen anglosajón nortemericano y es fruto de una vivencia social religiosa muy diferente a la nuestra.

En Europa fenómenos como la llamada ciencia cristiana o medicina cristiana son casi inexistentes, y no sólo eso, sino que serían vistos con estupor y recelo por la mayoría de la población. Efectivamente, en los Estados Unidos hay millones de personas que habitan en un sistema de creencias que niega los avances de la ciencia, e incluso los de la medicina, defendiendo públicamente que cuestiones como la evolución, la historia geológica de nuestro planeta o del sistema solar están en el mismo plano que el creacionismo teológico: proponiendo que sean tratadas ambas en pie de igualdad, esto es, como sistemas de creencias y no como verdades científicas.

En George H. White la aparente contradicción aparece resuelta. Escribe desde un punto de vista europeo y mediterráneo, desde un universo de síntesis donde la herencia de la Revolución Francesa obligó a la Iglesia secular escoger entre reformarse y abrirse o enrocarse en una tradición integrista.

En la saga hay continuas referencias a la religión. El padre Altamar, capellán del acorazado Veracruz en VENIMOS A DESTRUIR EL MUNDO, reprende a Bernabé Pocaterra, comandante del buque, por su dejadez en la práctica religiosa; el cántico entonado por los valeranos al retomar el control de Valera a los ankoranos donde se afirma que el pueblo valerano, en el fondo, cree en Dios y es un pueblo religioso; la referencia a una bendición del Santo Padre en un momento simbólico como es la toma de Palestina a los sadritas y la misa en lo que fuera Belen; además de multitud de otros pequeños ejemplos. Y si no recuerdo mal ¡¡hubo un Aznar que llegó a Papa!!!

En la Saga en ningún caso hay protagonistas o actores religiosos de importancia y a religión no es fuente de conflictos en la sociedad valerana. Por el contrario, existe una identificación entre los valores sociales de igualdad y convivencia y fraternidad del cristianismo primitivo y los de la avanzada sociedad socialista valerana. Son la misma cosa.

Socialismo y valores cristianos son el refugio frente al horror materialista, competitivo, darwinista social, brutal en las relaciones de poder, despótico e insolidario de los nahumitas, de los thorbod, etc, los rivales en la serie de la sufrida humanidad terrícola. La destrucción del trono imperial de Nahum se hace con saña, con la aversión que produce la dominación del hombre por el hombre y el aplastamiento de su innata dignidad, se toma como un símbolo de la inhumanidad de ciertas formas de poder despótico: es decir el despotismo es inhumano en la visión de George H. White, siendo lo humano lo fraternal, lo racional, lo solidario, el bien común, el respeto a la dignidad.

En la reescritura de la saga, George H. White borra todo rastro del nacional-catolicismo y del falangismo estético de la primera época que él asegura se vio obligado estructuralmente a meter para curarse en salud frente a la censura. Pero curiosamente dejará todas esas referencias a esa simbiosis de catolicismo civilizado y valores socialistas. Ahí está el pensamiento de Enguídanos, su peculiar lectura personal de lo que ha de ser la moral individual y la ética colectiva en una sociedad avanzada.

A la luz de esta reflexión, el tratamiento que ofrece a los personajes como los barpturanos y los Bundo se vuelve muy especial. Se puede establecer una analogía entre bundos y budismo; es clara y manifiesta para cuantos se topan con la obra escrita, pero debemos tratar esto con cuidado. Los bundo son los científicos de la sociedad barptur. Su saber científico es el resultado de un conocimiento convergente entre la perspectiva materialista de la ciencia y la perspectiva trascendente espiritual. Los bundo están instalados en la búsqueda de ese llamado Punto Omega de convergencia entre evolución del conocimiento científico y la Fe del que hablará Teilhard de Chardin, quien por otra parte se hizo muy famoso en España en la época del Concilio Vaticano II.

Los bundo no creen en Dios propiamente: su visión es panteísta. A diferencia de los budistas son hombres que no rehuyen la acción. La acción como ingenieros, como médicos, como maestros, como astronautas, como hombres de ciencia aplicada. La demostración empírica de la existencia del alma y de su transmigración merced a las karendón ha moldeado su visión de la realidad. Y es que para los barptur el alma es algo comprobable en la práctica.

© Pedro García Bilbao,
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