ALIADO DE LA TIERRA (6, 28)
Portada primera edicion

Esta novela, con la que terminan tanto el tomo 28 de la edición de Robel como la propia edición del Orden Estelar, fue publicada por vez primera con el número 6 de la colección Galaxia 2000, firmada curiosamente no con el seudónimo de A. Thorkent sino con el antiguo de Alex Towers, rescatado por Ángel Torres para esta colección. Se da asimismo la circunstancia de que, pese a que originalmente la narración estaba ubicada cronológicamente en el período correspondiente a la Superioridad, ahora el autor la ha desplazado hasta el más tardío de la Liga Estelar, introduciendo asimismo, a diferencia de la novela anterior, unas modificaciones bastante profundas que afectan incluso al propio final.

En esta ocasión la acción se inicia en Selwun, un próspero mundo fronterizo integrado en la Liga Estelar cuyo Delegado local es Lonvy Sugiyama, un hermético descendiente de terrestres de origen oriental temido por sus subordinados a causa de su dureza y de su falta de escrúpulos. Éste descubre la presencia en el planeta de Stan Swoger, un ex-compañero de universidad y ex-amigo suyo —ambos acabaron enemistados a causa de una mujer, Lorena Cannon, que finalmente había acabado decantándose por el segundo—, ahora miembro de una agencia de información estatal y, todavía despechado, decide quitárselo de en medio. Para ello no duda en recurrir al chantaje, amenazando a Nicholas Meinick, superior jerárquico de Stan, con denunciar los trapicheos y desfalcos con los que intenta sufragar su afición al juego si no acepta encomendar a Stan una misión en Angalisy, un mundo cercano todavía independiente.

La propuesta de Sugiyama no puede ser más irregular desde un punto de vista administrativo, ya que los agentes como Stan no son espías y sólo acostumbran a actuar en mundos pertenecientes a la Liga, nunca de forma clandestina en territorio extranjero. Además, en Angalisy está implantada una sórdida y corrupta dictadura que lo convierte en un lugar muy poco apetecible de visitar... máxime cuando Stan no está en modo alguno preparado para esta misión. Meinick intenta negarse al sospechar la existencia de algo turbio en los propósitos de Sugiyama el cual, pese a asegurarle que se tratará de una misión corta y sin peligro, acaba revelándole que Angalisy está a punto de ser admitido en la Liga, lo cual convertiría la estancia del agente allí en algo directamente ilegal... pero Sugiyama le tiene bien agarrado, por lo que se ve obligado a claudicar.

Así pues, en contra de su voluntad Meinick se ve obligado a enviar al perplejo Stan a Angalisy, por supuesto sin darle —no podría hacerlo, dado lo irregular de la iniciativa— la menor explicación. Esto hace que Lorena monte en cólera contra el jefe de su compañero, al cual intenta pedirle explicaciones sin mucho resultado, puesto que éste ha puesto prudentemente tierra por medio. Cuando lo consigue, tan sólo logra sonsacarle excusas ambiguas que en nada contribuyen a mitigar su irritación. Es entonces cuando tercia el taimado Sugiyama, el cual, haciéndose el inocente carga todas las culpas sobre el indefenso Meinick al tiempo que promete hipócritamente ayuda a la muchacha... de la cual, pese a todos sus desplantes, continúa enamorado.

Ajeno a toda esta intriga, Stan comienza su aventura en Angalisy sin saber literalmente cómo coger al toro por los cuernos. Camuflado tras una falsa identidad de ingeniero, y estrechamente vigilado por la omnipresente policía política del régimen, se refugia en un compañero de viaje con el que logra intimar, Oen Nelson, en teoría un comerciante pero en realidad un investigador privado al servicio de unos desconocidos clientes —deja entrever que se trata de una agencia de noticias— a los que pretende vender la información que obtenga sobre el hermético planeta. Perspicaz, Nelson no tarda en descubrir la verdadera identidad de su nuevo amigo, prometiéndole ayuda al descubrir que, de dejarlo solo, iría derecho a la catástrofe. Asimismo, le insinúa que algo extraño se está cociendo en Angalisy, algo que tendrá repercusión en toda la galaxia y que quizá tenga que ver con el conflicto territorial existente entre Angalisy y Grabea, un planeta vecino con el que disputa por la posesión de unos planetas deshabitados situados en la frontera entre ambos estados y, aparentemente, sin mayor valor. Aunque la Tierra se mantiene oficialmente neutral, existen motivos sobrados para sospechar que bajo cuerda esté apoyando a Angalisy, al ser sus gobernantes más dóciles que los de su rival, que han rehusado de forma reiterada integrarse en la Liga Estelar.

Nelson también le explica la situación actual en el planeta, donde una dictadura que dura ya veinte años ha sumido a la población en la miseria más absoluta al tiempo que el estado policial se ha convertido en el peor enemigo de los ciudadanos. Poco después, mientras su compañero duerme, Stan se asoma a la ventana de la habitación del hotel donde ambos residen, lo que le permite ser testigo excepcional de una pelea donde la perseguida, una muchacha, logra deshacerse contra todo pronóstico de sus tres atacantes; pero, acosada por la policía, acaba aceptando la ayuda del protagonista para buscar refugio en su habitación.

Mientras tanto, los acontecimientos se precipitan en Selwun. En plena madrugada, Lorena recibe una angustiosa llamada de Meinick, el cual le comunica que está siendo perseguido y ha tenido que huir para salvar la vida, al tiempo que le confiesa que le ha resultado imposible enviar un mensaje a Stan instándole a abandonar inmediatamente Angalisy, debido a que las líneas de comunicación han sido cortadas por orden directa del gobierno de la Liga. En ese momento unos sicarios penetran en el refugio del atribulado fugitivo —la habitación de un anónimo hotel de las afueras— y lo asesinan ante la mirada aterrada de la muchacha antes de desconectar el videófono.

Portada de la edicion de Robel

Lorena actúa con rapidez. Tras intentar hablar a la mañana siguiente con Sugiyama, quien le comunica que el cadáver del infortunado Meinick ha sido encontrado en un callejón de los suburbios, y que la policía maneja la teoría del suicidio, comprende que no puede confiar en el taimado Delegado, optando por la vía más rápida a la par que más arriesgada: Se dirige al astropuerto y consigue comprar un pasaje para Angalisy en el último vuelo antes de que éstos sean también cancelados.

Stan y Nelson, por su parte, se encuentran ante un buen brete. La muchacha que ha sido salvada por el primero, que dice llamarse Izar, es como cabía suponer miembro de la resistencia opuesta al dictador que gobierna Angalisy con mano de hierro, y de encontrarlos la policía local en compañía suya sin duda lo pasarían muy mal. Sin embargo, en un golpe de audacia Stan decide pedirle ayuda para contactar con los líderes opositores al régimen. Nelson conoce el nombre de varios de ellos, y la muchacha finalmente accede a llevarlos hasta el refugio del único que todavía permanece con vida.

Wran-Gilles, que éste es su nombre, los recibe con amabilidad ofreciéndose a colaborar con ellos, al tiempo que advierte a Stan de que alguien importante de Selwun le ha traicionado dando un chivatazo a la policía local acerca de su presencia en Angalisy, razón por la que su cabeza tiene puesto precio. Y no le valdrá con pedir ayuda al consulado de la Liga Estelar, puesto que la conspiración es al parecer de tal calibre, que sólo conseguiría sellar su sentencia de muerte. Asimismo les revela la trama del maquiavélico plan: el gobierno terrestre ha decidido aliarse con el corrupto tirano de Angalisy para que éste destruya al planeta rival Grabea, aunque nadie sabe por qué. Es inminente la llegada de un embajador terrestre, razón por la que las comunicaciones de Angalisy con los planetas vecinos han quedado completamente cortadas.

Y es cierto, puesto que el embajador Taroe de Ancorea llega a Selwun como escala previa a su visita a Angalisy, siendo recibido por el Delegado Sugiyama. Tras mostrar su desagrado por la muerte de Meinick y el inoportuno envío de Stan a Angalisy, que Sugiyama presenta falsamente como iniciativa del fallecido, manifiesta su deseo de que la delicada misión diplomática que tiene encomendada no se vea entorpecida por inconveniente alguno, incluyendo la incómoda presencia de Stan allí. Hipócritamente, acepta las explicaciones de su interlocutor acerca de que, por desgracia, será preciso sacrificarlo en aras de los intereses de la Liga.

La prevista llegada del embajador provoca un endurecimiento todavía mayor en los controles policiales de Angalisy, ya que sus gobernantes desean dar ante el ilustre visitante una imagen de normalidad aun a costa de detener y encarcelar a la mitad de sus súbditos. Stan e Izar están en una situación todavía más precaria al ser buscados por sus enemigos, y sólo gracias a una afortunada concatenación de circunstancias consiguen escapar al cepo que se cernía en torno a ellos. Una vez a salvo en el refugio del movimiento de liberación, Wran-Gilles decide evacuarlos del planeta, junto con su compañero Nelson, dado que sus vidas corren peligro y su labor allí ha terminado ya. Para ello, intentarán introducirlos en el astropuerto y, una vez allí, utilizar alguna astronave mercante como medio de fuga.

La tarea no resultará fácil, puesto que la llegada del embajador ha motivado que el astropuerto esté literalmente tomado por la policía. El diplomático, por su parte, ha viajado acompañado por Sugiyama, al cual sus maniobras para desembarazarse de su rival amoroso están empezando a complicársele cada vez más. El embajador está disgustado ante la ineficacia de la policía local para capturar a Stan ya que considera al agente como un obstáculo para su misión, pero su irritación se desata al enterarse de que también anda suelto Oen Nelson, cuya verdadera identidad, le explica al perplejo Delegado, no es la de investigador privado ni la de periodista independiente tal como había hecho creer, sino la de informador secreto de la facción gubernamental, llamémosle demócrata, que se opone a la política expansionista y belicista de la Tierra y que, obviamente, desea contar con pruebas suficientes para impedir la aventura de Angalisy... en definitiva, el peor sabueso con el que podían haber tropezado. Por su parte Sugiyama sigue más interesado en seguir la pista de Lorena, a la cual no pudo impedir que partiera de Selwun pero que ha conseguido retener, gracias a la complicidad de las autoridades locales, que le han denegado el visado, en el recinto del astropuerto, donde ahora intenta localizarla en mitad de maremágnum reinante, siempre con el impaciente embajador pisándole los talones.

Stan y sus compañeros, gracias a la inestimable ayuda de los rebeldes, han logrado colarse en el astropuerto. Lo primero que hacen es asaltar el centro de comunicaciones y, tras reducir a sus desprevenidos ocupantes, él y Nelson proceden a enviar sus respectivos informes, Stan directamente a sus superiores en la Tierra y Oen... Swoger todavía no sabe a quienes. Una vez terminado con éxito lo que esperan servirá para desenmascarar a los conjurados, Wran-Gilles les urge a que se dirijan al carguero que ya tienen preparado... pero al atravesar por las cercanías de la sala de espera, Stan descubre la presencia allí de Lorena acompañada, o quizá retenida, por el traidor Sugiyama. Sin dudarlo un segundo, desoye las advertencias de sus compañeros y, renunciando a la seguridad de la huida, se lanza de forma desesperada en busca de su amada.

A ésta, huelga decirlo, Sugiyama está intentando convencerla de que, según todos los indicios, Stan es un traidor que se ha vendido al enemigo; pero ve su gozo en un pozo cuando éste aparece de repente desbaratando su trama. Surge un momento de tensión entre ambos rivales zanjado por la oportuna llegada del embajador, que no acaba de comprender el lío que está ocurriendo. Es preciso advertir que en este personaje hizo Ángel Torres unas modificaciones notables en la segunda versión, ya que mientras inicialmente es un ferviente partidario de la facción belicista de la Tierra, es decir, de aquélla favorable a apoyar a Angalisy en su conflicto con Grabea, en la edición de Robel se muestra mucho más favorable a una solución pacífica, al tiempo que no oculta su desagrado por el corrupto régimen que gobierna en el primero de los dos planetas. Mientras tanto los rebeldes, tras apoderarse de la torre de control, han provocado un despegue masivo de las naves que estaban posadas en las pistas, aunque aquí también cambian las cosas según la versión: en la primera son los rebeldes, mientras en la segunda éstos son sustituidos por los partidarios del tirano, que huyen tras haberse desatado una sublevación en contra suya.

Para complicar aún más las cosas, quien ahora aparece es Nelson, que ya no oculta su condición de cerebro de toda la operación. Rápidamente se hace con el control de la situación doblegando incluso al propio embajador, el cual por su parte ha decidido renunciar a su misión retornando a la Tierra sin llegar a entrevistarse con el dictador tal como estaba previsto. Pero nadie cuenta con la reacción de Sugiyama que, aunque ajeno por completo a la conspiración —en realidad tan sólo deseaba arrebatarle Lorena a Stan, aun a precio de la vida de este último—, se ha visto zambullido de lleno en todo el fregado. Desesperado y desenmascarado intenta huir, pero es abatido por la escolta del dictador al tomarle por un terrorista.

Por su parte, el embajador y sus compañeros, que tan sólo desean salir de allí, ven frustrados sus intentos al ser retenidos por el tirano, que como cabe suponer no desea que se le escape el triunfo que tenía en la mano. Forzado por éste, el embajador accede de mala gana a entrevistarse con su anfitrión, aunque sin revelar si acabará aceptando o no firmar el tratado de adhesión de Angalisy a la Liga Estelar. Pero Nelson todavía guarda un as en la manga: disfrazados de miembros del séquito del embajador, aparecen Izar y varios de sus compañeros, lo que hace sospechar a Stan que éstos traman un plan contra el odioso mandatario. Y así es, ya que aprovechando la confusión consiguen desarmar a la escolta que lo protegía haciéndole prisionero. Esto permite a los terrestres huir de allí buscando refugio en la nave del fallecido Delegado, mientras los rebeldes afirman que se encargarán de ajustar cuentas con el derrocado autócrata no sin antes pedirles que se lleven con ellos a Izar.

A partir de este momento las tramas de las dos versiones divergen, conduciendo a dos finales sustancialmente distintos. En la versión original —hay que recordar que el astropuerto está rodeado por tropas adictas al dictador— los rebeldes se inmolan llevándose consigo a éste, mientras Stan, Izar, Lorena, Nelson y el embajador parten del planeta rumbo a la Tierra con la satisfacción de saber que la guerra entre Angalisy y Grabea ha sido evitada, al tiempo que confían en que el nuevo régimen que será implantado en el primero de los dos mundos siga derroteros democráticos. Para terminar —eran ya mediados de los años ochenta— Ángel Torres se permite la osadía de esbozar un triángulo amoroso entre Stan y las dos muchachas, saldado en una reafirmación de su relación con Lorena a costa del despecho de Izar.

En la segunda edición, por el contrario, Ángel Torres maniobró de forma que quedara un final abierto que pudiera permitir en un futuro la continuación de la serie. Así, en esta ocasión Izar, lejos de ser una simple guerrillera, resulta ser nada menos que la mítica Alice Cooper, cuyo cuerpo habría sido hibernado, junto con el de otros jerarcas del agonizante Orden Estelar a la espera de ser vueltos a la vida una vez que fuera posible la reinstauración del mismo tras la caída de la odiosa Superioridad y de su sucesora, la más débil, pero asimismo de dudoso celo democrático, Liga Estelar.

Alice Cooper y sus compañeros yacerían en una cripta subterránea escondida en las entrañas de Grabea, razón por la que la prevista guerra entre ésta y Angalisy podría haberles acarreado consecuencias funestas. Por esta razón habría sido resucitada, aunque no en cuerpo sino en una especie de proyección mental más o menos material, para que intentara desactivar la crisis. Cumplida su misión, y tras revelar su secreto a Stan, se desvanece para retornar a su refugio, en el cual permanecerá dormida hasta que llegue su hora, contando eso sí con la entusiasta colaboración de Stan y Nelson.

Y así termina la saga del Orden Estelar... por ahora.

© José Carlos Canalda,
(2.732 palabras) Créditos