Introducción

Mi impresión sobre Ángel Torres Quesada es la de que se trata de un escritor muy sagaz. Sagaz porque gracias a ese estilo incomparablemente cercano y desprejuiciado que es el de su literatura es capaz de hacernos creer que cuenta más cosas de las que realmente cuenta. Sagaz porque se atreve a parir auténticas sagas de larga extensión, en un país en el que las sagas de larga extensión brillan por su ausencia. Y aquí puedo volver sobre uno de los temas recurrentes de nuestro mundillo de la ciencia-ficción hispana.

Como el propio Quesada, sin ir más lejos, denuncia en un buen artículo suyo aparecido en el número 4 de la revista Pulpmagazine, los escritores de ciencia-ficción de nuestro país, no sabe muy bien el mismo articulista si por voluntad propia o por imposición ajena, se ven constreñidos habitualmente al pequeño formato, pilotando y llevando a buen puerto en contadísimas ocasiones proyectos amplios, léase novelas, y no hablemos ya de series de novelas. Si esto está cambiando paulatinamente en los últimos tiempos, gracias a las facilidades que da el acceso a Internet y el nacimiento de pequeñas empresas editoras como setas, es otro cantar. Ya veremos. Pero el caso es que sagas, series continuadas o trilogías como ésta... haberlas, haylas, pero pocas. Para el gaditano no parecen existir estas barreras, cualesquiera que sean. Ni vacila ni se arredra ante el reto de escribir páginas y más páginas, poniendo en danza multitud de personajes que se entremezclan y relacionan con desparpajo...

© Iván Olmedo
(285 palabras) Créditos