LA ODISEA DEL SILENTE (13)
Portada de la edicion de Robel

Al igual que ocurriera con LOS GUERREROS DEL TIEMPO, esta novela, que abre el volumen número 13 de la edición de Robel, es inédita y fue escrita expresamente por Ángel Torres para completar uno de los huecos que presentaban las novelas originales del Orden Estelar, aprovechando asimismo el autor para atar algunos cabos que habían quedado sueltos.

Tal como indica el título, la novela describe la primera singladura del Silente, el nuevo prototipo de Unex que ha sido entregado a Alice Cooper y a Adán Villagrán para que ambos lo comanden de forma conjunta. Mientras Alice y la tripulación del viejo Hermes se encuentran aguardando en la base de Vega-Lira, el recién ascendido a comandante Adán Villagrán y la nueva tripulación que ha de reforzar a la del Hermes recogen el nuevo buque con el encargo de dirigirse hacia Vega-Lira, donde finalmente se reunirán todos ellos.

Pero el Alto Mando desea que esta nueva y potente unidad de exploración aproveche su primer viaje para desentrañar un enigma, encomendándole tal misión al almirante Cooper, padre de Alice, finalmente recuperado de su larga y compleja reconstrucción corporal. Éste pone a Adán al corriente durante el viaje a Vega-Lira, remontándose a los hechos que fueron narrados en LOS GUERREROS DEL TIEMPO y que, como es sabido, supusieron el origen del Orden Estelar sobre las cenizas del desaparecido Imperio. Uno de los mercenarios terrestres llevados a su futuro por los terrestres era antepasado de los Cooper, y el almirante conserva un antiguo diario suyo en el que relata las peripecias que les condujeron al descubrimiento de la poderosa flota estelar que permitió el surgimiento del Orden Estelar, algo que ya conocen los lectores de la serie.

El diario continúa relatando cómo John Cooper, años después, participó en un viaje de exploración de un remoto y desconocido rincón de la galaxia, perdiéndose la expedición sin que volviera ninguno de sus integrantes, quedando sumido en el misterio lo que pudieran haber encontrado allí. Para aumentar el misterio, existen fundadas sospechas de la existencia de una anterior expedición imperial saldada asimismo de forma trágica. El almirante Cooper está convencido de la existencia de una relación directa entre ese lugar y el enigmático artefacto que permitió a los fundadores del Orden Estelar traer a su presente a los mercenarios del siglo XXI que les auxiliaron a derrotar a los últimos restos del moribundo Imperio, razón por la que desea repetir la exploración de su antepasado con unos medios —el Silente — infinitamente más capaces que aquéllos de los que disponía éste. Y desde luego cuenta con dos oficiales, tan brillantes e impulsivos como son Adán y su propia hija, para llevarlo a cabo con éxito.

Sin embargo, la situación resulta ser mucho más compleja de lo que en un principio pudiera sospecharse, al menos desde el punto de vista de un desconcertado Adán Villagrán. A la llegada del Silente a la base de Vega-Lira se procede a un rápido traslado de la tripulación del Hermes, tras lo cual el almirante Cooper dispone la partida inmediata de la nave. Además de precipitado esto no deja de ser irregular, puesto que precisan del permiso del Alto Mando terrestre para partir, pero una inoportuna tormenta solar ha interrumpido temporalmente las comunicaciones y el almirante convence al comandante de la nave, un general amigo suyo, de lo innecesario del formulismo.

Éste accede a regañadientes, pero cuando recibe un comunicado de la Tierra pidiéndole que impida la partida del Silente, el almirante bloquea la llamada hasta que, una vez en marcha la astronave, ya no se puede volver atrás. Explica entonces a su compañero que tiene razones fundadas para obrar así y le pide su comprensión, cosa que consigue al limitarse el comandante de la base a enviar unos cazas como puro trámite —no podrán alcanzar al poderoso navío— con objeto de cubrir las apariencias. Mientras tanto Adán, que desconoce los planes de su superior, comienza a inquietarse, pero accede a la petición de Alice de no interponerse en los planes del astuto almirante.

Finalmente, una vez alcanzado el hiperespacio, Adán recibe las explicaciones pertinentes por parte del almirante y su hija que, como cabe suponer, está al corriente de sus planes. Por una serie de avatares con aire de novela de espías, un miembro del Alto Mando —el almirante desconoce su identidad exacta— había tenido acceso al diario de John Cooper y, por razones desconocidas, decide impedir el viaje de exploración, llegando incluso hasta el asesinato para conseguirlo. Cuando el almirante presentó su proyecto al Alto Mando consiguió que fuera aprobado por una exigua mayoría, tan inestable que fue consciente de la necesidad de emprender el viaje con urgencia antes de que sus enemigos, comandados por el misterioso traidor, consiguieran neutralizar su momentánea victoria. Todo parece indicar que así ha ocurrido, pero el tozudo militar no está dispuesto a dar su brazo a torcer por más que ello pueda costarles, a él y a los dos comandantes del Silente, incluso un consejo de guerra.

Pese a haber triunfado en la primera batalla, todavía dista mucho de haber ganado la guerra. Dentro del Silente comienza a fraguarse una sorda oposición, encabezada por el capitán Desmond, un oficial recién llegado en el último momento —no pertenece a la fiel tripulación del Hermes —, alarmada por el irregular comportamiento de sus mandos, pero sus enemigos también acechan en el exterior: durante una de las salidas al espacio normal —el almirante ha dispuesto que el viaje se haga en varias etapas por motivos de seguridad—, en contra de todas las leyes de la probabilidad tropiezan con una nave desconocida que los ataca sin contemplaciones, eludiendo por muy poco la destrucción al tiempo que se zambullen de nuevo en el hiperespacio.

Este incidente acaba con la paciencia de varios oficiales, que ven peligrar no sólo sus carreras, sino incluso sus propias vidas. Abordan a Adán y le exponen claramente sus temores de que el almirante haya incurrido en un amotinamiento al que no quieren verse arrastrados. Además sospechan de la integridad mental de éste, todavía sometido a tratamiento tras su regeneración corporal, razones por las que le solicitan que destituya al almirante y a su hija retornando tras ello a Vega-Lira.

Adán se ve atrapado entre la espada y la pared. Él mismo experimenta profundas dudas sobre el comportamiento de los dos Cooper, padre e hija, y sólo el amor que siente por esta última le retiene de unirse a sus subordinados. Desesperado trata de imponer la disciplina —no puede hacer otra cosa— a esos oficiales tan próximos ya a la insubordinación, y por suerte para él la súbita irrupción de Alice en el momento álgido de la discusión consigue que las aguas vuelvan, siquiera temporalmente, a su cauce.

Alice corrobora todo lo afirmado por el prudente Adán, pero va mucho más allá que éste desvelando a los oficiales la existencia de una trama que intenta impedir por todos los medios el descubrimiento del enigma que se esconde en su remoto destino, un enigma del cual puede depender incluso la propia existencia del Orden Estelar. Quien está detrás de la trama es alguien muy poderoso, pero se está moviendo a espaldas de las autoridades legales pese a pertenecer a ellas. El navío que les atacó es un antiguo buque de la armada del Orden Estelar, pero ha averiguado que oficialmente había sido dado de baja meses atrás y, en teoría, desguazado. Asimismo ha descubierto que el aparato médico que utiliza su padre para continuar con su tratamiento rehabilitador había sido saboteado, hasta el punto de que estaba minando la salud del almirante, muy debilitado e inhabilitado temporalmente, pero por fortuna a salvo. Por si fuera poco, había sido introducido en él un emisor capaz de transmitir la posición del Silente en todo momento, lo que había permitido que, rastreando su señal, la nave enemiga les hubiera estado aguardando a la salida del hiperespacio.

Por último, Alice lee a todos ellos — Adán incluido, que conocía su existencia pero no los detalles precisos de su contenido— parte del diario de su antepasado, logrando convencerlos de la necesidad de seguir adelante con su misión pese a todos los obstáculos que pudieran cruzarse en su camino. El lector, eso sí, habrá de esperar para saberlo.

Encarriladas las cosas por el momento, el Silente prosigue su camino llegando finalmente a las coordenadas marcadas por John Cooper, donde lo único que encuentran sus tripulantes es un agujero negro. Paralelamente el comportamiento del capitán Desmond despierta cada vez más sospechas, y el almirante Cooper ordena su detención. Para sorpresa suya descubren que Desmond no sólo no es un espía de su misterioso enemigo, como creían, sino que, justo al contrario, ha sido enviado por los partidarios del almirante con objeto de velar por él... cosa que ha hecho, al descubrir y desmontar un artefacto destinado a sabotear la misión. Cierto era que había intentado oponerse a ella, pero lo había hecho al temer por la integridad física del almirante y de todos sus acompañantes. Asimismo desvela una sorpresa: conoce la identidad del enemigo del almirante, que no es otro que el general Lou Verbant, amigo suyo y, teóricamente, su principal apoyo en el Alto Mando. Se trata, pues, de un doble traidor, al haber traicionado también la confianza de éste.

Por si fuera poco, y para acabar de complicar las cosas, aparece de nuevo el tenaz crucero perseguidor. Acorralados entre la espada y la pared, el almirante decide adoptar una medida tan arriesgada como audaz, sumergirse en el interior del agujero negro contando con que se trate en realidad de un agujero de gusano capaz de transportarlos a un lugar lejano, quizá a los mismos confines del universo. Tras algunas dudas así lo hacen, penetrando en una dimensión desconocida de la cual ignoran absolutamente todo.

El viaje por el interior del agujero de gusano dura varias semanas y, cuando ya comenzaban a dudar de la posibilidad de llegar al final, aparecen en un lugar que no puede ser más extraño y que, según sus cálculos, se encuentra en los confines mismos del universo, donde hasta las constantes físicas fundamentales muestran valores diferentes a los conocidos. Se trata de un planeta que recuerda poderosamente al paisaje marciano, totalmente desolado y deshabitado aunque provisto de atmósfera respirable y cubierto por una densa capa de nubes que velan por completo el espacio situado más allá de las mismas. Del agujero negro o, por hablar con mayor propiedad, del otro extremo del agujero de gusano que les condujera hasta allí, no se vislumbra el menor rastro.

Evidentemente optan por explorar el extraño planeta, aunque en realidad es muy poco lo que hay que ver... apenas unas informes ruinas que sobresalen de la arena del desierto, único vestigio aparente de actividad humana o de otras razas galácticas. En el interior de ellas encuentran vestigios de las dos expediciones que les precedieron —la imperial y la de John Cooper —, y también un mensaje grabado de este último que les permite desvelar alguna de las incógnitas que les rodean. Pero el descubrimiento más sorprendente es el realizado por los detectores del Silente: ese extraño planeta es artificial, un simple decorado bajo el cual se esconde un número incontable de las cápsulas del tiempo que han venido a buscar.

Aunando sus propias investigaciones con el mensaje de su predecesor, consiguen hacerse una idea bastante fidedigna de lo ocurrido. El depósito de cápsulas temporales en el que se encuentran —pues de eso básicamente se trata— había sido construido por una raza desaparecida, pero la manipulación imprudente de la trama temporal había provocado su extinción, quedando de ellos tan sólo los frutos de su peligrosa tecnología. Llegado allí por azar un buque de opositores al Imperio, con anterioridad a la expedición imperial ya conocida por los protagonistas, éstos habían enviado varias cápsulas al pasado con objeto de utilizarlas para sus propios fines, que no eran otros que los de derrocar al régimen imperial... sin resultados prácticos, puesto que al igual que el resto de las expediciones no habían conseguido volver a la Tierra, aunque las cápsulas enviadas por ellos en régimen automático habrían sido las que posteriormente descubrieran los imperiales —desguazándola e inutilizándola, pero obteniendo los datos que les permitirían enviar su fallida expedición— y los fundadores del Orden Estelar, en esta ocasión utilizada para reclutar a los mercenarios del siglo XXI.

El problema es que hay algo en el falso planeta que impide retornar a los que caen en él, tal como ocurrió a todos los predecesores del Silente. La expedición de John Cooper logró descubrir que sólo privados de consciencia podían atravesar la barrera los seres vivos, pero eso no resultó suficiente para garantizar su supervivencia, ya que su nave se había perdido tal como ocurriera con las dos anteriores... y ahora los tripulantes del Silente se encuentran ante idéntico dilema.

Así están las cosas cuando el crucero que les persiguiera, como si de un sabueso se tratara, aparece también en el horizonte del falso planeta y su comandante, que tal como sospecharan es el general Verbant, solicita entrevistarse con su antiguo amigo. El almirante accede y, teniendo como perplejos testigos a Adán y a Alice, ambos militares descubren que, pese a sus aparentes diferencias, coinciden en lo fundamental: el depósito de cápsulas temporales es demasiado peligroso como para correr el riesgo de que pudiera caer en manos imprudentes o poco escrupulosas. En realidad ambos temían que el otro cometiera la imprudencia de apropiarse de ellas, por lo que rápidamente se ponen de acuerdo en que la mejor solución posible es la de destruirlas como modo de acabar con la amenaza. El crucero del general transporta una cantidad de explosivos suficiente para destruir completamente el planeta, pero existe el problema de la evacuación de los náufragos, ya que bastará con el sacrificio de una única persona —la encargada de provocar la detonación— para alcanzar los objetivos deseados.

Los dos militares creen que la destrucción del planeta hará cesar también la fuerza que les impide abandonar el lugar, pero no pueden estar seguros de ello y, como medida de precaución, deciden narcotizar a los tripulantes del Silente durante el proceso... a ellos y a la dotación del crucero, que es transbordada a la Unex. Sigue entonces una discusión entre el almirante y el general dado que ambos reclaman para sí la responsabilidad del sacrificio, pero finalmente es el último de ellos el que la asume.

Finalmente todo ocurre tal como habían previsto. El general Verbant, a bordo del crucero, provoca con la explosión de éste la destrucción del falso planeta, momento que aprovecha el Silente para escapar de las fuerzas que le retenían en aquel lugar penetrando de nuevo en el agujero de gusano. Cuando sus tripulantes recuperan la consciencia comprueban que el sacrificio del general no ha sido inútil, y ellos logran volver sanos y salvos a casa.

© José Carlos Canalda, (2.479 palabras) Créditos