Bienvenida

El Serial

LENE

Todos medio desnudos y esperando en la Sala de Éxtasis. Aquellos momentos ponían nerviosa a Lene Shinh; no porque temiera que algo fuera a pasarle, sino por que era preludio inevitable al terror de las agujas que iban a llenar sus sueños al despertar en otro lugar de la galaxia. Intentaba consolarse pensando que ese lugar estaba entre Júpiter y el Cinturón de Asteroides, cerca de casa. No orbitando aquel mundo en plena era glaciar del que todos sus habitantes habían desaparecido. La joven comandante miraba distraída a su Navegante, Lonneke Engel, que sentada ante una consola de ordenador, hacía las últimas comprobaciones.

—Todas las habitaciones han quedado selladas con Oxiespuma. El campo magnético ha registrado todos los objetos susceptibles de control. Sólo quedamos nosotros.

Lonneke miró a Lene, y ésta desvió la mirada hacia los otros dos cosmonautas que estaban a punto de acompañarles en aquel viaje por un pliegue del espacio. La fláccida delgadez y lechosa blancura de Aras Ludoviqus contrastaba con los lustrosos músculos y la piel morena de Joe Terho. El pensamiento de la semiasiática estuvo a punto de desviarse hacia terrenos de calenturientas fantasías, pero no podía permitirse ese lujo.

—Buen, entonces todos adentro.

Sus subordinados obedecieron y se introdujeron en sus criosarcófagos. Por supuesto el robot que controlaba los sarcófagos no les iba a inducir un sueño frío, una auténtica éxtasis que preservara sus cuerpo y su mente del paso de los años. Sólo los iba a dormir e inmovilizar, de modo que el viaje a través del tejido de la realidad no se les hiciera traumático.

Si ya era duro para el subconsciente de Lene realizar un viaje interplanetario a velocidades relativistas por el Sistema Solar, esto se le hacía casi una tortura. Apenas conseguía mantener el control de sí misma.

Se abrochó los cinturones de seguridad que debían inmovilizarla. En cuanto todos estuvieron debidamente abrochados, sus tirantes se tensaron y impidieron realmente que Lene se moviera. Sólo su cabeza permanecía libre, pero enseguida el criosarcófago proyectaba un casco protector, una semiesfera que sujetada la frente de Lene a la almohada. Ya en ese momento su corazón comenzaba a acelerar sus pulsaciones, y la idea de dormir para despertar en un dolor vivo amenazaba con apoderarse de su voluntad. Pero eso no era lo peor que iba a ocurrirle. Lo peor era la Oxiaqua, ese líquido espeso que se introducía en sus ojos, nariz, boca, orejas... Por todo su cuerpo. Y para evitar complicaciones derivadas de un rechazo inconsciente, el proceso debía realizarse mientras el pasajero todavía estaba despierto. Así que Lene sintió como la fría y plástica humedad inundaba su sarcófago, y luego se vio forzada a tragársela, a acomodarse a respirar líquido en lugar de gas, y a dejar que el compuesto llenara su estómago e intestinos. Era por su seguridad, pero la sensación de sentirse invadida, la inmovilidad y el terror traumático que la acompañaban, le impedían aceptar el proceso como algo propio, algo para su protección. Para Lene era algo ajeno, un experimento al que fuerzas ocultas la obligaban a someterse, y que ella rechazaba con todas sus fuerzas.

Cuando el agregado de oxígeno hubo llenado el criosarcófago y a su ocupante, llegó el momento de la aguja. El robot dio las órdenes necesarias para que los cosmonautas del Thalion fuesen dormidos suavemente. Como siempre, Lene se resistió a los somníferos todo cuanto pudo. Tuvo tiempo de sentir como el Thalion comenzaba a rotar más y más de prisa, y se imaginó que la esfera super-masiva que había en su núcleo giraba más y más deprisa, tanto que se acercaba a la velocidad de la luz. Primero el espacio se deformaba, se curvaba después y finalmente se plegaba. La inteligencia artificial de la nave aprovechaba en ese preciso instante la inercia de la nave para llevarla girando unos pocos kilómetros más allá, kilómetros relativos, que movían al Thalion de un lado al otro de la doblez espacial. Después la esfera desaceleraba poco a poco y el proceso se repetía a la inversa: primero el espacio se desplegaba, luego se enderezaba y por último recuperaba su forma. Los humanos que habitaban la superficie de Exotierra no notarían nada si miraban hacia el cielo.

Para Lene hubo un minuto de negrura.

Pasado ese tiempo Lene sintió que la jeringuilla volvía a clavarse en su cuello. Se sintió despertar. No quedaba ni rastro de Oxiaqua. La aguja de hiperadrenalina se retiró, pero cientos miles de agujas más pequeñas ocuparon su lugar y empezaron a clavarse por todo su cuerpo. No tenía ropas protectoras, estaba atrapada en un criosarcófago y le clavaban agujas, alguien, algún demonio experimentaba con ella. Dos agujas especialmente delgadas y largas se proyectaron sobre sus ojos, y con una lentitud exasperante se clavaron en ellos, sin que Lene consiguiera siquiera parpadear. Lanzó un grito desgarrador.

Y se despertó.

Se incorporó en el sarcófago y luchó para no gritar de verdad. Se espabiló de golpe, como siempre, pero tuvo una extraña sensación que no tenía nada que ver con su pesadilla recurrente. Se oían varias alarmas y una sirena se movía en la Sala de Éxtasis llenando el aire de luces rojas giratorias. El instinto de los veteranos viajeros del espacio le dijo a Lene que el plegamiento había ido bien, sin errores. Era otra cosa lo que ocurría.

—Ordenador —llamó—, ¿qué sucede?

La fingida voz metálica de Jack comenzó a oírse.

—Buenos días, Comandante Shinh, bienvenida el Punto Puerta del Sistema Solar. Hemos recibido 458 mensajes de correo electrónico atrasados, 37 transmisiones de radio con nuestro código y 12 mensajes holográficos láser con.

Lene montó en cólera.

—¡Basta de chorradas! ¡Te he preguntado qué cojones pasa!

—Ha estallado la guerra, Comandante Shinh.

—¡La guerra!

La apesadumbrada exclamación de Aras Ludoviqus llegó a la oficial de mayor rango del Thalion desde el otro lado del robot de éxtasis. La terráquea sonrió; Aras tenía motivos para estar preocupado. Esto era lo que Lene necesitaba: ahora iba a entrar en ese laboratorio y tener unas palabras con su tripulación.


Creado: 4 de junio de 2007
Última actualización: 09 de septiembre de 2007 a las 09:08  Bienvenida  Mapa del Sitio