Otros comics basados en la obra de Pascual Enguídanos
por José Carlos Canalda

Gracias a la gentileza de Enrique Martínez Peñaranda puedo reseñar dos breves historietas gráficas, basadas en la obra de Pascual Enguídanos, que resultan ser prácticamente desconocidas para los aficionados. La primera de ellas fue publicada en el número 18 de Selecciones de Jaimito, y está fechada en 1959. Se trata de una aventura de 10 páginas, en el formato vertical del tebeo, basada en la novela CITA EN LA LUNA, primera de las firmadas con el nuevo seudónimo de Van S. Smith y aparecida en ese mismo año. Para que no queden dudas la historieta lleva el mismo título de la novela, y en ella figuran Van S. Smith como guionista y J. M. Ortiz como dibujante.

El guión sigue bastante fielmente el argumento de la novela aunque, claro está, muy simplificado: En plena carrera espacial los rusos se adelantan a los americanos lanzando un cohete tripulado a La Luna, y éstos se apresuran a seguir sus pasos. El astronauta norteamericano aterriza justo al lado del cohete soviético, descubriendo dos cosas: Que su único tripulante es una mujer, y que ésta no puede retornar hasta nuestro planeta puesto que su cohete ha sido diseñado únicamente para el viaje de ida. La situación se complica cuando, forzados por las circunstancias a permanecer unidos, averiguan con sorpresa la existencia de una expedición anterior, también rusa, uno de cuyos dos tripulantes aparece muerto, asesinado por el otro... Que intenta hacer lo mismo con ellos.

El cosmonauta soviético afirma haber matado a su compañero para poder sobrevivir durante más tiempo aprovechando sus reservas de aire y sus provisiones, ya que su cohete está también inutilizado, al tiempo que les informa del descubrimiento de un enorme yacimiento de oro. Evidentemente, hace prisionero al americano con objeto de apoderarse de su cohete, el único vehículo capaz de volver a la Tierra. La chica finge aliarse con su compatriota, pero a la hora de la verdad ayuda al protagonista a desembarazarse de su rival; a modo de curiosidad, cabe reseñar la existencia de una viñeta muy similar a la portada de la novela, con el americano disparando al ruso con una ametralladora en el momento en que éste intenta matar a la chica.

Finalmente todo se arregla. Aunque el cohete norteamericano está pensado para transportar a un único tripulante, el acoplamiento en él de los impulsores retirados del primer cohete ruso permite obtener la fuerza adicional necesaria para traer de vuelta a ambos... Un poco apretados, eso sí, algo que no tiene mayor trascendencia puesto que a esas alturas ya se han declarado.

Más curiosa resulta la segunda historieta puesto que se trata de una aventura de Roberto Alcázar y Pedrín, los dos famosos personajes de cómic de la editorial Valenciana, basada en otra novela de Pascual Enguídanos, concretamente la titulada ELLOS ESTÁN AQUÍ. Esta novela, escrita en 1957 y firmada con el seudónimo de George H White, es una narración independiente, aunque se da la circunstancia curiosa de que, pese a no tener ninguna relación con la Saga de los Aznar, en ella aparecen unos extraterrestres que más tarde recuperaría el autor convirtiéndolos en los enigmáticos sadritas. La historieta, por su parte, fue publicada con el título de Visitantes de otro mundo en el Almanaque de 1960 de Roberto Alcázar y Pedrín. Aunque no aparece firmada cabe suponer que el dibujante de la misma fuera Eduardo Vañó, el habitual de este cómic, ya que las viñetas reflejan su característico estilo. Bastante más difícil resulta atribuir la paternidad del guión, ya que además del hecho de que fuera el propio Enguídanos el autor de las demás adaptaciones de su obra, fueron varios los guionistas que participaron en la redacción de las aventuras de estos personajes: Juan Bautista Puerto Belda, Teodoro Puerto, Jordán Jover, Federico Amorós, Pedro Quesada y Vicente Tortajada. Por analogía con las otras historias recogidas en el citado Almanaque, Enrique Martínez Peñaranda da como más probable guionista a Vicente Tortajada.

Al no tratarse de una adaptación fiel de la novela, como ocurría en el caso anterior, sino de una versión condicionada por el protagonismo de los personajes, el resultado es en esta ocasión mucho más libre en relación con el relato original y, a mi modo de ver, bastante inferior al argumento de éste. La historieta, de formato similar a la anterior pero todavía más corta (tan sólo ocho páginas), relata cómo los dos detectives españoles son invitados por un general norteamericano a participar en el vuelo experimental de un nuevo prototipo de avión de combate provisto de un motor atómico. Evidentemente la verosimilitud brilla por su ausencia, pero habrá que hacer una concesión renunciando a la misma si queremos seguir adelante. Una vez en el aire su trayectoria se cruza con la de un misterioso platillo volante, el cual se estrella poco después contra el suelo mientras dos de sus tripulantes saltan en paracaídas.

Roberto Alcázar y Pedrín, que viajaban en una carlinga auxiliar incongruentemente instalada en el alerón de cola del prototipo, saltan asimismo en paracaídas persiguiendo a los náufragos espaciales, mientras el avión retorna a su base. Los protagonistas capturan a uno de los alienígenas, que resulta ser un robot aparentemente averiado cuya cabeza hueca alberga a un pequeño pulpo, el cual todavía está vivo pero morirá poco después al ser sometido a estudio por parte de los científicos de la base aérea.

Mientras tanto otros soldados han apresado al segundo robot, el cual es llevado asimismo a la base. Pero éste, a diferencia de su compañero, está perfectamente operativo, y el pulpo que lo tripula no se muestra precisamente amistoso con sus captores: Tras pelear con ellos poniéndolos en graves apuros, escapa sembrando el caos en la instalación militar puesto que, además de ser prácticamente invulnerable a las armas terrestres, posee una pistola de luz sólida (así se afirma en el cómic, sin que el guionista se moleste en explicar a los lectores en qué consiste ese fenómeno) con la cual trae en jaque a sus perseguidores.

Finalmente un ardid de Roberto Alcázar consigue conjurar el peligro: De forma similar a como ocurre en la novela, el pulpo muerto es utilizado como reclamo para atraer al fugitivo. Aprovechando un descuido de éste, que ha abandonado momentáneamente la pistola para atender a su compañero, Roberto Alcázar se apodera de ella y lo desintegra (ésta es la afirmación textual del guionista) pese a que la luz sólida, como era bien sabido por los lectores de la Saga, no producía estos efectos. La aventura termina con el agradecimiento de las autoridades militares americanas a Roberto Alcázar por haberlos librado de tan terrible peligro, mientras Pedrín da el inevitable contrapunto cómico lamentándose por haberse quedado sin probar la salsa de pulpo.