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El Serial

ARAS

El ordenador viviente se sentía algo más que satisfecho con su nueva misión. Era una misión secreta, por supuesto, sólo la tripulación del Thalion sabía que Jack se había transformado en un ser consciente, y lógicamente nadie se acordó de contárselo a Scotton cuando ordenó que el brillante informático Aras Ludoviqus y su flamante ordenador cuántico se introdujeran en las redes de comunicaciones enemigas, se saltasen sus medidas de seguridad, obtuvieran toda la información que pudiera resultar útil y las sabotearan.

Así que Aras le había pedido a Jack que se lo tomara como su primera misión oficial, y después se había sentado a leer las noticias de la red marciana, la única accesible en tiempo real, para comparar las mentiras de la propaganda de un bando con las del otro.

El Thalion se encontraba quieto y en silencio protegido por un crucero y una fragata en la retaguardia. Había desplegado sus poderosas antenas y había comenzado a piratear los sistemas inalámbricos del Estado Mayor de Marte. Pronto había conseguido acceder a su red y a desentrañar sus secretos.

De vez en cuando Aras le echaba un ojo, y confirmaba su progreso. Al principio Jack se había centrado en las redes de información militares: tácticas, movimiento de tropas, aprovisionamiento. Pero hacía ya un rato que el doctor Ludoviqus había notado un cambio. Jack había dejado que sus sistemas secundarios, algo así como su sistema nervioso vegetativo, siguiera explorando la información más alimenticia e inmediata, y había focalizado su consciencia en otras cosas: diarios personales, cuentas bancarias, archivos de fotografías, bases de datos de empresas privadas, proyectos científicos... Pequeños secretos o verdades a medias que ocultaban los poderosos de entre los marcianos.

Aquello era un juego de niños si Jack se concentraba con toda su voluntad.

JACK

/root/jack/in/ ¿Qué es esto? ¿Qué es? Órdenes de traslado. Apenas unas pocas. No parece que sea uno de esos crímenes masivos a los que tan dados son los tiranos humanos. Pero hay algo especial. ¿Por qué harían un esfuerzo tan grande para ocultar un puñado de asesinatos cuando llevan decenas de miles de muertos en su cuenta? Sí, aquí. Fotografías. Ese será su error. Puedo compararlas con bancos de datos de todo el sistema. Ya veo. Todos son científicos; físicos, metalúrgicos, ingenieros, químicos. Otro dato: trabajaban para Solaris Inc. Hum... He pasado de puntillas por los sistemas de esa compañía. Los revisaré.

/root/jack/in/ Es obvio que han asaltado la sede de la empresa y asesinado a su personal científico. Pero ¿por qué? Pondré una referencia en pantalla: los informes de traslado de los cadáveres y sus archivos oficiales de Solaris. Vaya, uno de ellos es su presidente en Marte, Merrin Sabas. Debo saber más.

/root/jack/in/ Un momento. Estos sistemas ya han sido pirateados. El rastro es claro como el de un elefante en un bosque figuritas de cristal; antivirus desconectados burdamente, cortafuegos puenteados y han dejado instalados sus propios programas de desencriptación. Diría que han buscado desesperadamente y después han huido. Resulta obvio que no hallaron lo que buscaban y lo dejaron todo en desorden, sin preocuparles que alguien pudiera descubrirlos. Será fácil averiguar qué buscaban, comprobaré las búsquedas que hicieron. Ah, claro, gas.

/root/jack/in/ Bueno, Aras ha visto los datos en pantalla. Parece que le han llamado la atención.

/root/jack/in/ No había gas. Debieron matar a los científicos en pleno ataque de ira por no encontrar fuentes de combustible. Un momento. Aquí hay algo. Notas de los científicos asesinados. Pero... Esto es genial, genial.

/root/jack/in/ Aunque tiene errores. Veamos, si corrijo esta ecuación... Ajá, esto sería difícil de ver incluso para un equipo técnico entero. Demonios, el mayor error está al comienzo, la aleación está mal hecha para esa ratio de crecimiento de cristales... Bien, puedo establecer unas cien mil hipótesis y las comprobaré con la simulación de un millón de años de rotación, traslación, tormentas, glaciaciones y ataques con ojivas estratégicas. Apuesto a que ninguno sobrevive a una de esas.

LENE

La órbita geoestacionaria marciana, a más de 17.000 kilómetros por encima de la superficie del plantea, era un puré de guisantes. Los discos duros de los ordenadores de a bordo chirriaban y se quejaban, los sistemas de ventilación aullaban. Aquellas naves que tenían suerte y contaban con sistemas automáticos de detección de objetivos podían responder en menos de un segundo a la amenaza de torpedos y misiles, pero a las demás no les quedaba más remedio que confiar en sus artilleros de toda la vida, que contribuían todavía más al espeso caldo de armas de guerra disparando sus proyectiles de 20 milímetros en todas direcciones.

Afortunadamente al Nautilus le habían incorporado recientemente un cañón de partículas taquiones y los más modernos sistemas de blocaje. Aun así, la capacidad de su inteligencia artificial estaba al máximo y las explosiones brillaban cercanas y sacudían la vieja corbeta que las esquivaba siempre al límite.

En una situación así la capacidad para el combate cuerpo a cuerpo de Lee era inútil, resultaba más eficaz como consejera o asistente. Por eso Lene la había sentado detrás de ella misma y le había obligado a abrocharse todos los cinturones de seguridad. La propia Lene estaba a los mandos del copiloto, tan ocupada buscando blancos que apenas prestaba atención a nada más. Pero el peor trabajo era para Lonneke, la joven navegante tenía que guiar el navío de 150 metros de eslora entre naves mucho más grandes y mejor armadas. Aquel día estaban quedando demostradas todas sus habilidades a los mandos de una nave espacial de fusión.

Los marcianos habían decidido defender Neto por todos los medios a su disposición. Un primer ataque directo había resultado en la inutilización y captura de dos fragas aliadas: la Álvaro de Bazán, de la flota terrestre, y una de las hermanas Isaac, la Newton. Los marcianos estaban esperando el golpe y planearon una maniobra arriesgada, la misma que unos días atrás habían ensayado con éxito en Calisto. El Huor había aparecido de pronto entre Neto y Marte y había liberado dos pequeñas naves, dos corbetas, probablemente las últimas que tenían; la Achilles y la Agamenón. Relativamente cerca de allí el galeón Belerofonte y la fragata Almirante Teodorov se habían refugiado detrás del satélite Fobos, obligando a parte de la Primera Flota confederada a perseguirles. También era una trampa, el último de los cruceros modificados que les quedaban a los de Marte estaba también allí, desde días atrás, con sus sistemas apagados. Sólo los cosmonautas marcianos eran capaces de sobrevivir así en el frío espacial, sus técnicas eran absolutamente secretas. De este modo el MCSC Desafío se había unido a la batalla.

Poco a poco el combate se habría trasladado al espacio cercano a Neto, y por allí discurría el Nautilus, dando apoyo a las naves mayores: aprovechaba su maniobrabilidad y pequeño tamaño para envolver a una nave enemiga, se situaba en su cenit o su nadir y atacaba los peligrosos cañones de taquiones marcianos con su artillería, después se alejaba y buscaba un nuevo blanco.

Al principio los marcianos no sólo habían igualado las fuerzas sino que parecían tener las de ganar. Nadie conseguía acercarse a Neto, que contaba con sus propias armas de partículas y plataformas de misiles. Pero hacía apenas tres horas había aparecido el Duque, y Helvar Scotton había tomado el mando de las operaciones. Había sacado sus naves de las cercanías del minúsculo Fobos y las había permitido tomarse un respiro. Ahora bloqueaban el paso del Belerofonte, la Teodorov y el Desafío. Scotton había reunido el resto de sus fuerzas y las había lanzado contra neto. El galeón Exeter, el crucero Formidable, la corbeta Akagi, de la Tierra; el galeón Yuri Gagarin, el crucero Zamiatin IV, las corbetas David Deutsch y Frank Tipler, más el propio Pedro Duque contra la Achilles y la Agamenón, junto con el galeón Victoria y la todopoderosa plataforma espacial Neto.

Ahora la emboscada marciana se había vuelto contra ellos mismos, pues el grueso de su flota estaba detrás de Fobos, mientras una fuerza muy superior asaltaba su estación orbital. No les había quedado más remedio que salir de su escondite a campo abierto, romper el bloqueo lanzándose a gran velocidad contra él y entrar en la confrontación. Lógicamente las naves que les cortaban el paso les dejaron pasar y se cerraron tras ellos. Los propios marcianos se metieron en la boca del lobo, recibiendo fuego desde dos direcciones distintas. Scotton había realizado una maniobra brillante, pero había convertido la batalla en una lucha desesperada de los marcianos. Era el precio a pagar; una pelea sin tregua.

Lene odiaba aquello. La guerra hace ricos a muchos hombres sin escrúpulos. Sin duda ella tenía las habilidades comerciales para sacar provecho de aquello, pero le sobraban escrúpulos. Un maldito sentido del deber que la había obligado a aceptar la oferta de la Confederación, y admitir a Lee en su tripulación. Ahora los había conducido a todos a aquel fregado interplanetario tan grande como los que había visto cuando sólo era una adolescente, en la Guerra de Independencia. Justo cuando deseaba encontrar un modo de mandar todo aquello al infierno, un punto se iluminó en su radar de blocaje: un nuevo torpedo se les acercaba por estribor.


Creado: 16 de julio de 2007
Última actualización: 09 de septiembre de 2007 a las 09:08  Bienvenida  Mapa del Sitio