El nacimiento de una nación
por Ángel Torres Quesada
Cartel original de la película
Cartel original de la película

En la biblioteca de la Casa Americana, sita en la plaza del Palillero, que a mediados de los cincuenta era conocida como la del General Valera y ahora vuelve a llamarse como siempre, plaza del Palillero, encontré un libro que hablaba de cine. Estaba en inglés, pero tenía tantas fotografías que me lo llevé a una mesa y empecé a ojearlo. En cada página había un par de ilustraciones y al pie una breve reseña en la lengua de Shespi sobre la peli a la que hacía referencia, sencilla de traducir para mí con lo que yo ya había aprendido de este idioma en la Escuela de comercio. Casi todas las películas reseñadas eran americanas, pero había algunas de otros países, como METRÓPOLIS. Del libro llamaron mi atención varios títulos, que sería largo de enumerar, pero entre ellos destacaba la película EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN, de un tal Griffith, rodado en 1915. La foto mostraba la panorámica de una batalla de la Guerra Civil americana. Fue mi primer encuentro con este filme, del que hasta aquel día no había oído hablar.

Años más tarde, cuando en la única televisión que teníamos en España puso una noche esta peli, no me la perdí, tanto era mi interés por conocer por qué EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN había recibido el honor de haber revolucionado el cine en la segunda década del siglo pasado, mérito que ningún crítico discute. Esa noche, cuando el final se aproximaba, me vi obligado a considerar que los halagos a la obra de Griffith estaban motivados más por la estética que por el contenido, por su mensaje. Hoy en día nadie pondrá en duda lo que aportó su director a la industria, que marcó un antes y un después en el seno del incipiente emporio cinematográfico. Pero la historia que se cuenta en EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN hoy en día sería etiquetada como políticamente incorrecta, como una exaltación racista y una revisión histórica partidista, aunque no hasta el nivel de lo que subyace en la también mítica LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, pero casi.

Su director, David W. Griffith, la rodó en 1915. Los guionistas fueron el mismo Griffith y Frank E. Word, que se basaron en la novela del mismo título de Thomas F. Dixon. La protagonizaron Lilian Gish, Mae Marsh, Henry Walthakll y Mirian Cooper.

Alguien lo va a pasar muy mal...
Alguien lo va a pasar muy mal...

Fue la película más larga de la época, 158 minutos, una duración que superaba en mucho a los filmes al uso. El argumento, en síntesis, es el siguiente, pero antes hagamos hincapié en que, como película muda, la inclusión de textos resulta imprescindible para conocer la trama, y uno de ellos es francamente elocuente de lo que vamos a ver. Al principio, tras la escena de la venta de un esclavo, se puede leer que la llegada del primer negro a América instauró la semilla de la desunión. ¿Les suena la excusa, el artero argumento con el que se exonera a los esclavistas sureños? Vamos, que por entonces, cuando se rodó la película, el problema de la trata de esclavos la tuvieron otros, no lo que se beneficiaban de ellos. Algo parecido se puede apreciar en LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ. En EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN se cuenta la historia de dos familias, una sureña, los Cameron­, y otra nordista, los Stoneman, que no desperdicia una secuencia del filme para pregonar que todos los hombres son iguales. Los Cameron­ no llegan a tanto en su actuación, pero se presentan como gente comprensiva y noble en el trato con sus esclavos. Para abreviar, el Sur pierde la guerra y el Cameron­, que un buen día se fue a pelear por la gloria de la Confederación, regresa derrotado al hogar, resignado a la pérdida de su romántico mundo. En el camino es testigo de un incidente, en apariencia inocente, en el que unos niños blancos asustan a un niño negro cubriéndose con una sábana blanca y disfrazados de fantasmas lo asustan. Lo que ha visto a Cameron­ le inspira para organizar el Ku-Klux-Klan para limpiar el honor de los derrotados sureños y defenderlos de las depravaciones a que los someten los soldados negros de la Unión que acampan a sus anchas por los estados derrotados.

No tengo ni idea de quienes fundaron semejante logia, pero en la película es el ex oficial Cameron­ quien la organiza, pero no pone a sus miembros el conocido capirote, sino la capucha que cubre con un casco de acero rematado con un pincho al estilo prusiano.

El final de la película no puede ser más épico como esperpéntico e irritante. Sucede que una compañía de ebrios soldados negros invade el pueblo donde residen los Cameron­ y empieza a cometer tropelías, robos, desmanes y... Si no se muestran violaciones, ni se sugieren, tal vez fue debido a que el hecho de un ultraje cometido por un negro contra una damisela blanca ya era demasiado. El remate es cuando los miembros del Ku-Klux-Klan son alertados y un pelotón de ellos se dirige raudo en sus monturas para auxiliar a sus paisanos. El resto, quienes no hayan visto la película, se lo pueden imaginar. Los valientes voluntarios de la secta dan una lección a los negros, ponen en fuga a los que no liquidan, el pueblo los reciben como héroes y aquí paz y allá una mijita de gloria.

Guerrilla urbana
Guerrilla urbana

Sí, es cierto que a Griffith se le deba haber creado un concepto revolucionario del cine, pero... Bueno, mejor obviar el mensaje de su película. Si puede, si quieren entender mejor lo que digo, procuren ver la película. Ya me contarán, y qué opinarán cuando se den cuenta de que los extras que nutren la compañía de soldados negros con blancos tiznados. ¿Otra muestra más del racismo que encierra, que no lo oculta?

Es cierto que no he hablado tampoco esta vez de ciencia-ficción, pero les prometo que para siguiente lo haré. Tal vez lo haga con 1984, de Orwell, que seguro ha leído todo el mundo, esa novela en la que el protagonista trabaja en una especie de ministerio de propaganda y su labor consiste en corregir los periódicos y las noticias que en ellos inserta el gobierno, como que cuando rebajan la ración mensual de chocolate de dos onzas a una onza, en las hemerotecas el negro sobre blanco afirma que el Gran Hermano ha elevado la ración porque antes sólo se daba media onza al sufrido ciudadano. O vasallo.

Y todo el mundo se lo creía.

Ángel Torres Quesada,
(1.094 palabras) Créditos