SEÑORES DE LAS ESTRELLAS (332, 23)
Portada primera edicion

Este episodio, que completa el tomo 23 de la reedición de Robel, transcurre una generación después de la guerra de los mits, razón por la que llama la atención que fuera publicada inicialmente con el número 332 de La Conquista del Espacio, es decir, seis números antes que GUERRA GALÁCTICA, su inmediatamente anterior... cierto es que Ángel Torres acostumbraba a dar con frecuencia saltos en la cronología interna del Orden Estelar forzado por las restricciones editoriales, pero sorprende que lo hiciera en dos novelas cuyas respectivas publicaciones difirieron en tan sólo un mes y medio.

Aunque la amenaza de los mits ha desaparecido aparentemente de forma definitiva, las circunstancias han cambiado de forma importante en la galaxia. La Superioridad Terrestre, tras estar al borde del colapso, había logrado consolidarse, pero no sólo no agradeció a los Mundos Enyun la ayuda prestada ni les compensó por sus graves pérdidas, sino que además cerró herméticamente sus fronteras con ellos; puesto que éstos se habían dedicado tradicionalmente al comercio, esta iniciativa supuso el colapso de su economía. Desde entonces, los antiguos comerciantes se han visto obligados a ganarse la vida como soldados de fortuna, ofreciendo sus servicios como mercenarios a la pléyade de reyezuelos y tiranos de la Realeza, unos mundos poblados por humanos pero fragmentados en multitud de pequeños estados feudales.

Uno de estos señores de la guerra es Eric Sushmann, hijo de un héroe de la guerra de los mits, el cual recibe en un fortaleza del planeta Arankar la inesperada visita de Edward Maple, un ciudadano de la Superioridad que, tras presentarse como historiador, afirma querer dar a conocer la verdadera historia de la colaboración de los Mundos Enyun en la guerra, desconocida en la Tierra y los planetas sometidos a su jurisdicción ya que los Jerarcas han ocultado de forma deliberada su contribución para el triunfo sobre los mits.

Sushmann no sale de su asombro, ya que la amargura y la desconfianza hacia sus ingratos vecinos es general en los Mundos Enyun, estando convencidos sus habitantes de que la Superioridad es la responsable de todas sus desgracias. Aunque en un principio intenta disuadir a Maple, cuando éste le solicita acompañarlo en la próxima campaña bélica acaba accediendo a sus pretensiones.

La ocasión no se hace de rogar. Tan sólo unos días después de la llegada de Maple, un representante de la princesa Namía de Valtur llega a la fortaleza de Sushmann con la pretensión de contratarlo para defender a su reino del inminente ataque de los demás estados con los que comparte el planeta Altavar. Aunque Valtur es con diferencia el estado más poderoso de su mundo, sus ejércitos serían incapaces de oponerse con éxito a una coalición de todos sus vecinos, razón por la que desean contratar el ejército de este mercenario. Por si fuera poco el reino atraviesa una grave crisis, ya que poco antes el padre de la princesa y rey legítimo, Ielt II, había desaparecido sin dejar ni rastro en el transcurso de una cacería, habiéndosele dado por muerto. La alianza de sus vecinos había tenido lugar coincidiendo, quizá no de manera casual, con tan delicado interregno, razón por la que la princesa y futura reina había temido no contar con las suficientes fuerzas para poder conjurarla con éxito.

Pese a las reticencias iniciales del condottiero, que llega a exigir unas cantidades desmesuradas por su ayuda, el mensajero acepta todas sus condiciones, firmándose el correspondiente contrato. Perplejo, Maple le pregunta a su anfitrión por las razones de su comportamiento, sospechando que no todo se deba a una simple cuestión de avaricia. Eric, desvelando parcialmente su secreto, le confiesa que desea vengarse de Tarlot, el todopoderoso primer ministro de Valtur, pero se niega a confiarle los motivos. Lo que sí le confía es su sospecha, confirmada más adelante, de que antes de recurrir a él el emisario de la princesa había intentado infructuosamente contratar a otros señores de la guerra, algo que el terrestre no acaba de entender pero, sospecha, debe de esconder algún significado.

Mientras tanto, el desarrollo de los acontecimientos en Valtur no puede adoptar tintes más sombríos. Las guarniciones fronterizas del reino están siendo hostigadas por un misterioso enemigo que, tras masacrar a los soldados, desaparece sin dejar el menor rastro. Por si fuera poco, se suceden continuamente las protestas de los reinos vecinos denunciando presuntas agresiones que el gobierno de Valtur niega con rotundidad, lo que no impide que la guerra total se muestre cada vez más próxima.

Portada de la edicion de Robel

A todo ello hay que sumar la hostilidad con la que Tarlot recibe la noticia de que la princesa Namía, a espaldas suyas, ha contratado a los mercenarios de Eric, algo a lo que se opone con ferocidad y que, al no poder evitar, pretende hacerles la vida lo más difícil posible.

La llegada de los mercenarios al reino acompañados por Maple, que finge ser el secretario de su caudillo, acaece en mitad de una gran tensión. Las relaciones entre la princesa y Tarlot están muy enturbiadas, máxime cuando el primer ministro pretende la mano de la muchacha para poder así convertirse en el monarca del reino. A la princesa, que obviamente rechaza sus planes, le gustaría destituirle del cargo, pero carece del apoyo suficiente y teme que, en caso de hacerlo, éste pudiera responder con un golpe de estado. Tarlot, ahora lo sabe el lector gracias a una conversación entre Namía y su consejero de confianza, es en realidad un extranjero llegado al reino hace diez años. Nada se conoce de su pasado salvo que procedía, probablemente, de los mundos de la Superioridad, pero esto no le había impedido granjearse la confianza del desaparecido rey convirtiéndose con rapidez en el hombre fuerte de Valtur. Claro está que las ideas de la princesa son muy diferentes.

Mientras tanto, las cosas se van complicando cada vez más. Llamado por Namía, Eric viaja a la capital acompañado tan sólo por el cronista y una pequeña escolta, mientras sus tropas se acantonan fuera de la ciudad. Temerosa de Tarlot, que se opone frontalmente a la presencia de los mercenarios y cuyos agentes han estado soliviantando a la población, la princesa le recomienda que lo haga de incógnito. Pese a sus precauciones, al atravesar las callejas que los separan del palacio real son atacados por una horda de desconocidos a los que logran rechazar tras una dura lucha.

La sorpresa es que no se trata de humanos, sino de mits tal como son identificados por el señor de la guerra; algo sorprendente dado que desaparecieron, junto con todos sus mundos, varias décadas atrás. Los mits presentan una sorprendente peculiaridad fisiológica, y es que sus cadáveres se desintegran inmediatamente después de su muerte. Este hecho explica los misteriosos ataques tanto a las fortalezas de Valtur como a las de los países vecinos, pero añade una nueva incógnita: ¿qué hacen esos seres allí?

Finalmente logran llegar sin más percances al palacio, donde se entrevistan con la princesa. Ésta se halla maniatada por las absurdas leyes de su reino, las cuales no sólo prohíben el uso de gran parte de la tecnología moderna (los guerreros combaten a caballo y con armas blancas) sino que además exigen que la princesa se despose antes de ser proclamada reina, lo que la pone literalmente en manos del primer ministro. El descubrimiento de la existencia de los mits puede ser determinante para evitar la guerra, pero las presiones de Tarlot para que Namía despida a los mercenarios empiezan a ser sospechosas.

Es ahora cuando Eric confía su secreto a Maple. Su padre había tenido un destacado protagonismo durante la guerra con los mits, ya que fue él quien trasladó en su nave el arma secreta que provocó la desaparición de los mundos enemigos. Con el artefacto viajaban sus dos inventores y Norton Mash, un oficial de la Superioridad que los escoltaba. Aunque el plan se había desarrollado con éxito, durante el viaje de vuelta de la nave a la Tierra un extraño accidente que nunca llegó a ser explicado provocó la desaparición del arma y sus creadores, de los cuales nunca se volvió a saber nada. Acusado por Mash de pretender apoderarse de ellos en beneficio de los Mundos Enyun, el padre de Eric fue investigado por las autoridades terrestres. Aunque el caso acabó archivándose, poco después su padre moriría en extrañas circunstancias mientras el incidente era aprovechado como excusa por el gobierno de la Superioridad para negarse a conceder el menor tipo de ayuda a sus antiguos aliados.

Eric sospecha que el verdadero culpable había sido Mash, y tiene pruebas de que fue él quien asesinó a su padre para deshacerse de un testigo molesto. Por su parte el oficial fue expulsado de la Armada de la Superioridad, y se creía que habría buscado refugio en algún mundo de la Realeza tras haber cambiado de identidad. Aunque no tiene una certeza absoluta, Eric cree que el asesino de su padre no es otro que Tarlot, y en ese caso está decidido a matarlo.

Sea o no la misma persona, lo cierto es que el tortuoso primer ministro no parece ser trigo limpio. Otro de los secretos de Eric es que él y Namía se conocieron años atrás, prendiendo entre ambos algo más que una buena amistad. Esa noche el mercenario abandona la habitación del palacio que comparte con Maple y se reúne en los jardines con la princesa, a la que confiesa su amor pidiéndole que destituya al ambicioso Tarlot y que, por supuesto, rehuse casarse con él. Ella le corresponde, pero confiesa hallarse maniatada por las leyes de su país, al tiempo que teme que, en caso de verse acorralado, el primer ministro acabe sublevándose y destronándola. Por desgracia, él es el más fuerte en esos momentos.

Cuando Eric regresa a su habitación descubre que un intruso se ha introducido sigilosamente en ella. Temiendo por la vida de su compañero le sigue, pero es el propio Maple quien se desembaraza de él atravesándole con un disparo de su láser. Las intenciones del furtivo eran claras, pretendía robar la cabeza de uno de los mits muertos —preservada de la desintegración gracias a una sustancia conservante— que Eric custodia como prueba para demostrar la inocencia de Valtur ante los otros monarcas. El muerto es un guardia de palacio, e inmediatamente todas las sospechas recaen en el intrigante Tarlot.

Estos incidentes provocan que Namía y Eric aceleren sus planes de entrevistarse con los reyes vecinos, mientras Tarlot, que se sigue oponiendo de plano a estas iniciativas, rumia su indignación. Pese a todo, la princesa y el mercenario penetran en son de paz en el reino vecino, donde son recibidos hostilmente por la alianza formada por los otros cinco monarcas. Al parecer todos sus territorios han sido atacados por unos misteriosos asaltantes, y culpan a Valtur de ello sin prestar atención a la airada defensa que Namía hace de su inocencia. Por fortuna cuentan con una prueba, la cabeza del mit, pero entre los reyes hay un traidor y sólo la astucia de Eric consigue evitar que la destruya. Denat, que éste es el nombre del rey felón, huye del campamento con sus soldados, mientras Namía consigue pactar con el resto de sus vecinos.

Pero la amenaza continúa latente. A estas alturas resulta ya bastante claro que Tarlot y Denat son los responsables de la aparición de los feroces mits, así como que Tarlot es realmente Norton Mash, el cual habría conservado en secreto el instrumento capaz de traer de nuevo a los mits a nuestro universo. Y la certeza es total cuando unos mensajeros llevan al campamento la noticia de que hordas de mits están atacando la capital de Valtur. Aunque por fortuna tan sólo disponen de armas blancas no por ello dejan de ser peligrosos, ya que su número se incrementa de forma continua.

Rápidamente Eric adopta las decisiones más adecuadas para hacer frente a la crisis. Mientras envía el grueso de su ejército a auxiliar a los sitiados, con el resto de sus fuerzas, ahora reforzadas con las de sus nuevos aliados, se dirige hacia el lugar donde sospecha que se encuentra la puerta por la que están llegando los mits, un castillo propiedad de Tarlot al cual tan sólo tenían acceso sus más leales. Por el camino comprueban que, efectivamente, los invasores proceden de allí, y una vez que las hordas de mits dejan de salir temporalmente —luego sabrán que la conexión entre ambos universos es intermitente y es interrumpida temporalmente por períodos de descanso, asaltan el castillo reduciendo a sus escasos defensores.

Poco después llegan ante la máquina, en esos momentos inactiva. Tan sólo les basta con destruir sus controles para conjurar la amenaza, pero... en ese momento aparecen los dos traidores, Tarlot y Denat, llevando cautivo al infortunado rey Ielt, al cual amenazan con asesinar si Eric cumple con sus intenciones. Éste vacila y es herido por sus enemigos, pero Ielt resuelve la situación sacrificando su vida, tras lo cual Tarlot y Denat son abatidos y la máquina infernal destruida.

Los mits supervivientes, privados ya de refuerzos, son aniquilados en pocos días, y la princesa comienza a organizar los funerales de su padre primero, y la ceremonia de su entronización después. Cierto que para ello necesita casarse, pero ya cuenta con su rey consorte: el hasta entonces mercenario Eric Sushmann.

© José Carlos Canalda,
(2.219 palabras) Créditos