LA BATALLA DE SARKAMAT (558, 26)
Portada primera edicion

Esta novela, inicialmente el número 558 de La Conquista del Espacio, abre ahora el tomo 26 de la reedición de Robel, estando ambientada en la época de decadencia de la Superioridad cuando, una vez conjurada la amenaza de los mits, ahora en paz con la humanidad, surge un nuevo enemigo todavía más peligroso si cabe, los meskas, los cuales están manteniendo a jaque a los ejércitos fronterizos de la Superioridad en algunas regiones periféricas de su territorio. Mientras tanto la Tierra es ahora un planeta de lujo donde sus escasos habitantes, todos ellos ricos y poderosos, viven una vida de ocio a costa de los esfuerzos y los sacrificios de sus súbditos de otros sistemas estelares.

Mauro Jansfer es uno de estos zánganos terrestres, un joven habituado a la molicie más absoluta y al despilfarro más escandaloso. Acostumbrado a vivir en su burbuja artificial y muelle, está lejos de sospechar la jugarreta que le depara el destino cuando, en compañía de unos amigos, decide realizar una visita frívola —tan frívola como es su vida— a una lejana provincia de la Superioridad.

Mientras tanto, en el sector de Sarkamat la situación se está volviendo cada vez más difícil para los humanos. Desbordados por una imprevista ofensiva meska, y sin apenas tropas regulares que poder oponerles para defender el planeta, las autoridades militares deciden enviar allí un cuerpo de tropas especiales —el Ejército Expedicionario de Asalto o EEA, una especie de Legión galáctica— reclutadas entre la escoria de la sociedad, al mando de Hunt Logan, el veterano astronauta que ahora vuelve a aparecer de nuevo, con el grado de coronel, al mando de estas tropas.

Es necesario hacer un inciso para aclarar un detalle referente al nombre del protagonista. Ya en la novela original Ángel Torres se confundió, llamándole en un principio Hut Logan para después rebautizarlo como John Ulang. Al revisar la edición de Robel intentó corregirlo dejando el primero de los dos nombres, pero la corrección no fue completa, por lo cual aparecen ambos, de forma alternativa, refiriéndose a un mismo personaje.

Al encontrarse corto de efectivos y no poder completar sus filas en el escaso tiempo de que dispone, el EEA procede a realizar una leva forzosa en algunos apartados mundos, entre ellos aquél en el que Mauro Jansfer se estaba corriendo sus juergas... con tan mala suerte para éste, que es confundido con un nativo y llevado sin contemplaciones al acuartelamiento militar, sin que sus airadas protestas sirvan más que para hacerle sentir con todo su rigor las más duras sanciones disciplinarias.

Muy a su pesar Mauro se ve obligado a seguir la instrucción de combate como un recluta más, a sabiendas de que su unidad va a ser utilizada como simple carne de cañón. Finalmente, y ante la inutilidad de sus reclamaciones, opta por aceptar dócilmente la dura disciplina a la espera de una ocasión propicia, la cual le llega cuando, tras demostrar que puede llegar a ser un buen soldado, consigue concitar el interés de la teniente Bárbara Hunting, antigua amante de su jefe Hunt Logan. Ésta le presta atención —y no sólo en lo que respecta a su reclamación— y le promete investigar; mientras tanto, deberá seguir su instrucción como el resto de los reclutas.

En vísperas de la partida a Sarkamat, Bárbara comunica a Mauro que ha conseguido localizar al prófugo que de forma fraudulenta intercambió su identidad con éste con objeto de huir de la leva, comprometiéndose a capturarlo al tiempo que licencia al recluta forzoso. Pero Mauro, contra todo pronóstico, rehúsa; la vida militar le ha endurecido y ya no desea volver a su antigua y vacía existencia, al tiempo que prefiere vengarse en persona de quien le hiciera tamaña faena a la vuelta de la campaña bélica. Bárbara en principio se muestra sorprendida, pero acepta la decisión del que ya es su amante.

Portada de la edicion de Robel

Poco después las tropas del EEA son trasladadas a Sarkamat, donde se encuentran en mitad de un verdadero infierno. Los soldados de la Superioridad llevan claramente las de perder frente a sus atacantes, y los sensatos intentos del coronel Logan de convencer al general Uruncher, máximo responsable militar del planeta, para que realicen un repliegue táctico a la espera de la llegada de refuerzos, resultan ser infructuosos por completo. Por si fuera poco, Logan se entera con sorpresa de que el general está aplicando la táctica de la tierra quemada, asolando buena parte de la superficie del planeta a despecho de unos colonos a los que, lejos de proteger, trata casi como si fueran enemigos.

Pese a que los reiteradamente reclamados refuerzos siguen sin llegar, el general ordena un ataque suicida contra unas posiciones en las que se ha hecho fuerte el enemigo. Como cabía suponer se trata de una auténtica carnicería en la que Mauro se destaca por su valentía pero, para sorpresa de todos, tras conquistar la base meska descubren en su interior un grupo de colonos a los que presuponen prisioneros de los alienígenas... pese a lo cual éstos no acogen con excesivo entusiasmo a sus libertadores. Logan recibe la orden de retirarse y evacuarlos a territorio seguro, pero un súbito contraataque de los meskas antes de la llegada de los vehículos necesarios para hacerlo pone en peligro al cuerpo expedicionario, al tiempo que los ex-prisioneros, reaccionando de una manera francamente paradójica, aprovechando la confusión huyen en dirección a las líneas enemigas o son abatidos por el fuego cruzado, quedando en poder de los soldados tan sólo la líder del grupo, una tal Illía.

Ésta, retenida por Mauro en contra de su voluntad, no disimula su despecho durante la dramática retirada bajo el mortífero fuego enemigo, manifestando que los meskas jamás les habían creado problema alguno a diferencia de sus presuntos defensores, a los que la totalidad de los colonos odian a muerte. Mientras tanto, Logan confiesa a Bárbara sus sospechas: es imposible de entender que varios pequeños destacamentos de soldados de la Superioridad lleven las de perder en diferentes lugares del frente mientras la poderosa maquinaria bélica de la Tierra, capaz de aplastar a los meskas en un suspiro, permanece inactiva. O los estrategas terrestres son unos completos ineptos, o hay algo turbio por medio.

La sospecha se troca en certidumbre cuando descubren que el general Uruncher no ha vacilado en sacrificar al resto de los supervivientes de la masacre con tal que el vehículo que transporta a Illía, junto con la que viajan Logan, Bárbara y Mauro, llegue sano y salvo a la base... claro está que Illía les ha abierto los ojos sobre la conspiración en la que han estado involuntariamente enredados, de forma que de común acuerdo deciden amotinarse desembarazándose del conductor, único leal al general de entre todos los ocupantes.

La explicación de Illía es sencilla y coherente: pese a las afirmaciones de la propaganda oficial de que los crueles meskas no hacían prisioneros, ellos habían sido bien tratados por sus captores, los cuales afirmaban ser víctimas inocentes de una agresión y combatientes forzados pese a su acendrada voluntad pacifista. Atando cabos los protagonistas llegan a unas conclusiones completamente lógicas: desaparecida la amenaza de los mits, los jerarcas de la Superioridad, que no es sino una dictadura militar y oligárquica, necesitaban una excusa para mantener incólume su tiranía ante las demandas de una democratización del régimen, y a los desventurados meskas les había correspondido el papel de cabeza de turco. Tras atacar alevosamente a sus planetas y provocar su defensa armada, la Superioridad había exagerado su peligro manteniendo una guerra a bajo nivel, sin poner toda la carne en el asador ya que, de acabar con ellos, se quedarían sin argumentos para seguir justificando sus abusos.

Así pues, la noticia de la existencia de los ex-prisioneros les había puesto sumamente nerviosos, puesto que estos podrían convertirse en unos testigos molestos. Por esta razón, habían ordenado su traslado a la Tierra para interrogarlos y, con toda seguridad, hacerlos desaparecer a continuación.

Al llegar a la base los amotinados, se encuentran con que el general les urge a trasladar a la prisionera —en esencia no se la puede considerar de otra manera— a una nave que, a su vez, la transbordará a un crucero encargado de llevarla a la Tierra; crucero que, dicho sea de paso, bastaría por sí solo para expulsar a los meskas de Sarkamat evitando la aniquilación de los escasos soldados supervivientes.

Pero Logan y sus compañeros tienen unos planes muy diferentes. Tras hacer prisionero al general, al que posteriormente se verán obligados a ejecutar al negarse a obedecer sus instrucciones, embarcan en la nave junto a lo que queda de sus tropas, pero lejos de encaminarse al crucero, que sería lo mismo que firmar su sentencia de muerte, se apoderan del navío dirigiéndose directamente a la Tierra, pero no para rendir cuentas a sus taimados gobernantes sino para hacer pública —la población terrestre vive ajena por completo a sus argucias— la traición a la que los tienen sometidos. Aunque las tropas coloniales tienen prohibida su presencia en el planeta capital, por suerte para ellos cuentan en sus filas con un ciudadano terrestre perteneciente a la élite del planeta —el renacido Mauro, que poco tiene que ver ya con el inútil que tiempo antes saliera de allí— que se encargará de abrirles sus puertas.

Para terminar, un breve comentario final hace referencia a unos restos del desaparecido Orden Estelar que sueñan con reinstaurar un gobierno justo en la galaxia.

© José Carlos Canalda,
(1.572 palabras) Créditos