Bienvenida

El Serial

LONNEKE

—¡Un torpedo! —gritó Lene—. ¡120, SE-N! Se nos acerca por detrás. ¡Ordenador, cañón de taquiones!

—¡No! —exclamó Lonneke—. Espera un segundo.

La venusiana agarró con fuerza los mandos de navegación y casi por instinto los hizo girar. La inteligencia artificial del Nautilus hizo el resto y la nave se introdujo hábilmente entre dos de sus hermanas mayores. El torpedo la siguió.

El navío a babor del Nautilus era un crucero confederado: el Zamiantin IV, mientras que el que tenía a estribor era un galeón de Marte, el Victoria. Éste último estaba situado boca abajo con respecto a una de las naves de su propia flota, la corbeta Agamenón. Esta era una posición defensiva muy ventajosa, ya que ambas naves conservaban siempre un flanco intacto, y maniobraban juntas. Lonneke llevaba un rato viendo de reojo su situación, y había intentado, sin fortuna, introducir el Nautilus entre ambas. Si lo hubiera conseguido lo más probable es que el fuego cruzado hubiese reducido a escombros la pequeña fragata. Pero ahora tenía otra idea.

Desde que había llegado Lee, la joven del pelo plateado se había sentido un poco apartada. Sin duda Lee Zalduendo, con sus talentos especiales, era la mejor navegante del universo. Y aunque la pirata había sido muy amable con Lonneke, ésta tenía una espina en el corazón, y más si cabe, después del tiempo que su nueva compañera y su amada Lene habían pasado a solas en Venusburgo. Era el momento de demostrar lo que valía Lonneke Sivilay, ahora o nunca.

El viraje de Lonneke se convirtió en una curva extremadamente cerrada. La posición del misil que se les acercaba estaba escorada a estribor del Nautilus, pero les perseguía desde atrás. El misil intentó seguir a Lonneke entre las dos naves de guerra, pero marchaba demasiado retrasado. De pronto se encontró con que el Nautilus se había ocultado tras la mole del Victoria. Irremediablemente impactó contra el navío de su propio bando.

La explosión afectó las toberas de maniobra del galeón. El campo magnético que contenía el plasma desapareció de todo un ramo de conductos y el plasma allí acumulado para maniobras de emergencia, estaban en plena batalla, fue lanzado al espacio con pavorosa fuerza.

Como resultado el Victoria viró fuera de control, y chocó como un animal desbocado contra la corbeta que le cubría el flanco. Se produjo una explosión, y la Agamenón viró a su vez. Sus motores no funcionaron como debían a causa del temible impacto y comenzó a desplazarse hacia Neto dando vueltas. La reacción en la estación espacial fue estremecedora. Le dispararon todo lo que tenían. Pero fue inútil, el Victoria también se movía exactamente en esa dirección, con todos sus chorros de plasma descontrolados.

El Nautilus consiguió evitar in extremis que los gases de escape le alcanzaran y voló hacia una zona segura, por debajo y más allá de Neto. Delante de él apareció otra mole enorme: el Huor.

Al mismo tiempo la Agamenón alcanzó el extremo de Neto, y el Victoria se precipitó detrás. El enorme galeón explosionó iluminando todo el espacio. Prácticamente todas las naves sufrieron daños, excepto el Nautilus que se había situado detrás de la gigantesca plataforma. Ésta fue quien se llevó la peor parte. Si los marcianos podían soñar todavía con salvar algo de su orgullo, ese fantasma se disipó de pronto. Acababan de perder una de sus corbetas, prácticamente destruida por fuego amigo, y uno de sus galeones había desaparecido en una explosión atómica de fusión incontrolada, llevándose consigo todo un flanco de Neto. Estaban perdidos.

Entretanto en el Nautilus, la única preocupación de sus tripulantes era ponerse a salvo de la onda expansiva de plasma y el pulso electromagnético que en esos momentos estaban zarandeando a amigos y enemigos, abrasando sus blindajes e inutilizando sus sistemas electrónicos. Tardarían un buen rato en recuperarse y volver a las andadas.

Lene miró con renovado asombro a su amante. Lee exclamó en un suspiro mientras meneaba la cabeza.

—¡Impresionante!

—¿Los has hecho a propósito? —preguntó la Comandante.

La rubia asintió con media sonrisa en la luminosa faz. Ambas se miraron encandiladas por un instante. Delante de ellas la esférica mole del Huor se acercaba, y el Nautilus comenzó a sortearla por su polo Sur. El momento de intimidad fue roto por la voz de Lee.

—¡Mirad! ¿Lo veis?

Detrás del Huor surgía lentamente otra forma, mucho más pequeña. Oscura, alargada, un bulto informe más oscuro que la propia negrura. Se desplazaba lentamente, alejándose tanto del Huor como del Nautilus.

—Es un pedrusco —dijo Lene usando la jerga habitual para referirse a un asteroide—, uno pequeño. No hay de qué preocuparse.

—Sí —replicó Lee—, sí lo hay. ¿No sabéis lo que es? Es el Venganza.


Creado: 23 de julio de 2007
Última actualización: 09 de septiembre de 2007 a las 09:08  Bienvenida  Mapa del Sitio