Sobre WYHARGA (no confundir con la píldora azul, ojo)
por Ángel Torres Quesada
Wyharga

Recién aparecida en el mercado este de nuestras entretelas la reedición de Timun Mas de la Trilogía de las islas del infierno, caí en la cuenta de que debía incorporar un comentario sobre WHYARGA a las tres memorias anteriores, enviando este recuerdo un poco al pasado, para que se uniera en orden cronológico a sus parientes más cercanos. De paso hice un examen a la no concluida segunda trilogía, que esta novela debía inaugurar y que, por azares del destino, y en parte por mi culpa, no llegó a materializarse. Como ustedes bien saben, nadie es perfecto y a menudo las ocasiones se dejan escapar, aunque no sea la intención de uno. Lo cierto es que en mi mente había quedado una buena cantidad de mimbre para hacer otro cesto, incluso tres.

Al contrario que en otras ocasiones, que se me ocurre el nombre de la novela al final, para los nuevos títulos ya tenía pensado los de WYHARGA, ANKAR y LOS ORÍGENES. Cuando ya tenía la primera novela casi terminada, Salvat fue vendida a una editorial franchute, y luego revendida, junto con todo su fondo editorial, a un personaje digno de campear a sus anchas por esos caminos de Sierra Morena, con trabuco en ristre y navaja al cinto. Lo que en plata significa que de este blanco metal no volví a ver ni un gramo. O, de otra forma, hacer hincapié en que de porcentajes por ventas a percibir si te vi no me acuerdo. Y eso que la trilogía se vendió que daba gusto, como me reconoció la editorial antes de irse al traste, que ya es raro que lo reconozca.

Pues me encontré con WYHARGA en el chungo disco extraíble del vetusto Amstrad, que aún no lo había cambiado por otro ordenador más moderno.

La novela en cuestión se la envié a Miraguano, que aún andaba publicando su colección de ciencia-ficción, Futurópolis. Se publicó en 1993 y presentada en Gijón de ese año, no en la Semana Negra, que no sé si por aquella fecha ya existía, sino en la Hispacón que se celebró allí después de la de Cádiz el año anterior. Lo de presentarse habría que matizarlo, porque el editor sólo llevó consigo unas portadas porque la imprenta se había retrasado en la entrega. Por ello, hicimos trampa, pequeña pero trampa. Una portada la pusimos sobre otra novela de la colección y así la mostramos a los que se sentaron frente a nosotros, a ver qué era eso de WYHARGA. Recuerden que en ese año aún no estaba la viagra en el mercado y nadie acudió allí atraído por el morbo. La mayoría ya sabía de lo que iba el asunto, pues había leído la trilo, como comprobé por los comentarios.

No sé por qué, si debido a la deficiente distribución, o al error que yo cometí, que luego lo explicaré, esta novela no se vendió tan bien como sus antecesoras. Como no había cobrado un anticipo, la liquidación que al cabo del año y pico recibí, no me alegró el día, como cabía de esperar. Yo creo que algunos editores, mirando por mi salud, para que no me diera un infarto, hacían las cuentas del Gran Capitán para que la sorpresa que yo recibiera no dañara mi corazón, porque me asombraría ganar más de lo que como mínimo había calculado que cobraría, y no al revés, y recibir una liquidación sustanciosa podía caerme fatal. Pero bueno, como este cuento ya lo he contado, sigamos.

Pero antes explicaré lo que no tardé en descubrir que fue un error por mi parte, que lo achaco a que titulé la novela WYHARGA, cuando debía llamarla LAS ISLAS DE LOS WYHARGAS, o algo parecido, pero que en la portada apareciera la palabra islas. Por lo tanto, la segunda debió llamarse LAS ISLAS DE ANKAR, y la tercera LAS ISLAS DE LOS ORÍGENES. En Gijón, al editor le sugerimos un amigo y yo que pusiera una bandita de nada en la novela, explicando que era la continuación de la ya celebérrima trilogía, a lo que se negó en rotundo, supongo que por cabezonería, o porque cada pedacito de papel añadido le iba a costar unas pesetas más. No lo sé. Misterios que te da la vida.

Como nunca he tenido demasiadas dotes adivinatorias, no esperaba que la venta de WYHARGA no cubriera las expectativas mínimas y me lancé a escribir la segunda parte de la segunda trilogía: ANKAR. Creo que llegué a la página 50 ó 60, no estoy seguro. El caso es que la aparqué, entre otras razones porque tenía que dedicarme a otras empresas más provechosas. Meses más tarde, cuando la retomé ya tenía en mis manos la liquidación de WHYARGA y se me quitaron las ganas de continuarla.

De WYHARGA sólo leí una crítica en un fanzine. Quizás había más, pero no las encontré. Por aquellos años había sequía de revistas de aficionados y no existía ninguna revista profesional, ni que medio lo fuera. No recuerdo quién era el autor de la opinión, pero me hizo gracia un par de anotaciones suyas, en una diciendo que yo complicaba demasiado la trama, aunque se entendía, y en el otra afirmaba que, después del éxito de la trilo, no hacía falta que yo escribiera una continuación. Sin comentarios.

Pues mira que si la novela con este título se llega a publicar años después, cuando la milagrosa pastillita azul ya acampaba a sus anchas, el pitorreo que se forma. Aún hay personas que me preguntan cómo se me ocurrió ese nombrecito para designar a la casta de guerreros al servicio de los redimidos ankaris. Con algunos me he tomado la molestia de explicarlo, y creo que con ustedes es un deber por mi parte. En mi carrera he tenido que inventarme cientos de palabros, y el día que tenía que bautizar a los miembros de las legiones conquistadoras, con sus charreteras al hombro, barajé varias variantes, partiendo de los boyardos rusos. Cuando llegué a la conjunción de whyarga, me dije que podía valer.

Como colofón, permítanme que comente una anécdota, si por tal se puede calificar. Cuando vi la película STARGATE me dio un respingo contemplar a los soldados egipcios con máscara de Anubis desarrollar de la nada, o de su casco o de su hombrera, una especie de armadura. Joder, pensé, pero si esto es lo que hacían los whyargas. De ningún modo voy a atreverme a pensar que me plagiaron el invento, porque no voy a creerme que mi novela la leyera el guionista de la película que más tarde se convertiría en una serie televisiva. Soy un poquito presuntuoso, pero no tanto. Pero en mi vida como escritor me han ocurrido casos parecidos, en temática y en trucos utilizados por mí para el desarrollo de la trama. Algunas de estas coincidencias las iré desgranando poco a poco en otras Memorias­.

Si me acuerdo de la promesa que acabo de hacer.

Ángel Torres Quesada, (1.157 palabras) Créditos