REBELDES EN DANGHA (127, 1)
Portada primera edicion

Publicada originalmente con el número 127 de la colección La Conquista del Espacio, esta novela es el inicio de la saga del Orden Estelar según su propia cronología interna, abriendo por lo tanto la reedición de Robel. Ambientada en la época de pleno apogeo del Imperio Galáctico, relata las luchas y las intrigas del ejército imperial frente a los deseos independentistas de algunos planetas reacios a acatar la soberanía del emperador.

El protagonista es Gresh Lemmy, un joven teniente recién graduado en la Academia Imperial de la Tierra, hijo de un militar fallecido heroicamente en defensa del imperio. Esta circunstancia le concede el privilegio de elegir su destino, lo cual hace optando no por un puesto cómodo en las proximidades de la corte, sino por uno en el remoto planeta Dangha. En realidad desconoce todo acerca de este planeta, salvo que en él podrá servir lealmente al emperador al igual que lo hiciera su padre. Pero, ¿por qué precisamente Dangha? Pues porque ha sido incitado a ello por un ex-profesor suyo que, renunciando a su cargo, ha solicitado asimismo destino en este planeta, ofreciéndole su protección.

El muchacho está contento, pero lo que ignora es que está siendo víctima inocente de una tortuosa maquinación. Dangha, rico en materias primas de gran valor, está azotado desde hace tiempo por una cruenta guerra colonial agravada por la rapacidad de los sucesivos delegados imperiales, más preocupados por su enriquecimiento personal que por el mantenimiento de la ley y el orden. Curiosamente, Ángel Torres nos plantea aquí una situación que recuerda poderosamente a la de la España celtíbera sometida a la rapacidad de los pretores romanos durante los años inmediatamente posteriores a su conquista.

El transporte militar procedente de la Tierra llega finalmente al planeta rebelde llevando en su seno a un importante destacamento de tropas, entre las que se encuentran el teniente protagonista, su maquiavélico mentor y el jefe de una unidad de fuerzas espaciales compinchado con el mismo. Su plan es tan sencillo como siniestro: Tras asesinar al anterior gobernador cuando éste se disponía a retornar a la Tierra, eliminando así a un posible testigo molesto, acusan falsamente del atentado a la guerrilla nativa, lo que les sirve de excusa para incrementar las medidas represivas contra sus dominados. Claro está que sus planes no se acaban ahí, ya que pretenden asesinar asimismo al incauto teniente para poder justificar una presunta venganza que arrasaría a sangre y fuego el planeta... haciendo desaparecer las pruebas de su voraz rapiña.

Portada de la edicion de Robel

Mientras tanto el protagonista, ajeno por completo a estas maquinaciones, traba sus primeros contactos con la sociedad nativa, no siempre de forma amistosa. No obstante, lo que más le sorprende es encontrar allí a una muchacha que conoció en la Tierra dentro de la propia Academia Imperial, algo en teoría imposible dado que el planeta está sometido a la ley marcial teniendo tajantemente prohibido sus habitantes viajar a cualquier punto del imperio. Ingenuamente se lo comunica al nuevo gobernador, al cual sigue considerando un protector suyo, lo que causa la alarma de éste al temer que pudiera existir una trama rebelde mucho más poderosa de lo que sospechara.

Por fortuna para el bisoño teniente, su persona también entra en los planes de los rebeldes, los cuales proceden a secuestrarlo tras tender una emboscada al vehículo que lo transportaba. No obstante, sus intenciones son muy diferentes y no figura en ellas causarle el menor daño; al contrario, temerosos de que su asesinato sirva de excusa para la destrucción de su planeta una vez expoliado, le comunican los planes del ambicioso gobernador al tiempo que le ruegan que sirva de intermediario ante la corte imperial; los insurrectos no desean romper sus lazos con el imperio, sino simplemente llamar su atención sobre las injusticias que están padeciendo. Como cabía suponer, la chica que conociera en la Tierra es una de las cabecillas del movimiento rebelde y, no podía ser de otra forma, entre ellos comienza a florecer algo más que la amistad.

Ante tal cúmulo de acontecimientos Gresh se muestra confuso, y todavía más cuando el gobernador, irritado por ver sus planes amenazados, se quita la careta y desata una guerra sin cuartel contra los habitantes de la colonia. Éstos se defienden con fortuna y frustran la feroz ofensiva, lo que acaba definitivamente con la paciencia del traidor que, tras intentar matar a su compinche al ver que éste flaqueaba, decide huir no sin antes activar una potente red de explosivos capaz de arrasar el planeta.

Por fortuna Gresh y sus nuevos aliados, tras convencer a las desmoralizadas tropas imperiales, consiguen detener al asesino, finalmente fulminado por su moribunda víctima. Desactivados los explosivos la amenaza queda conjurada, pero todavía queda lo más difícil, convencer al gobierno imperial de las buenas intenciones de los rebeldes. Parte el protagonista en embajada rumbo a la Tierra, pero no logra alcanzar su destino al estallar una conspiración que derroca al emperador desatándose el caos al estallar una lucha entre los distintos pretendientes al trono. El antiguo teniente y sus compañeros se ven obligados a retornar a Dangha, confiando en que el aislamiento del planeta le pueda librar del conflicto. Y por supuesto, la novela concluye en boda.

© José Carlos Canalda,
(866 palabras) Créditos