UN PLANETA LLAMADO KHRISDAL (92, 12)
Portada primera edicion

Esta novela, número 92 de la colección La Conquista del Espacio, completa el segundo volumen de la reedición de Ediciones B y el duodécimo de Robel, dando también fin al corto ciclo al que he hecho alusión en los comentarios anteriores.

A cualquiera que haya leído los volúmenes anteriores de Robel, concretamente el tercero, le resultará conocido el nombre del planeta que da título a la novela, aunque no así a los antiguos lectores de las otras dos ediciones. Esto se debe a que Khrisdal aparece citado en ESCLAVO DEL IMPERIO, escrita por Ángel Torres Quesada con posterioridad a UN PLANETA LLAMADO KHRISDAL —apareció publicada por vez primera con el número 298 de La Conquista del Espacio — pese a tratarse de una precuela ambientada, como su título indica, en plena época imperial. En cuanto a la incompleta reedición de Ediciones B, simplemente la ignoró.

Puesto que cabe suponer que quienes lean este comentario estarán ya al corriente de uno de los secretos mejor guardados de la galaxia, conviene recordar que los habitantes de Khrisdal, aunque humanos, presentan una peculiaridad única en todo el orbe, la posesión de poderes paranormales. Perseguidos sañudamente por los sucesivos emperadores, temerosos de su hipotético poderío, los nativos de Khrisdal han logrado mantener su mundo a salvo de ataques y persecuciones gracias a que han sabido mantener oculta su ubicación. Nada se ha sabido de ellos hasta el resurgir de la civilización de la mano del Orden Estelar, y ahora es cuando —dentro del orden cronológico propio de la serie, evidentemente— vuelven a aparecer de nuevo.

UN PLANETA LLAMADO KHRISDAL está protagonizado, dentro de esa curiosa alternancia que implantó Ángel Torres, por el teniente Adán Villagrán, que llega a la Tierra con objeto de someterse a una revisión de su expediente de cara a una posible reclasificación de su grado. Su llegada no satisface precisamente a sus superiores, en especial al Legislador Ernst Silvair, que ven con malos ojos cualquier intento de los oficiales descontentos de ascender por la vía rápida de una reclamación. Pero el caso de Adán es muy especial, lo que les impide recurrir al expeditivo método de falsear los resultados de los exámenes: el teniente es un Reserva, es decir, uno de los oficiales especialmente valiosos que, por razones de operatividad, han sido deliberadamente clasificados de forma injusta, manteniéndoseles en la reserva —de ahí el nombre— hasta que llegue el momento en el que todo su potencial pueda ser aprovechado.

Dadas las circunstancias, al Alto Mando no le interesa en absoluto que estas personas puedan llegar a malograrse por culpa de una recalificación prematura. Por esta razón, el Legislador y sus ayudantes deciden ponerle las cosas difíciles al confiado Adán, encargando a uno de sus agentes que entorpezca su camino haciendo todo lo necesario para que Adán no pueda presentarse a las pruebas a las que está citado, única manera legal de negarle el ascenso. Pero Adán, al igual que le ocurre a Alice, tiene sus propias maneras de complicarse la vida sin necesidad de ayuda ajena.

Al dirigirse a la cafetería del astropuerto a tomar un desayuno, Adán se encuentra con una adorable niña de unos diez años de edad que aparentemente se encuentra sola. Al intentar ayudarla, ayuda que por cierto es rechazada de plano por la criatura alegando que está esperando a una persona, el teniente se encuentra con la sorpresa de que ésta es capaz de leerle el pensamiento, haciendo alusión a episodios pasados de sus anteriores aventuras que, evidentemente, no tenía posibilidad alguna de conocer. Perplejo, Adán intenta profundizar su relación con Rose —ese es su nombre— cuando es interrumpido por una llamada telefónica de sus superiores —en realidad se trata de la primera maniobra de su estrategia de despiste— y, cuando vuelve a la cafetería, descubre que la niña ha desaparecido dejándose olvidado un pequeño bolso infantil aparentemente vacío. Adán lo recoge y se encuentra entonces con la persona a la que según todos los indicios estaba esperando la niña, una bella joven —luego sabremos que se llama Flavia — que de repente comienza a mostrarse extremadamente nerviosa y huye despavorida antes de que el desconcertado teniente pueda hacer algo por impedirlo.

Puesto que tiene tiempo libre dado que su presentación en la Academia ha sido pospuesta durante un par de días, Adán decide desentenderse del tema y aprovechar para hacer un poco de turismo en la Tierra. Pero al dirigirse al aparcamiento del astropuerto a recoger un vehículo de alquiler que le pueda llevar a su hotel, es asaltado por un sicario que le acusa de haberse apropiado del mensaje del que era portadora la niña —aparentemente el inocente bolso—, exigiéndole su entrega bajo amenazas. Gracias a su ingenio Adán consigue librarse de él, que huye en un aeromóvil; pero no contento con ello e incitado por su curiosidad, llama a un aerotaxi y le ordena seguir al vehículo de su agresor. Mientras tanto, el agente enviado para entorpecerle se queda con dos palmos de narices.

Portada de la edicion de Robel

Tras una larga y tópica persecución los fugitivos consiguen escabullirse, optando Adán por dirigirse a su hotel y olvidarse de todo, algo que no conseguirá ya que, al entrar a su habitación —teóricamente cerrada con llave—, se encuentra a Rose esperándole. La niña, que gracias a sus poderes telepáticos está al corriente de su última aventura, le recrimina haber recogido el bolso que ella había dejado para Flavia, con un mensaje que sólo ella sería capaz de descifrar. Asimismo le confirma el interés existente por parte de sus perseguidores por interceptar el mensaje, pero sin darle la menor pista acerca de lo que se está moviendo en esa enrevesada intriga. Adán promete entonces ayudarla a encontrar a su amiga, tras lo cual le recomienda que descanse.

Mientras la niña duerme, el jefe de la banda hace una llamada a Adán prometiéndole una substanciosa cantidad de dinero a cambio del bolso, que él había devuelto a su propietaria, amenazándole con arrebatárselo sin contemplaciones si se niega. Con objeto de ganar tiempo Adán finge aceptar la oferta, pero cuando se dirige a buscar a Rose con objeto de huir con ella antes de la llegada de sus perseguidores, ésta que ha oído todo gracias a sus poderes telepáticos interpreta mal la maniobra de su amigo y, pensando que intenta traicionarla, le sume en la inconsciencia al tiempo que huye ella sola. Cuando Adán despierta se encuentra rodeado por los mafiosos, los cuales, aunque creen su historia de que la niña se ha fugado, consideran que ya no les es de utilidad y deciden deshacerse de él.

Desesperado ante la inminencia de su muerte, Adán improvisa un burdo plan fingiendo conocer el lugar donde se oculta Flavia, comunicándoles una dirección falsa a sus potenciales asesinos. Éstos desconfían de él, pero acceden a desplazarse hasta allí dejando a uno de los matones custodiando al prisionero, el cual comprueba desconsolado que lo único que ha conseguido ha sido ganar un efímero tiempo.

Por una narración paralela, sabemos que las autoridades del Orden Estelar, intrigadas por las andanzas de su oficial, han comenzado a investigar a los individuos con los cuales éste se ha visto involucrado, descubriendo que el jefe de la banda, un tal Arnold Golden, es el propietario de un garito de la Luna que se encuentra de forma irregular en la Tierra. Es preciso aclarar que Ángel Torres presenta a nuestro satélite como una mezcla de Las Vegas y una moderna Sodoma, un templo de todos los vicios surgido en época imperial y respetado a regañadientes por las autoridades terrestres, ansiosas por encontrar una excusa que les permita clausurarlo. Qué puede estar tramando este individuo en la Tierra es algo que todavía se les escapa, pero desde luego intuyen que nada bueno.

Aunque el futuro de Adán se presenta realmente negro, la suerte le sonríe con la llegada de la niña que, arrepentida por su arrebato, decide volver para reunirse con él. La presencia del matón no le supone el menor problema, sumiéndolo en la inconsciencia con la misma facilidad con que lo hiciera con el propio Adán, el cual comienza a sospechar que Rose no sólo es paranormal, sino que además sus poderes son de una intensidad asombrosa.

Por desgracia para ellos, cuando intentan abandonar el hotel se dan de bruces con los matones que, irritados por el engaño, reciben a Adán a tiro limpio. Aunque éste y Rose consiguen finalmente escabullirse, Golden se encuentra de forma inesperada con un premio con el que no contaba: Flavia, también paranormal pero muy mermada en sus facultades por culpa de un perturbador mental manejado por el mafioso, cae en la misma boca del lobo cuando intentaba de nuevo reunirse con la niña. Puesto que ya tienen lo que buscaban, Golden y sus matones se marchan de allí desentendiéndose de sus otras presas y llevándose con ellos a la muchacha, concretamente a su guarida lunar.

Una nueva aparición de los responsables del Orden Estelar sirve para que los lectores reciban más pistas acerca de la compleja trama. Éstos siguen investigando las razones por las que Golden ha secuestrado a Flavia y perseguido a Adán y a Rose, al tiempo que siguen sin olvidar sus intentos de boicotear los exámenes de recalificación del teniente. Así, mientras deciden permitir la fuga de Golden con objeto de seguirle el rastro, ordenan a la policía detener al oficial del Orden y a su joven acompañante.

Mientras tanto, ambos protagonistas continúan con su azarosa fuga; desembarazados de los mafiosos lunares, Rose descubre que su compañera ha sido secuestrada por éstos y embarcada rumbo a la Luna, razón por la que solicita a Adán que la conduzca al astropuerto. Una vez allí consiguen eludir el cordón policial en una primera instancia, pero se ven imposibilitados para acceder a las pistas so pena de ser detenidos. Una vez más son los portentosos poderes parapsicológicos de la niña los que vuelven a sacarlos de apuros, esta vez de forma harto espectacular ya que ésta consigue teleportar a ambos hasta la misma Luna delante mismo de los perplejos agentes.

Por su parte, el Legislador Ernst Silvair sigue atando cabos, y las conclusiones a las que llega no le agradan en absoluto. El interés de Golden por los paranormales resulta ya de por sí sospechoso, y teme que esté tramando un siniestro plan de incalculables consecuencias. Así pues, decide desplazarse personalmente hasta la Luna, una iniciativa arriesgada puesto que sus centros de placer están protegidos por un estatuto especial que le ata en buena medida las manos, de forma que un paso en falso podría acarrear consecuencias muy negativas tanto para él como para la propia cúpula del Orden Estelar.

Puesto que Adán y Rose llegan a la Luna mucho antes que Golden y sus hombres, tienen que esperar cierto tiempo hasta que aterrice la nave que los transporta. Mientras tanto Rose, que pese a sus poderes sigue siendo una niña, muestra interés por los casinos que florecen en la ciudad lunar, y Adán, muy en plan didáctico, intenta convencerla de que el juego es algo malo... apostando varias veces en una variante futurista de la clásica ruleta y, como cabía esperar, perdiendo en todas ellas. Pero la cosa cambia cuando la niña, tras observar minuciosamente la mecánica del juego, manifiesta sus deseos de participar. A regañadientes Adán acepta, descubriendo con sorpresa que su joven acompañante acierta pleno tras pleno, ganando en poco tiempo una copiosa fortuna.

Es evidente que ha recurrido a sus poderes paranormales, pero los dueños de los casinos ya cuentan con ello y poseen artilugios capaces de bloquearlos... en casos de paranormales corrientes, algo que Rose no es. Nada hay que legalmente lo impida, pero el dueño del casino, viendo el peligro de que salte la banca, intenta llegar a un acuerdo con ellos... algo a lo que Adán renuncia encantado, ofreciéndose a renunciar a las ganancias a cambio de ayuda para rescatar a Flavia de las garras de Golden. Su interlocutor vacila, no quiere problemas con sus colegas, pero Adán consigue convencerlos, a él y al resto de los propietarios de garitos, al afirmar con audacia que Golden es un peligro para todos ellos dado que pretende utilizar los poderes paranormales de Flavia para llevar a todos ellos a la bancarrota haciéndose con el monopolio del negocio lunar.

En realidad los planes de Golden son otros, infinitamente más ambiciosos y siniestros: una vez comprobada la efectividad de su perturbador mental, que mantiene a la muchacha inerme y a merced suya, pretende arrancarle el secreto mejor guardado de su raza, la ubicación espacial de Khrisdal, un planeta cuya única defensa es precisamente la de mantenerse oculto. Una vez allí, y gracias a una versión de mayor tamaño del perturbador, conseguiría hacerse dueño de la voluntad de todos sus habitantes, muy escasos en número, aprovechándose de sus habilidades para hacerse con el control de la galaxia o, al menos, de una buena porción de ella. Nada le importan ya las pequeñas —en comparación— miserias de la ciudad lunar, pero eso sus colegas todavía no lo saben.

Gracias a ello, y a que los poderes mentales de Rose le permiten localizar con facilidad a su compatriota, Adán y la niña consiguen irrumpir en el refugio del mafioso mientras sus aliados circunstanciales neutralizan a las fuerzas de seguridad privadas que lo protegen. Pero no acaba aquí la cosa puesto que, en un nuevo giro de tuerca, es ahora la policía terrestre, al mando del propio Ernst Silvair, quien se hace a su vez con el control de la situación. Detenidos los delincuentes, a salvo los protagonistas y reunidas al fin las dos nativas de Khrisdal, es el propio Legislador el que se encarga de aclarar los últimos interrogantes. Tras dar una nueva explicación acerca de la existencia del misterioso planeta y de las razones que históricamente han justificado su aislamiento, aclara que algunos de sus habitantes acostumbran a viajar periódicamente a la Tierra u otros planetas, por supuesto de riguroso incógnito, para recabar información acerca de la situación en que se encuentran éstos, tras lo cual retornan a Khrisdal con el mismo sigilo con el que habían llegado.

Ésta había sido inicialmente la misión encomendada a Flavia, pero la muchacha había tenido la mala suerte de tropezar con Golden y con su perturbador mental, un artilugio ideado inicialmente para alejar de su casino a los paranormales corrientes, pero que se había mostrado como una poderosa herramienta para sus nuevos y ambiciosos propósitos. Al estar muy mermada en sus capacidades e incapaz de escapar de la Tierra, las autoridades de Khrisdal habían decidido mandar en su ayuda a Rose ya que, a pesar de su corta edad, posee unos poderes paranormales excepcionales, incluso para el promedio de su planeta.

La crisis ha quedado resuelta, salvo en el punto relativo a las dos muchachas. El Legislador tiene órdenes de llevarlas a la Tierra, pero cuando se dirige a ellas descubre que ya no están, teleportadas directamente a su planeta gracias a la portentosa capacidad de Rose. En cuanto al perturbador mental de Golden, es tan sólo un amasijo de chatarra tras haber sido destruido por la niña.

Queda pendiente, no obstante, el tema de las pruebas a las que debía ser sometido Adán y que tanto empeño habían mostrado sus superiores en dificultar. Bien, resulta que ya no son necesarias... el joven teniente ha demostrado sobradamente su valía, y a pesar de que no estaba previsto su ascenso hasta después de varios años, el Legislador decide concederle de forma inmediata el grado de comandante, poniendo bajo su mando a la primera unidad de una nueva serie de Unex —unidades exploradoras— mucho más poderosa que las antiguas de la clase Hermes. El nombre del buque es Silente y, eso sí, dada su envergadura requiere un mando compartido entre dos comandantes. Uno de ellos será el propio Adán, y el otro su antigua superior —y ahora igual en el mando— Alice Cooper. Finalmente, el ambicioso muchacho ha conseguido alcanzar todos sus objetivos.

© José Carlos Canalda, (2.664 palabras) Créditos