LA MONTAÑA ESTELAR (181, 20)
Portada primera edicion

Comienza el tomo 20 de la edición de Robel con esta novela, publicada originalmente con el número 181 de la colección Héroes del Espacio, en la cual se continúa la narración de las dos anteriores, a cuyas respectivas tramas prolonga a la vez que unifica en una sola... algo insólito dadas las circunstancias, por cierto. En cualquier caso, el hallazgo narrativo de la titánica astronave de Ruskana bien merecía ser convenientemente aprovechado por Ángel Torres... y lo hizo.

Pese a sus halagüeñas perspectivas de hacer negocio, al capitán Lorenzo no le han ido bien las cosas en Xastor. Dicho llanamente, han sido engañados por los gobernantes del planeta y su flamante permiso comercial se ha convertido en papel mojado. Así pues, de vuelta a terreno conocido con su destartalado carguero se encuentran más pobres que las ratas... para variar. Por si fueran pocas sus desgracias, la mitad de su tripulación le ha abandonado; y si bien no se puede decir que eche precisamente de menos al excéntrico Damocles, no ocurre lo mismo con Sara, su antigua amante, que ha retornado a Khrisdall dejándole sin más compañía que el borrachín Medio Litro... lo cual, evidentemente, no es lo mismo.

Mientras rumia su desgracia, a Lorenzo le llegan noticias de que el Polifemo, el carguero de su amigo Hunt Logan, ha sido dado por perdido, y de que el único tripulante del mismo del que se tienen noticias, Ordo, se encuentra internado en un hospital del planeta Prima-Dos. Deseoso de tener noticias de Logan, y desoyendo las airadas protestas del cascarrabias Medio Litro, que sólo desea volver a su base de Altear, Lorenzo hace una visita al hospital donde meses atrás fuera internado Ordo víctima de graves heridas... para recibir la noticia de que ya había sido dado de alta del centro hospitalario, para ser recluido en una clínica mental debido, al parecer, a la existencia de secuelas psíquicas.

Lorenzo no se arredra y se encamina al manicomio, donde al fin puede reunirse con Ordo; pero para su sorpresa, el antiguo astronauta no sólo no muestra síntomas de desvarío mental, sino que afirma estar allí recluido, en contra de su voluntad, debido a que las autoridades de Prima-Dos desean arrancarle el secreto de su viaje a Ruskana, algo que hasta el momento ha conseguido evitar, aunque no sabe durante cuanto tiempo podrá seguir resistiendo. Ordo pide a Lorenzo que le ayude a escapar de allí y que con el Bravo intenten llegar a Ruskana atravesando el agujero negro. Según sus fragmentarios recuerdos el Polifemo quedó destruido durante la peligrosa travesía de vuelta, e ignora si el resto de sus ocupantes pudieron salvar la vida, pero en cualquier caso la enigmática astronave que descubrieran en el planeta es un imán lo suficientemente poderoso como para intentarlo.

Pero ¿cómo? Ordo está vigilado constantemente, y las autoridades hospitalarias han espiado la conversación. Lorenzo finge rechazar la petición del recluso y, tras abandonar el hospital, vuelve sobre sus pasos penetrando subrepticiamente en el edificio por las alcantarillas, tras haber mandado aviso a la Cofradía de Navegantes para que acudan en su ayuda. Logra rescatar a Ordo y huir de su prisión, siendo transportados al astropuerto por un vehículo enviado por la Cofradía, la cual siempre vela por el interés de sus asociados.

Finalmente se refugian en el Bravo, pero ahora el problema consiste en abandonar el planeta, ya que la dirección del hospital ha dado aviso a las autoridades portuarias y éstas intentan impedir el despegue, temerosos de que Ordo y su secreto se les escapen de las manos. Una afortunada intervención postrera de la Cofradía desbarata sus planes, y el capitán Lorenzo y sus compañeros — Medio Litro, Ordo y Mary, una joven astronauta que se les ha unido a última hora— se ven libres en el espacio. Ordo les ha puesto al corriente de la situación, revelándoles el descubrimiento de la inmensa astronave y las peripecias que vivieron hasta hacerse con el control de la misma. No obstante, al no atreverse el capitán Logan a hacerla por sus propios medios, había decidido volver a la civilización en el Polifemo dejando para más adelante el intento, habiendo ocurrido la catástrofe durante el viaje de vuelta. Así pues, se encaminan a Ruskana.

El trayecto a través del peligroso agujero negro es realizado sin problemas, y el Bravo logra llegar sano y salvo a su destino. Pero las tribulaciones de sus tripulantes no han hecho más que empezar. El carguero aterriza en la base de la ladera, cerca del asentamiento de las aldeas ulikas aliadas con los humanos, descubriendo consternados que éstas han sido destruidas y sus habitantes masacrados... y no con las toscas armas de los buragos, sino con modernas pistolas láser. Preocupados por lo que pudiera haber ocurrido durante su ausencia, remontan la ladera con sus vehículos voladores —lo que les evita la penosa caminata de sus antecesores— y llegan sin percances a la meseta superior, aunque para su desesperación contemplan inermes cómo una explosión de origen desconocido convierte en pavesas el Bravo, dejándoles a merced de que puedan hacer despegar a la astronave para poder regresar a casa; de no ser así, se verán obligados a consumir sus días en Ruskana.

Portada de la edicion de Robel

Finalmente llegan al lugar donde a Logan y a sus compañeros les recibieran los taciturnos mustes... encontrándose con nuevos signos de destrucción a la par que con numerosos cadáveres de esta raza. ¿Quién es el enemigo que se agazapa en las sombras? Finalmente lo sabrán gracias a un muste superviviente, de nombre Oobreke, que se encarga de desvelarles las incógnitas al tiempo que les advierte de lo delicado de su situación. Al parecer la nave, bautizada por los protagonistas con el nombre mítico de Cíclope, es una especie de zoológico reunido con extraños e incomprensibles fines por los constructores de la Cíclope, y en sus entrañas se almacenan miles y miles de especimenes hibernados de multitud de razas galácticas, de las cuales los habitantes de Ruskana —ulikas, buragos, pasivos y mustes—, ninguno de los cuales es oriundo del planeta, son tal sólo una pequeña muestra.

Según Oobreke uno de los integrantes de la anterior expedición —luego se sabrá que habría sido el propio Ordo —, en el transcurso de una de las expediciones, había arribado de forma accidental al centro de control desde el que se vigilaban las cámaras de hibernación y, al toquetear imprudentemente los mandos, había provocado sin saberlo la reanimación de varios centenares de especímenes pertenecientes a una raza desconocida, la de los nmengroes, dotados de una ferocidad brutal e insuflados de una agresividad tal que les impelía a asesinar a cualquier desgraciado ser que se interpusiera en su camino.

Los miembros de la expedición de Logan jamás llegarían a conocer las consecuencias de la imprudencia cometida por Ordo, pero los mustes y el resto de los habitantes de Ruskana sí, para desgracia suya, ya que los nmengroes son los responsables de las crueles matanzas que tanto sobresaltaran a los protagonistas. Tal es el resentimiento de los otrora pacíficos mustes que, venciendo todos sus condicionantes antiviolencia insuflados por sus creadores, habían sido los responsables, en palabras de Oobreke, de la destrucción del Polifemo, en venganza por el mal causado.

Pero la amenaza sigue latente. Oobreke solicita a Ordo, con la promesa de olvidar los rencores, que le ayude a rescatar a un puñado de congéneres suyos cautivos de los nmengroes, los cuales acostumbran a torturarlos cruelmente antes de asesinarlos intentando forzarles a revivir al resto de sus compañeros, que en número de varios miles —entre ellos todas las hembras— continúan hibernados. Pero al parecer Oobreke es el único muste superviviente capaz de hacerlo, razón por la que los desgraciados prisioneros están condenados a muerte. Ordo acepta y ambos se internan en las entrañas de la Cíclope seguidos por el desconfiado Lorenzo, que tiene ocasión de descubrir aterrado cómo en un recinto con ciertas similitudes con un antiguo anfiteatro romano las hordas nmengroes asisten enfervorecidas a la tortura y asesinato de varios desgraciados mustes.

Nada puede hacer Lorenzo frente a tal cantidad de enemigos, y cualquier intento de luchar con ellos se vería condenado forzosamente al fracaso con la más que probable pérdida de su propia vida; así pues, impotente, decide escabullirse por donde había venido, dándose de boca con Ordo y un grupo de mustes que le acompañan: Oobreke y varios prisioneros que, en un descuido de los nmengroes, han conseguido rescatar sanos y salvos, aunque terriblemente asustados.

Ordo recrimina a Lorenzo el abandono del campamento dejando solos a Mary y Medio Litro, y ciertamente no le falta razón, ya que han conseguido averiguar que los nmengroes han mandando un destacamento armado a la meseta exterior con objeto de capturar a los invasores. Retornan al campamento lo más rápido que pueden, descubriendo que sus enemigos se les han adelantado y se encuentran luchando encarnizadamente contra los defensores; la oportuna llegada de Ordo y Lorenzo desbarata el ataque y pone en fuga a los atacantes, pero la peor noticia que pudieran recibir les golpea como un mazazo: Mary ha sido hecha prisionera y arrastrada por sus captores en calidad de rehén. Y aunque por el momento su vida no corre peligro, ya que los nmengroes han propuesto un pacto a los humanos —la vida de Mary a cambio de la revitalización de sus compañeros—, la situación no deja de ser comprometida ya que los mustes, aliados circunstanciales de Lorenzo y sus compañeros, lógicamente no están por la labor, ya que ellos serían los principales perjudicados por esta transacción.

Claro está que traman un plan, que pasa por aplastar a la horda enemiga —en realidad, según descubren, el citado anfiteatro no es sino una prensa descomunal— mientras los distraen. Así pues, Oobreke se queda en el puesto de mando mientras Lorenzo y Ordo, tras fingir que aceptan el trato, descienden a las entrañas de la Cíclope. Una vez en la guarida de los nmengroes, los cuales se muestran irritados por la ausencia del muste, Oobreke proyecta un holograma en el cual se puede apreciar el despegue de la descomunal nave, lo que provoca un momentáneo desconcierto de sus enemigos aprovechado por los dos humanos para rescatar a la prisionera. Pero la maniobra de despiste dura poco y, para desgracia suya, la prensa no desciende con la velocidad requerida, lo que impide la aniquilación de los feroces nmengroes. Perseguidos sañudamente por éstos, los tres protagonistas se las ven y se las desean para poner tierra por medio, pero encaminados por el flemático muste consiguen arribar a la sala de control antes que sus perseguidores, reuniéndose con el aterrorizado Medio Litro.

En cuanto a Oobreke, éste demuestra contar con sus propios planes; tras contener a los furibundos nmengroes, que retornan dócilmente a sus cubiles para sorpresa de los humanos —luego sabrán que el muste los ha amenazado con revivir a los miembros de otra raza enemigos mortales suyos, y al parecer muy temidos por éstos—, comunica a sus aliados que ha logrado poner la nave en funcionamiento y que, tras rescatar a sus congéneres supervivientes, deciden volver al lugar de origen del enigmático vehículo, con objeto de rendir cuentas a sus creadores.

Eso sí, los humanos no viajarán con ellos sino que, a bordo de una nave auxiliar de tecnología similar a la destruida Bravo, podrán retornar a su destino atravesando de nuevo el agujero negro, eso sí con las manos vacías. Son muchas las preguntas que los protagonistas hacen al muste, pero éste no se digna siquiera a contestarlas salvo para admitir que la Cíclope contiene aún infinidad de misterios cuya existencia ni tan siquiera han llegado a sospechar.

Ambas naves se separan y poco después la imponente mole de la Cíclope desaparece de su vista, mientras los cuatro humanos retornan tal como habían venido.

En mi opinión personal, el argumento de esta novela era demasiado ambicioso como para poder encorsetarlo en un bolsilibro, máxime teniendo en cuenta la infinidad de trabas que los responsables de Bruguera acostumbraban a ponerle a su autor. Y es una lástima, puesto que el tema pudiera haber dado mucho más de sí en un marco más adecuado para la fértil imaginación de Ángel Torres.

Eso sí, yo he creído entrever en esta novela lo que pudiera ser el embrión de ciertas ideas que el escritor gaditano utilizó años después en su Trilogía de las Islas, algo que él me ha asegurado que no fue en modo alguno premeditado —no tengo el menor motivo para suponer lo contrario— pero que, quizá, pudiera hacer de forma inconsciente.

© José Carlos Canalda,
(2.088 palabras) Créditos