José de Elola
(1859-1933)

Biografía

No existe ninguna historia de la ciencia ficción española que no haga referencia a José de Elola, que, nacido el 9 de agosto de 1859 en Alcalá de Henares, Madrid, comenzó a publicar textos de literatura científica (como la llamaban entonces) allá por la lejana fecha de 1914, cuando H. G. Wells se hallaba en su apogeo y otros ilustres precursores del género como Hugo Gernsback (el padre de la ciencia ficción moderna) y Edgar Rice Burroughs (autor, entre otras obras de ficción, de la conocida serie de TARZÁN DE LOS MONOS) comenzaban a dar sus primeros pasos.

No fue Elola, empero, el primero de los autores españoles que a principios de este siglo abordaron el recién nacido género literario, pero sí sería junto con Jesús de Aragón (conocido por su seudónimo de Capitán Sirius) el más destacado cultivador de la ficción científica española en el primer tercio del siglo XX, siempre firmando con el seudónimo de Coronel Ignotus.

Por aquella época, y como es fácil suponer, la embrionaria literatura científica europea estaba grandemente influida por la obra de Julio Verne, el gran maestro francés fallecido en 1905; la aplastante influencia norteamericana que todavía hoy subsiste en este género tardaría aún mucho en llegar. Sin embargo, los estudiosos de la ciencia ficción española consideran a Elola seguidor, más que de la línea científica de Verne, de una embrionaria space opera, que es el término por el que se designa internacionalmente a la variante de la ciencia ficción que cultiva fundamentalmente las epopeyas espaciales y cuyo más típico y conocido representante resulta ser la saga de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, películas por todos conocidas. Si tenemos en cuenta que Elola es contemporáneo de Burroughs, considerado como el iniciador de la space opera (su serie marciana comenzó a publicarse en 1912 y la de Pellucidar, con su Tierra hueca, en 1914, mientras la venusiana es algo posterior), no tenemos por menos que sorprendernos de ver cómo este alcalaíno escribía ya sobre unos temas que no cristalizarían en Estados Unidos hasta la década de los treinta.


Bibliografía

Para describir la importante obra literaria, dentro del género de la ciencia ficción, de José de Elola, voy a seguir fundamentalmente la HISTORIA DE LA CIENCIA FICCIÓN EN ESPAÑA, de Carlos Sainz Cidoncha, y sendos comentarios sobre este autor, firmados por el mismo Sainz Cidoncha y por Augusto Uribe, publicados en el número 104 de la desaparecida revista Nueva Dimensión, que son los trabajos más completos y exhaustivos sobre nuestro autor de entre todos los que conozco.

Corría el año 1914 cuando Elola publicó la obra de fantasía política (hoy lo llamaríamos política ficción) titulada EL FIN DE LA GUERRA, DISPARATE PROFÉTICO SOÑADO POR MISTER GREY, firmando ya como Coronel Ignotus. Como es fácil de suponer se trataba de una elucubración sobre el desarrollo de la recién iniciada I Guerra Mundial, muy en la línea de lo tratado par varios autores españoles de la época.

Terminada ya la guerra, allá por 1921, la editorial madrileña Sanz Calleja comenzó la publicación de la Biblioteca novelesco-científica, la primera colección española dedicada exclusivamente a la ciencia ficción. Curiosamente, sería Elola (o, mejor dicho, el Coronel Ignotus) el único autor de la colección, que alcanzó un total de diecisiete títulos y que, a pesar de la promesa del autor de continuar la publicación de nuevas obras a un ritmo de cuatro por año, concluyó aquí. A continuación doy la lista completa de estas diecisiete novelas, agrupadas por el autor en trilogías salvo en el caso de un grupo de dos:

Viajes Planetarios En El Siglo XXII

  • 1.-DE LOS ANDES AL CIELO.
  • 2.-DEL OCÉANO A VENUS.
  • 3.-EL MUNDO VENUSIANO.

La Desterrada De La Tierra

  • 4.- EL MUNDO-LUZ.
  • 5.- EL MUNDO-SOMBRA.
  • 6.- EL AMOR EN EL SIGLO CIEN.

La Mayor Conquista

  • 7.- LOS VENGADORES.
  • 8.- POLICÍA TELEGRÁFICA.
  • 9.- LOS MODERNOS PROMETEOS.

Tierras Resucitadas

  • 10.-LOS NÁUFRAGOS DEL GLACIAR.
  • 11.- ANA BATTORI.
  • 12.- EL GUARDIÁN DE LA PAZ.

El Crimen Del Rápido 373

  • 13.- LAS PISTAS DEL CRIMEN.
  • 14.- LA CLAVE DEL CRIMEN.

Segundo Viaje Planetario

  • 15.- LA PROFECÍA DE DON JAUME.
  • 16.- EL HIJO DE SARA.
  • 17.- EL SECRETO DE SARA.

Resultará interesante recordar los argumentos utilizados por Elola en sus novelas; lamentablemente no he podido conseguir ninguna de sus obras, por lo que estas descripciones están extraídas de los trabajos sobre la historia de la ciencia ficción española citados anteriormente.

Comencemos, pues, con la trilogía titulada Viajes planetarios en el siglo XXII, formada por las novelas DE LOS ANDES AL CIELO, DEL OCÉANO A VENUS y EL MUNDO VENUSIANO, y hagámoslo con la primera de ellas, DE LOS ANDES AL CIELO. Comienza la novela narrando la construcción de una inmensa nave espacial bautizada con el curioso nombre de novimundo; esta astronave está destinada a viajar al planeta Venus y está a cargo de María Josefa Bureba, una científica aragonesa llamada familiarmente Pepeta. Muy en la línea de Julio Verne, Elola da una detallada descripción del vehículo, que será impulsado por un nuevo elemento energético; también se describen en la trama las intrigas de miss Sara Sam Bull, comandante de la Armada Atmosférica del Imperio del Águila Bifronte del Atlántico (confederación formada por británicos y norteamericanos) y espía de su país. Continúa luego la trilogía describiendo la llegada de la nave a Venus, tras pasar por toda una serie de aventuras, y el viaje de vuelta a nuestro planeta tras abandonar allí a miss Sara a bordo de un pequeño submarino lanzado a los océanos del segundo planeta.

Pasemos ahora a la serie titulada La Desterrada de la Tierra; en la novela EL MUNDO-LUZ y luego en su continuación EL MUNDO-SOMBRA, se lee la continuación de las aventuras de miss Sara; los títulos se deben a que Elola supone que Venus siempre da una misma cara al Sol, existiendo así un hemisferio perpetuamente iluminado mientras el otro estaría sumido en una noche eterna. Se describen en estas dos obras todas las facetas de la civilización venusiana, todo ello aderezado por el amor platónico que une a la protagonista humana y al venusiano Pi Aol sin que falte el malo de turno encarnado en el doctor Nul, que siente un odio visceral hacia miss Sara empeñándose en negar la condición de ser inteligente de la misma.

Por último, la aventura finaliza con las novelas LA PROFECÍA DE DON JAUME, EL HIJO DE SARA y EL SECRETO DE SARA, agrupadas bajo el título común de Segundo Viaje Planetario. Aquí el autor imagina la llegada a Venus de una segunda nave terrestre bajo el mando de Pepeta, el rescate de la desterrada y la reconciliación de las dos mujeres. Estas novelas estaban ilustradas con unos dibujos que, según la opinión de Sainz Cidoncha, hoy resultan chocantes comparados con las ilustraciones futuristas contemporáneas; pero, como continúa este autor, ¿qué pensarán en el siglo XXII de los trajes y equipos espaciales de la ciencia ficción actual?

Repasemos ahora la novela titulada EL AMOR EN EL SIGLO CIEN, publicada en 1922, por cuanto tiene de interés su argumento, totalmente insólito en la literatura española de la década de los veinte: Inés Ramírez y Juan García, dos novios que viven en el Bilbao del año 2000, son congelados por una fuga de aire líquido permaneciendo hibernados hasta el año 10000, es decir, en el siglo C al que hace alusión el título.

Despertados por fin tras su largo sueño, los dos novios se encuentran con una sociedad oligárquica y dividida en dos castas: una elite dominante de millonarios y la numéricamente mayoritaria, pero socialmente dominada, casta de los parias, que se ven condenados a vivir míseramente.

Lo más curioso de esta obra, no obstante, resulta ser la invención del científico Roberto Mob: Un artefacto que permite obtener energía aprovechable industrialmente a partir del acto sexual humano, energía que se mediría en electrocupidios y que se obtendría a partir de las llamadas yuntas amatorias, parejas de parias a los que se les conectarían por todo su cuerpo las conducciones necesarias para extraerles la energía vamos a llamarla sexual. Las centrales eléctricas de esta sofisticada sociedad estarían formadas, pues, por un gran número de estas yuntas amatorias conectadas en serie o en paralelo, según las necesidades del momento.

Pero no se escandalicen; la sociedad española de la época (al igual que todas las europeas) era bastante puritana, y Elola no era ninguna excepción. Nada de escabroso hay en esta novela, puesto que su autor se cuida mucho de precisar que la energía es obtenida sin necesidad de llegar hasta el final, bastando con colocar frente a frente a los dos enamorados para que la energía brote a raudales de una forma totalmente platónica.

Por fin, el desenlace de la novela consiste en un escape de energía provocado por el inventor con motivo de la demostración del artefacto ante los científicos y jerarcas de todo el planeta, que se ven así invadidos por una oleada de amor puro... Y totalmente casto, ya que como única consecuencia se produce un ataque generalizado de bondad y amor al prójimo que conduce a la abolición del detestable sistema oligárquico y a la supresión de la casta de los parias, que a partir de entonces serán considerados como auténticos seres humanos.

No resulta nada fácil extraer conclusiones sobre un autor cuyas obras sólo conozco a través de comentarios, pero a pesar de todo voy a intentar reflejar todo aquello que los estudiosos de la ciencia ficción han considerado interesante.

Así, se acusa a Elola de escribir unas novelas de trama bastante simple y francamente farragosas en cuanto a su lectura, y probablemente sea cierto de acuerdo con nuestros criterios actuales. Pero conviene no olvidar que la ciencia ficción es un género joven que ha evolucionado mucho desde sus primeros inicios en las décadas iniciales de nuestro siglo, y que lo que hoy nos parece ilegible gustaba en la época en que fuera escrito... Amén de que estas mismas críticas podrían hacerse a monstruos tales como Burroughs o Wells, escritores cuyo interés histórico es enorme pero que hoy se encuentran totalmente anticuados. Las novelitas de Elola gustaron, y mucho, en su época, alcanzando tiradas de decenas de miles de ejemplares y hasta tres ediciones.

También resulta patente la anglofobia de Elola, por otro lado fácilmente explicable: Él era militar y fue el autor de las fortificaciones de la ciudad de San Juan de Puerto Rico poco antes de que la guerra hispano-norteamericana de 1898 diera al traste con los últimos restos del imperio colonial español. Como militar, y como nacido en una época de moral puritana (nacido en 1859, en los años veinte pasaba ya de los sesenta años de edad), tampoco es de extrañar que sus novelas sean socialmente conservadoras, aun cuando argumentos tales como el relatado en EL AMOR EN EL SIGLO CIEN, con todo su idealismo, hacen de pensar en este aspecto; muy pocos escritores de su época (e incluso de épocas bastante posteriores) se hubieran atrevido a insinuar siquiera el menor atisbo de sexo en sus obras.

Elola fallecería en Madrid en 1.933, y al menos que yo sepa, y sin desmerecer los relatos de Don Santiago Ramón y Cajal, es el único escritor español de ciencia-ficción que tiene una calle dedicada en su ciudad natal, en concreto, una plaza en Alcalá de Henares.

© José Carlos Canalda, (1.788 palabras) Créditos

Terciando acerca del Coronel Ignotus

Mi primero, y también el último, contacto con las novelas del Coronel Ignotus tuvo lugar durante las vacaciones de 1.934 y 1.935 cuando las leí y releí obteniéndolas en préstamo de una pequeña biblioteca pública instalada por una asociación benéfica, desaparecida poco después junto con los libros.

Tan singularmente atractivas me resultaron que, aparte de conservar un vivo recuerdo de ellas, me dediqué a buscarlas cuando tuve ocasión, aunque no encontré ninguna, quizá por falta de orientación y también de tiempo, ni tampoco quien supiera de él.

Iniciado en Internet hace no más de un par de meses, recurrí a él indagando información sobre dicho autor y tras varios resultados decepcionantes en varias librerías, tuve la gran suerte de contactar con la AEFCF. Esta fue la primera cereza, tirando de la cuál fui conociendo detalles biográficos y críticos acerca de la persona y las obras de don José de Elola, sobre todo mediante las noticias proporcionadas por Eduardo Vaquerizo en su Breve historia de la CF española quien le considera como una de las tres grandes figuras de tal género literario, las referencias a lo escrito por Carlos Sainz Cidoncha y Augusto Uribe y, más particularmente, el estudio realizado sobre dicho autor por José Carlos Canalda.

Ha sido la lectura de este último trabajo la que me ha movido a comentarlo mediante las siguientes puntualizaciones.

Comenzando por la trilogía VIAJES PLANETARIOS EN EL SIGLO XXII, no se si en algún momento se aplicaba la denominación de novimundo a la nave espacial, pero lo que sí recuerdo es que se la llamaba repetidamente autoplanetoide en razón a su forma esférica, elegida por la aragonesa que la había proyectado con el nada desdeñable argumento de que, siendo su misión fundamental viajar por un espacio carente de atmósfera, convenía adaptarla a la común de los cuerpos celestes. Pero de acuerdo con la descripción que del mismo hace el novelista, no se trata de una nave espacial sino más propiamente de lo que hoy llamaríamos estación orbital aunque habida cuenta de su capacidad para moverse a voluntad de sus tripulantes, quizá le conviniera el nombre de estación espacial.

Su tamaño era tal como para albergar una pequeña ciudad construída sobre el plano ecuatorial, con calles y alguna plaza, los consiguientes edificios y todos los servicios complementarios.

La energía impulsora de tal artefacto era suministrada por un material llamado cinetorio resultante de someter a determinado tratamiento el torio obtenido previamente en unos yacimientos situados en la cordillera andina. Tal manipulación permitía acelerar a voluntad la desintegración radiactiva del torio, transformándole así en un motor atómico a reacción.

En cuanto a la serie LA DESTERRADA DE LA TIERRA, resulta curiosa y hasta apasionante la lectura de los medios utilizados por dicha desterrada, miss Sara, (la mala del primer tomo), para que los venusianos supieran de su inteligencia. Porque su primer contacto con ellos fue sólo visual cuando emergida a la superficie del mar y desde la cubierta del pequeño submarino donde había sido abandonada, revestida aun de una escafandra con el correspondiente casco dotado de gruesos cristales circulares ante los ojos, divisó otro submarino de gran tamaño a cuyos tripulantes hizo señales demandando auxilio. Pero antes de su llegada, descendió al interior de su embarcación donde se despojó de la escafandra. De ese modo cuando los venusianos entraron en aquélla se dedicaron a buscar por todas partes al extraño ser de voluminoso cuerpo y grandes ojos que parecía pedir su ayuda, pero hallando únicamente a un raro ejemplar de menguada estatura, frágil apariencia y ojos diminutos, al que en una primera hipótesis consideraron simple animal de compañía del otro.

Pero la norteamericana logró persuadirles muy ingeniosamente de su condición racional, comenzando por señalarse varias veces con el índice a ella misma y repitiendo la palabra Sara, tras de lo cuál, volviéndose al que parecía estar al mando de los otros le apuntó con la mano al tiempo que le dirigía una mirada inquisitorial. Éste dijo Pi Aol y entonces ella indicó a otro y dijo con tono afirmativo Pi Aol. El tal Pi Aol la interrumpió inmediatamente diciendo kas, kas, vocablo que miss Sara entendió como el adverbio nó. Prosiguió su indagación insistiendo en señalar a ese otro al tiempo que decía Pi Aol kas para volverse luego hacia el jefe diciéndole con tono interrogativo ¿Pi Aol? y oyendo como respuesta otra voz monosilábica que he olvidado, interpretada por la dama como la afirmación sí.

Seguidamente miró a aquél con los ojos abiertos y afirmó Pi Aol sí. Luego los cerró y dijo Pi Aol nó. Después de repetir varias veces semejante maniobra, uno de los venusianos acabó entendiendo su significado y dijo oni y aproximándose a ella la apuntó a uno de sus ojos diciendo on. La escena continuó con esta frase de la desterrada on Sara oni Pi Aol (el ojo de Sara ve a Pi Aol) y de ese modo prosiguió su aprendizaje del idioma venusiano que dominó hasta el punto de dar una conferencia en la Academia de Ciencias de Venus.

No obstante el Sr. Elola se permitió redactar todo un capítulo haciendo chanza a cuenta de que la expresada miss Sara, además de su condición de científica había obtenido el primer premio en un concurso de belleza femenina. Y es que los venusianos, apenas arribados a una ciudad portuaria la condujeron a su hospital donde, previa anestesia, la reconocieron minuciosamente de arriba a bajo y tanto por dentro como por fuera, emitiendo a seguido el correspondiente informe en el que salía muy malparada desde el punto de vista de aquellos extraterrestres quienes, por ejemplo, consideraron como deficiencia que toda su piel tuviera vello según reveló el examen microscópico y, aun más grave imperfección, la presencia tras la boca de una primera cavidad compartida por los sistemas respiratorio y digestivo, lo que nosotros llamamos faringe. El tono de humor adoptado por el Sr. Elola para redactar tal informe guardaba cierta semejanza con el inventario hecho por los liliputienses de las pertenencias de Gulliver en la novela de Jonathan Swift.

En su descripción de ese planeta se permitió nuestro Coronel una licencia que, no obstante mis dieciséis años de edad y mi aun escasa formación literaria, me pareció desafortunada. Consistió en afirmar que los océanos de Venus estaban constituídos por agua dulce, pero no en el sentido que utilizamos para diferenciar la marina de la fluvial, sino aplicando tal calificativo según la primera acepción con que viene definido en el diccionario de la Real Academia, es decir que se trataba de agua dulce porque llevaba disuelta gran cantidad de azúcar.

Por lo que atañe a la serie LA GRAN CONQUISTA tenía como fondo la construcción en el desierto del Sahara, al norte de la cordillera del Ahggar, de una central productora de electricidad utilizando la energía solar mediante la colocación de grandes paneles que al aprovechar íntegramente dicha energía, originaban el curioso efecto de que la temperatura bajo ellos fuese casi la del cero absoluto, lo que venía muy bien al autor para dar muerte al malo de la obra.

Y en el tomo titulado POLICÍA TELEGRÁFICA, en realidad radiotelegráfica, de la mencionada serie, el Sr. Elola daba todo un curso de criptografía así como del método a seguir para descifrar claves secretas.

Pasando a la serie TIERRAS RESUCITADAS, todo su argumento gira en torno a la invención por el bueno de un dispositivo capaz de desintegrar los átomos, pero no al modo del uranio 235 que en realidad se destruye a sí mismo por fisión nuclear, sino induciendo en ellos una carga electromagnética capaz de liberar sus electrones y lanzarles al espacio donde se difundían entre los que componen la atmósfera, originando simultáneamente análogo comportamiento liberador en los protones del núcleo.

Tal resultado se obtenía mediante la emisión de dos radiaciones de diferente naturaleza, cada una inoperante por sí sóla, pero que actuaban sin embargo al coincidir simultáneamente sobre el objeto elegido como blanco haciéndole desaparecer en unos segundos. El protagonista situaba un emisor en el extremo de cada ala de su avión con un dispositivo que le permitía moverlos a voluntad desde su puesto de piloto, de suerte que le bastaba apuntar ambos a cualquier objeto y activarlos seguidamente para producir la desintegración del mismo. Su primera manifestación aparece, según yo recuerdo, en la novela titulada LOS NÁUFRAGOS DEL GLACIAR a quienes defiende del ataque de un oso blanco desintegrándole. Después, al mando de todo un grupo de aviones así pertrechados se erigió en guardián de la paz obligando a dialogar a las naciones en conflicto mediante la amenaza de destruir su armamento.

Pasando ahora al par de novelas englobadas bajo el título EL CRIMEN DEL RÁPIDO 273, que tenían más de policíacas que de ciencia-ficción, lo que recuerdo de ellas con toda precisión es cómo para designar el oficio de su protagonista, rechazaba de plano D. José, arrastrado por su anglofobia, el empleo del vocablo detective por su origen inglés y asimismo el de policía, pues aunque éste figuraba ya en nuestro idioma, no admitía para él otro significado que el primero con que actualmente se le define en el diccionario de la Real Academia, a saber, Buen orden que se observa en las ciudades y repúblicas..., acaso recordando que así se le utilizaba ya en las Ordenanzas Militares promulgadas por Carlos III, vigentes en nuestro ejército hasta bien entrada la mitad del presente siglo, uno de cuyos artículos decía que en el cuidado de sus armas y en la policía de su ropa se reconoce al buen soldado. Descartados pues ambos nombres, se adentraba el Sr. Elola en disquisiciones lingüísticas sobre cuál sería el más indicado, para acabar adoptando un verdadero palabro de su invención, pesquisidor, que no consiguió popularizar.

Muchos años más tarde, cuando los franceses lograron que un tribunal internacional prohibiera a los bodegueros andaluces el uso de la palabra coñac para designar a esa bebida, tan común junto con el anís a la hora del café, no pude por menos de recordar a Ignotus a la vista de las soluciones ofrecidas en sustitución de coñac. Ninguna prosperó y hasta una de ellas, Jeriñac, que trataba de conjugar el nombre de la ciudad española especializada en la elaboración de tal aguardiente, con la última sílaba de su equivalente gala, motivó chistes como el que relato:

    Cuando el camarero situado tras la barra de la cafetería ve acercarse a un individuo le pregunta:
    -¿Qué desea el señor?
    El otro responde:
    -Jeriñac.
    Y el camarero replica:
    -Al fondo, la última puerta a la derecha.

En lo escrito por José Carlos Canalda en relación con otra obra del coronel, la titulada EL AMOR EN EL SIGLO CIEN, uno de los párrafos se inicia con la frase Pero no se escandalicen..., clara muestra de que lo dice un joven educado en la mentalidad imperante a final del año 1.999, al que he de decir que mi madre, gran lectora y compradora de libros sobre todo antes de su matrimonio, leyó también EL AMOR EN EL SIGLO CIEN cuando yo lo llevé a casa y se escandalizó sobremanera, hasta el punto de afirmar que de haberla visto antes que yo, entonces con quince años de edad, me habría prohibido leerla, añadiendo que no comprendía como figuraba entre las ofertas de una asociación católica. ¡Y eso a pesar de que vivíamos en la República instaurada el 14 de abril de 1.931 y aun faltaban casi dos años para la sublevación del 18 de julio de 1.936!

Me referiré ahora a la materialidad de los libros que yo leí. Su formato era, más o menos, de 26 por 17 centímetros, acostumbrado entonces por editoriales como la Molino, estaban impresos a dos columnas y creo recordar que en rústica. En cuanto a sus ilustraciones, ese calificativo de chocantes que Sainz Cidoncha aplica a las puestas en las novelas del Coronel Ignotus y que deduce de su comparación con las actuales, también lo apreciamos mi madre y yo pero no con tal vocablo. A ambos nos parecieron malas, por no decir horrendas. Acostumbrados como estábamos a las que adornaban las novelas de Emilio Salgari publicadas por la Editorial Calleja y a los primorosos grabados de las de Julio Verne, amen de las confeccionadas por un tal Méndez Bringa para novelas rosa, las de Elola consistían en simples dibujos toscamente silueteados, cuyo origen acaso pudiera hallarse en parvedad de medios económicos a la hora de contratar a su diseñador, o porque atendida la novedad argumental que suponían, se pensó en cambiar los esquemas al uso, o quizá también por el creciente auge de las vanguardias pictóricas con Picasso al frente de ellas.

Y ahora haré mi particular crítica literaria de las obras del Coronel aunque sea con el único apoyo en mis recuerdos, sin perjuicio de confirmarla, ampliarla o incluso rectificarla cuando, de acabar con éxito las bien encaminadas gestiones que tengo en curso para obtenerlas, haga nueva lectura de las mismas.

Existe una opinión según la cuál se acusa a Elola de escribir unas novelas de trama bastante simple y francamente farragosas en cuanto a su lectura, y probablemente sea cierto de acuerdo con nuestros criterios actuales. Pero conviene no olvidar que la ciencia ficción es un género joven que ha evolucionado mucho desde sus primeros inicios en las décadas iniciales de nuestro siglo, y que lo que hoy nos parece ilegible gustaba en la época en que fuera escrito.

Por su parte José Miguel Pallarés en su mensaje de respuesta a mi solicitud de datos sobre al identidad del Coronel Ignotus dice literalmente: No era un escritor de prosa fácil. Complejo, lleno de notas con mucho tecnicismo y párrafos inacabables sin tan siquiera un punto y seguido.

Antes de emitir mi propio juicio comenzaré preguntando. ¿Qué se entiende por prosa fácil? ¿Lo es la de García Márquez en CIEN AÑOS DE SOLEDAD con páginas y páginas sin un sólo punto y aparte, o la de Alejandro Solschenitzin en ARCHIPIÉLAGO GULAG?. y ¿Qué decír de nuestro Fernando Arrabal? Incluso el propio QUIJOTE en su primera edición, la hecha en 1.605 en la imprenta de Juan de la Cuesta, carece totalmente de puntos y aparte sin que ello obstara a que ese mismo año se imprimieran hasta otras seis ediciones más.

Relativamente a la técnica narrativa, basta recordar la adoptada por Aldous Huxley en UN MUNDO FELIZ con sus bruscos e imprevisibles cambios de personas dialogantes o la semejante de Mario Vargas Llosa en PANTALEÓN Y LAS VISITADORAS, para ver cuan variada puede ser sin que merezca por ello el calificativo de ilegible. El caso es que en cuanto conservo en la memoria, sólamente puedo decir que leí las novelas de nuestro Coronel sin ninguna dificultad, sin que recuerde tampoco la existencia de la denunciada profusión de notas a pie de página, aunque también es cierto que si tales notas se referían a la radiocomunicación las miraría con el mismo deleite puesto en la lectura de una revista para radioaficionados que, no obstante su precio de dos pesetas, únicamente compraba cuando disponía de semejante suma de dinero, con lo cuál me pasarían prácticamente desapercibidas.

Además estimo necesario subrayar que esa unanimidad con que se califica a la prosa de Elola de farragosa, ilegible y difícil, es más aparente que real, pues interpretando las diversas comunicaciones recibidas he llegado a la conclusión de que únicamente le han leído dos de tales críticos, limitándose los demás a repetir lo dicho por aquéllos.

También he podido ver la afirmación de que Ignotus carece hoy de interés como escritor de ciencia ficción porque los fundamentos científicos utilizados en sus novelas están hoy ampliamente superados. ¡Toma! ¡Y también los de Julio Verne! sin que ello haya impedido sucesivas reediciones, (últimamente lo ha hecho en España una organización tan seria como es El Círculo de Lectores incluso reproduciendo en facsimil los grabados de su primera edición), y continúe siendo considerado como un verdadero santón dentro del género.

Criticar así a Ignotus supone ignorar que cualquier producto humano debe ser valorado situándole en el tiempo histórico en que se produjo y no desde diferente perspectiva, según explicó Ortega y Gasset en el Prólogo Para Ingleses de LA REBELIÓN DE LAS MASAS.

Hasta he llegado a leer que la obra de Ignotus ha perdido cualquier mérito que en su tiempo pudo alcanzar, a causa de que sus ideales patrióticos y religiosos han perdido toda vigencia en el mundo de hoy. Según tal modo de ver las cosas, habría que desechar también cuanto escribieron Santa Teresa y San Juan de la Cruz, por la única razón de que actualmente ya no hay místicos ni ascetas.

Lo efectivamente ocurrido con don José de Elola, según yo lo entiendo, es que tuvo la mala suerte de alinearse en el bando repudiado por la progresía intelectual. Si en vez de coronel del ejército, hubiera sido por ejemplo un periodista de ideario comunista o socialista o simplemente republicano, hoy le glorificarían esos mismos que le censuran.

Y mañana hablaremos del gobierno.