EL PLANETA DE LOS HOMBRES PERDIDOS (154, 27)
Portada primera edicion

Completa el tomo 27 de Robel esta novela, inicialmente el número 154 de La Conquista del Espacio, un número relativamente bajo, por cierto, para corresponder a los últimos episodios de la serie del Orden Estelar. Esto se debe a que originalmente se trataba de una novela independiente incluida por Ángel Torres dentro del ciclo del Orden Estelar merced a algunos pequeños retoques consistentes en introducir breves referencias a la Superioridad, sin que la línea narrativa sufriera modificaciones significativas.

Paul Koren, el protagonista, es uno de los hombres más ricos del orbe, y sus empresas y posesiones, heredadas de su padre y de otros familiares, se extienden por toda la galaxia. Paul es también joven, atractivo y hedonista, razón por la cual lleva una vida muelle cargada de placeres dejando la gestión de su emporio en manos de una legión de administradores, entre los que destaca Jeremías Ertei, el principal de ellos.

Otra de las debilidades de Paul son las mujeres, sobre todo si son jóvenes y hermosas, y como cabe suponer dadas las circunstancias, éstas acuden a él como moscas a un pastel, reforzándole su bien merecida fama de donjuán. En el transcurso de una de sus innumerables fiestas conoce a una bella muchacha que atiende por el nombre de Nancy y, prendado por sus innegables encantos, le propone pasar la noche juntos.

Ella acepta, y se retiran discretamente a sus alojamientos. Una vez allí, y para sorpresa del millonario, la chica saca una pistola advirtiéndole de que va a asesinarlo a sangre fría en venganza por un agravio que el perplejo Paul no acierta a comprender. Finalmente, y tras una refriega, Koren consigue desarmar a la muchacha, pero en vez de entregarla a la policía, intrigado por su comportamiento, decide interrogarla con objeto de conocer las razones que la movían a tomar tan drástica decisión, máxime cuando él no la conoce de nada e ignora por lo tanto los motivos de su odio.

Resignada, la muchacha confiesa. Se llama Samantha Kenton, y es natural del planeta Kution, un estado independiente vecino de los Mundos Leis, unos planetas primitivos donde siguen imperando la tiranía y la barbarie. Su hermano, Mauricio Kenton, es un ingeniero que fue contratado por la compañía Trans-Solar, propiedad como tantas otras de Paul, y enviado a Dietar, uno de los Mundos Leis, cuyo rey Jules ha suscrito con la Trans-Solar un importante contrato para la construcción de una nueva capital en mitad del desierto. La misión de Mauricio era la de diseñar nuevas ciudades, pero a última hora había sabido algo que le había aterrorizado y, pese a sus deseos de renunciar al contrato, se había visto obligado a embarcar rumbo a su destino. Una vez allí se había perdido su rastro, había desaparecido sin volver a dar señales de vida, y los esfuerzos de su hermana por encontrarlo habían tropezado con un sospechoso muro de silencio, negando los responsables de la compañía que llegara a figurar como empleado suyo, y afirmando la policía local que ni tan siquiera había llegado a abandonar Kution.

Sospechando que detrás de la Trans-Solar podía ocultarse algo turbio, y responsabilizándola de la desaparición de su hermano, Samantha había tomado por el camino de en medio: puesto que Paul Koren era el propietario de la empresa, había fingido ser una admiradora suya para, tras colarse en su fiesta y engatusarlo, quitarle la vida en venganza por lo ocurrido a su hermano.

Paul, por su parte, no sale de su asombro. Confiesa a la muchacha que ni siquiera sabía que esa empresa era de su propiedad; sus administradores hacen y deshacen a su antojo, y él no se preocupa de esos menesteres. Pero sorprendido por la vehemencia de Samantha decide ayudarla, proponiéndole que ambos viajen en su yate privado hasta la sede central de su imperio, en Marte, con objeto de entrevistarse allí con Jeremías Ertei, el verdadero responsable de la gestión de sus negocios. Y ella acepta.

Portada de la edicion de Robel

Mientras tanto, Ertei está actuando como un verdadero tiburón financiero, avasallando a todos cuantos tienen la desgracia de interponerse en su camino siempre, claro está, en nombre de Koren. Como cabía suponer queda profundamente sorprendido por la repentina aparición de su jefe, pero accede a investigar sobre el tema comunicándole que nada nuevo hay al respecto, y que no tiene pruebas de que el hermano de Samantha llegara a ser empleado suyo. Pero ante la insistencia de Paul, accede a viajar con él y la muchacha al propio Kution. Allí les recibe Corpet, el gerente de la Trans-Solar, el cual ratifica la versión del administrador ofreciéndose no obstante a darles toda la información de que disponen, negando que Mauricio Kenton hubiera llegado a embarcar en una nave de su compañía rumbo a Dietar.

Aparentemente han llegado a un callejón sin salida, pero Samantha no tiene demasiado clara la sinceridad de estos dos altos ejecutivos. Además, guarda un as en la manga: un amigo suyo, un humanoide llamado Jhonan, trabaja en las oficinas de la Trans-Solar, y le ha comunicado la existencia de un documento, archivado en los sistemas informáticos de la compañía, que serviría para demostrar que Corpet miente. Por desgracia Jhonan no tiene acceso al banco de datos, pero Paul, como propietario de la compañía sí.

El problema estriba en que, de ser ciertas sus sospechas sobre Corpet, de nada serviría solicitar una copia de ese documento, ya que lo harían desaparecer antes de llegar a sus manos. Así pues, Paul y Samantha deciden tirar por la calle de en medio: se colarán sigilosamente en el edificio aprovechando el descanso nocturno y, gracias a que Paul cuenta con las claves de acceso, copiarán por sí mismos el documento comprometedor. Claro está que corren el riesgo de ser descubiertos por los vigilantes nocturnos, pero en ese caso a Paul le bastará con identificarse; aunque su comportamiento sea similar al de un ladrón, sigue siendo el propietario de la empresa.

Así lo hacen consiguiendo lograr su objetivo, pero finalmente son atrapados por los vigilantes justo cuando procedían a abandonar el edificio. Siguiendo con su plan Paul se identifica ante sus captores pero éstos no le creen, razón por la que les pide que se comuniquen con Corpet. Así lo hacen éstos, pero para sorpresa de los dos protagonistas, la respuesta no es la que esperaban sino otra muy distinta: tras arrebatarles la copia del documento que habían ido a buscar allí, les disparan con una pistola anestésica sumiéndoles en la inconsciencia. Mientras tanto Jhonan, testigo de su captura y alarmado por su desaparición, comunica a Jeremías Ertei sus sospechas de que Corpet pudiera ser en realidad un traidor; cuando regresa a su domicilio, su vehículo sufre un extraño accidente estrellándose contra un lago.

Cuando Paul despierta se descubre recluido en un recinto repleto de hombres y mujeres todos ellos, al parecer, narcotizados. De hecho, si él es el único que se encuentra consciente se debe a que la persona que al parecer los custodia, el cual se presenta como Zlair, le ha inyectado los antídotos pertinentes. Para su sorpresa, éste le revela que se encuentra en grave peligro y que debe huir de allí aprovechando el próximo traslado de todos ellos a la ciudad; no le da más explicaciones, pero insiste en que, cuando aparezcan los guardianes, debe fingir que no ha recuperado sus facultades mentales, bajo riesgo que tanto él como Zlair sufran severas represalias. Hecho esto, desaparece.

Paul encuentra entre los durmientes a Samantha, y logra despertarla poniéndola al corriente de lo poco que sabe. Poco después, y tal como le había sido advertido, un grupo de guardianes entra en el recinto y procede a despertar a los durmientes, aunque todos ellos a excepción de la pareja permanecen parcialmente narcotizados y con sus sentidos embotados, lo que los convierte en unos dóciles prisioneros. Paul y Samantha fingen obedecer, siendo trasladados junto con el resto de los cautivos a unos camiones en los que son trasladados a un recinto vallado custodiado por un destacamento militar.

Samantha descubre que se encuentran en el planeta Dietar, y que los soldados visten el uniforme del ejército de Jules, el rey del planeta. Aprovechando la escasa vigilancia —los narcotizados prisioneros son poco más que unos zombies sin voluntad propia—, ambos se escapan amparados en la oscuridad de la noche, descubriendo que se encuentran en los arrabales de la capital del reino. Tras cambiar sus ropas por otras más discretas — Zlair había dado a Paul algún dinero—, deciden entrar en contacto con algún tripulante de un carguero que, mediante soborno, acepte sacarlos del planeta.

Así lo hacen, concertando la fuga con un par de navegantes en una taberna de baja estofa. Pero éstos, lejos de cumplir con su palabra, los denuncian a los soldados de Jules y éstos aparecen poco después en la taberna. Por fortuna para ellos, la tabernera les había advertido del peligro proporcionándoles refugio en el sótano camuflado del establecimiento... donde Samantha se lleva la sorpresa de encontrarse con su hermano Mauricio.

Es éste quien les pone al corriente de la situación. Corpet, efectivamente, es un traidor que se ha aliado con Jules ofreciéndole su apoyo para apoderarse del resto de los Mundos Leis. A cambio de su ayuda, pretende quedarse con el monopolio del comercio de estos planetas, lo que le habría de rendir pingües beneficios. Para ello, están construyendo unas misteriosas instalaciones en un remoto desierto —teóricamente una nueva ciudad— para lo que necesitan grandes cantidades de esclavos que, o bien compran en los planetas vecinos, o bien consiguen gracias a los ciudadanos libres que, como el propio Mauricio, son engañados con la promesa de un falso contrato de trabajo. Mauricio había conseguido fugarse reuniéndose con los miembros de la resistencia clandestina contra el despótico régimen de Jules, convirtiéndose en el líder de la misma.

Las indagaciones de Paul y Samantha los habían convertido en unos testigos incómodos para Corpet, el cual había decidido desembarazarse de ellos enviándolos como esclavos a Dietar, donde no les esperaba otro futuro que la muerte. Por fortuna Zleit era uno de los hombres de Mauricio, razón por la que habían podido urdir su fuga.

Sin embargo, el peligro no ha pasado. Los sabuesos de Jules están buscando desesperadamente a los fugitivos, y el sótano en el que se encuentran dista mucho de ser seguro. Así pues, abandonan el mismo justo a tiempo, refugiándose en unas antiguas catacumbas que han habilitado como base. Es ahora cuando Mauricio puede concluir su narración, interrumpida por la brusca irrupción de los soldados enemigos en la taberna: ante la incredulidad de Paul sobre que Jules pueda imponerse a la veintena de planetas vecinos, éste le revela el gran secreto de Dietar, descubierto tiempo atrás por Corpet: el interior del planeta está repleto de materiales radiactivos en los que, mediante unas instalaciones adecuadas —precisamente las que se están construyendo de manera clandestina en el desierto— se podría provocar una reacción en cadena que sumiera en la destrucción a todo ese sector estelar. En eso consistirá la amenaza de Jules para conseguir hacerse emperador de todo Leis: si los demás planetas no acatan su soberanía, provocará un holocausto nuclear que acabará con todos ellos. Para ello cuenta con el apoyo de Corpet que, aprovechándose de su cargo en la Trans-Solar y a espaldas por supuesto de Paul, ha desviado hacia Dietar gran parte del dinero de las empresas Koren, llevándolas prácticamente a la bancarrota.

Huelga decir que Mauricio y sus hombres, junto con Paul y su hermana, están dispuestos a hacer todo lo posible por impedirlo; Paul confía en su influencia para conseguir convencer a la Superioridad —un difuso gobierno galáctico en la edición original—, hasta ahora neutral, para que tome cartas en el asunto desbaratando los planes de ambos cómplices. Pero para ello es necesario que huyan del planeta, algo que se presenta peliagudo dado que los astropuertos están fuertemente vigilados por los soldados de Julen.

El azar viene en su ayuda cuando se enteran de que acaba de aterrizar en Dietar el yate de Paul, que ha traído desde Kution a Ertei y a un segundo pasajero que logran identificar como a Jhonan. Es fácil imaginar lo ocurrido; este último, tras sobrevivir al sabotaje de su vehículo, ha debido dirigirse a Ertei denunciando la traición de Corpet. Esta noticia hace sentirse optimista a Paul: si logra reunirse con su fiel administrador, entre ambos podrán desbaratar con mayor facilidad la conspiración. Pero, ¿cómo llegar hasta él?

La audacia de los aliados de Mauricio lo hace posible. Disfrazándose de soldados se apoderan de un blindado y, tras infiltrarse subrepticiamente en un convoy militar, logran introducirse en el recinto del astropuerto. Una vez allí, y tras burlar a la guarnición que, una vez descubierta su estratagema, pretende capturarlos, consiguen refugiarse en la nave, la cual encuentran extrañamente abandonada por su dotación.

Pero no es momento de detenerse en indagaciones acerca de su paradero; los burlados militares intentan abordar el yate, y Paul se ve obligado a realizar un precipitado despegue que los coloca en órbita alrededor del planeta. Está preparando el salto al hiperespacio, cuando el ruido de unos disparos en el interior del navío le obliga a interrumpir su labor. Acompañado por Mauricio acude rápidamente al lugar donde éstos se han producido, la sala que contiene el reactor nuclear que proporciona la fuerza de impulsión necesaria para los viajes, descubriendo con asombro que allí se encuentran Corpet, Jules... y Ertei, que también resulta formar parte de la conspiración. La súbita irrupción del grupo en la nave había sorprendido en plena reunión a los tres cabecillas, los cuales habían optado por esconderse hasta que, ya en vuelo, habían conseguido sorprender a los visitantes haciéndolos prisioneros tras haber asesinado a varios, entre ellos al inocente Jhonan.

Paul y Mauricio son asimismo apresados aunque, en palabras de sus captores, no lo estarán por mucho tiempo, dado que pretenden matarlos a todos antes de volver a Dietar. Paul les advierte que la Tierra no permitirá que sigan adelante con sus intrigas, pero éstos no le creen afirmando que, cuando el gobierno terrestre quiera darse cuenta de ello, ya será demasiado tarde para detenerlos.

Pero se equivocan. Antes de ser capturado Paul ha tenido tiempo de mandar un mensaje de socorro, y un grupo de patrulleras terrestres rodean al yate capturándolo con amarras magnéticas. Aunque la ley les impide intervenir en los asuntos internos de los Mundos Leis, el hecho de estar en peligro la vida de un súbdito terrestre — Paul, evidentemente— les proporciona el resquicio legal necesario para hacerlo. Sin embargo, el peligro continúa ya que los conspiradores, viendo su plan en peligro, intentan vengarse asesinando a sus prisioneros. Por fortuna, aprovechando la confusión reinante éstos inician una refriega saldada con la muerte de Jules y Corpet y la captura de Ertei.

Una vez a salvo, el almirante al mando de la patrulla les revela que el gobierno de la Tierra llevaba ya algún tiempo detrás de las extrañas maniobras financieras de las empresas Koren, y que incluso habían investigado al propio Paul sospechando que pudiera estar al corriente de estas intrigas. Por fortuna la amenaza ha sido conjurada; tras la muerte de Jules los líderes de la resistencia han implantado un gobierno democrático en el planeta, y por supuesto el demencial plan de hacer estallar el corazón del planeta —y con él todos los sistemas vecinos— ha sido desmantelado aunque, eso sí, estas mismas instalaciones podrán ser utilizadas con fines pacíficos explotando las ingentes riquezas energéticas que atesora Dietar.

Y eso no es todo. Aunque arruinado, Paul podrá resarcirse de sus pérdidas gracias a la concesión comercial que, a buen seguro, le concederá el nuevo gobierno de Dietar, presidido por su futuro cuñado Mauricio... porque, huelga decirlo, sus días de conquistador están contados al convertirse en fiel esposo de Samantha.

© José Carlos Canalda,
(2.638 palabras) Créditos