LONNEKE
Seguramente el conjunto media más de medio kilómetro de alto. En Marte había estructuras cristalinas más altas, pero con esqueletos de acero. El Corazón de la Máquina era todo de cristal, al menos en apariencia. Lonneke estaba realmente asombrada: aquello lo había pensado Jack, y era un regalo de buena voluntad a la humanidad. Pero, ¿cómo hacerlo? No había ningún material cristalino, ni siquiera en Marte lo suficientemente resistente y flexible como para aguantar el peso de una construcción como ésta; tan delgada en su nacimiento y rebosante en su cúspide.
—Pretende encarnar el sentimiento de hermandad que envuelve el metal de la máquina —dijo la voz de Jack sin a aparecer en pantalla—, por eso mezcla maquinaria y elementos orgánicos. El cristal representa la transparencia, pretendía demostrar que no albergo ningún secreto en mi interior.
—Las flores —dijo Joe Terho sin apartar la mirada de la pasmosa imagen—. No pueden ser reales, son simulaciones holográficas.
—No —respondió Jack—, son rosas auténticas. Una variedad de Crimson Glory trepadora modificada genéticamente. En realidad no se sostienen solas en el aire; la modificación genética que he diseñado para ellas permite mantener cada vara con el tallo introducido en una mínima porción de tierra que viene envuelta en una cápsula de tela férrica que se sostiene en un campo magnético. Un capilar con agua y nutrientes llega hasta cada envoltorio. La gran resistencia de esta variedad que he planteado les permite vivir y florecer sin apenas consumir alimentos. He alargado las cañas para rizarlas y formar una especie de corona de espinas, espero que no se considere sacrílego. No es esa mi intención, sólo hacer que el jardín suspendido en el vacío sea un todo.
—¿Y la las ruedas? —preguntó Lonneke.
—Te refieres a los engranajes. Sólo están bañados en oro. En realidad son de acero y también se sostienen en un campo magnético.
Ahora Aras estaba sonriente y se apoyaba con una sola mano en la consola principal del ordenador.
—Cuéntales de donde sale la energía —dijo.
—Del corazón —afirmo Jack—, El Corazón de la Máquina es una planta de fusión. Los engranajes ocultan la verdadera maquinaria. La luz roja que veis es el resultado de una mejora del sistema de fusión por sonoluminiscencia que yo mismo he llevado a cabo.
Aras seguía espléndido.
—Pero si le pides que haga una suma, va y se equivoca. Hace bien las cosas si realmente le interesan.
—O si es mi trabajo —añadió Jack—, no quisiera que la Comandante Shinh prescindiera de mis servicios sólo porque deseo dedicarme a la arquitectura.
Joe Terho bufó. Lene miraba la pantalla entre la incredulidad y el enfado. Por último se giró bruscamente y caminó hasta la puerta.
—Bueno, basta. Voy a aceptar que todo lo que decís es verdad. Pero no debisteis ocultarme esto —dijo la Comandante—. En cuanto regresemos a la Tierra vais a tener que dar muchas explicaciones. Y como el grupo se vea comprometido en serio os las tendréis que ver conmigo.
Miró a Lonneke.
—Estoy especialmente decepcionada contigo.
La joven del pelo plateado no devolvió la mirada a su enamorada. Bajó la cabeza. A pesar de la infidelidad de la terrestre con el mecánico, Lene era capaz de hacerle sentirse culpable.
—En cuanto a ti, puedes ir a la enfermería —le dijo a Aras—. Espero que esto te haya enseñado algo. Ésta es mi nave. Ordenador, Jack o como te llames, vamos a ver algunos de esos mensajes urgentes. Parece que nadie ha venido a recibirnos, necesitaremos que nos remolquen.
Lonneke sintió que Lene ya se había decidido, y como cada vez que una idea se aclaraba en su mente, estaba empezando a tomar decisiones; daba órdenes concisas y claras, una detrás de otra. Ni Jack, al cien por cien de su rendimiento podría estar tan seguro de sí mismo.
—Comandante —llamó Jack—, recibo señales—. La Fragata Albatros de la Flota de Europa se acerca a nosotros en estos momentos. Con ella vienen nuestros remolcadores. Dicen que no nos llevan a la Tierra, sino a Calisto.