Lois Mcmaster Bujold
(1949)

Biografía

bujoldlm.jpg

¿Le gusta a usted Lois McMaster Bujold? A mí sí. Parafraseando a Lem, ni me jacto de ello ni lo confieso: me limito a reconocerlo. Me gusta leer las novelas de la serie de Vorkosigan, al igual que me gustan muchas otras cosas. Encuentro que no están mal escritas, son amenas, no tienen una excesiva tendencia a insultar la inteligencia del lector, y su protagonista es delicioso: un enano contrahecho, esquizoide e hiperactivo, un personaje que podría pasar sin dificultades a la memoria colectiva del género.

¿Y todo esto a qué viene? Pues a que Bujold es para algunos una especie de nuevo Asimov. Se la acusa de no escribir bien, de que sus novelas carecen de contenidos, de que sus personajes son sosos... Según sus detractores, cada nueva obra de la serie no es más que un nuevo episodio onanista, una repetición de clichés y tópicos de lo peor del género. Reconozco que en ocasiones he comprado su último título publicado como quien se compra un paquete de pipas, algo que uno compra para pasar el rato. Por lo habitual los disfruto enormemente.

¿Hay algo malo en ello? Quiero decir que no tengo ningún inconveniente en que una autora escriba una serie de libros que puedan considerarse ligeros, de puro entretenimiento. Por ejemplo, en la antología anual de los premios Nebula de 1988, Ian Watson se lamentaba de que la novela ganadora, EN CAÍDA LIBRE, era para adolescentes; mientras otros autores escalaban picos gigantes, Bujold subía una simple colina. Tampoco veo necesario que cada nueva obra de la ciencia-ficción sea una superación constante: se trata de escribir ciencia-ficción, no de iniciar una carrera de armamentos. Quizás Bujold se supere a sí misma, simplemente. En mi opinión es una escritora que ha ido mejorando gradualmente en cada obra publicada, aunque las últimas, por ejemplo RECUERDOS, no tengan la calidad que esperaba de ellas. Sin haber escrito ningún hito incomparable de la ciencia ficción, Lois McMaster Bujold ha acumulado desde su irrupción en el género tres premios Hugo, dos premios Nebula y dos premios Locus, todos en la categoría de novela. Es decir, parece existir cierto consenso entre los aficionados y sus colegas escritores en que las obras de Bujold no están tan mal, aunque por otra parte los premios no constituyen per se un marchamo de calidad.

Para mí, toda esta polémica es otro episodio de una vieja historia, la de las series de ciencia-ficción comerciales. En el fondo lo que se le reprocha a Bujold, igual que se le ha reprochado a tantos otros autores, es que escribe una serie de ciencia ficción comercial y popular. Pero vende, señores, por mucho que les pese. Si su fórmula no tuviese éxito, no seguiría escribiendo esa serie. Creo además que muchos podrían aprender de esa prosa aparentemente sencilla y esos argumentos simplones de Bujold, Asimov y tantos otros. Sin pretender revolucionar el género con cada palabra, algunos de estos autores lo mejoran día a día. Sus obras no están tan mal escritas; las hay mucho peores. Porque aunque parezca mentira, comer y hacer una ciencia-ficción de calidad no son cosas mutuamente incompatibles, y algunos críticos olvidan que desde sus comienzos la ciencia-ficción ha sido un género de entretenimiento. Las revistas pulp no eran otra cosa que publicaciones escapistas de portadas fantasiosas y relatos aún más fantasiosos, muchas veces en forma de series. Poco a poco su calidad aumentó hasta que en los años 40 se llegó a la Edad de Oro del género; en los años 50 y 70 se experimentaron nuevas revoluciones en la temática y la forma, y en los años 80 surgió la revolución del cyberpunk. Quizás las obras de Bujold y otros autores para adolescentes no lleguen a la categoría de Literatura, pero son una base necesaria y entretenida para la siguiente revolución. Y quizá estemos ya asistiendo a ella.

© Jacobo Cruces Colado, (769 palabras) Créditos

Bibliografía