Bienvenida

El Serial

LEE

Su sorpresa fue morrocotuda cuando bajó la escalerilla de la lanzadera y se dio cuenta de que el sol brillaba allí a través de una atmósfera azul de oxígeno y nitrógeno. Brillaba como no podía brillar en ninguno de los mundos del Sector Exterior, ni siquiera en Marte el aire era tan limpio y la luz tan pura. Ni siquiera en la Tierra, aunque Lee Zalduendo sólo había visitado el planeta madre en una ocasión.

Su asombro era genuino, una auténtica expresión infantil de alegría. Pero ya no supo reprimir la risa cuando vio el mar. ¡Había un espaciopuerto a la orilla del mar! Situado sobre un acantilado ni más ni menos. Índigo Kid miró con deleite a las gaviotas como cometas sin hilo en el aire y las oyó graznar llamadas que siempre traerían a la humanidad el recuerdo de los mares de la Tierra.

Lee corrió hasta el borde de la pista y miró al Mar de Niobe, una extensión de aguas cristalinas y llenas de vida. Cuando se giró hacia Lene no dejó de sonreír. Aunque su Comandante la escrutaba con sus severos ojos verdes como si pudiera atravesarla, estaba sonriendo también. Se acercaron.

—Siento lo de antes. Supongo que crees que me he comportado como una cría.

La sonrisa de Lene estuvo a punto de apagarse y asintió.

—No estoy acostumbrada a la disciplina. Ya me dijeron en Amistad que no soy hacer... Aser... Asertiva.

Lene alargó la mano derecha y acarició una mejilla de Lee.

—Tienes diecisiete años —dijo.

Lee agachó la cabeza, y se apartó de la caricia de Lene. Volvió a mirar al mar.

—¿Qué hacemos ahora, Comandante?

—Llámame Lene. Estamos de incógnito. Ante todo hay que contactar con la Confederación. Si no me equivoco vamos a necesitar que nos respalden. Luego cruzaremos ese mar que ves ahí. Tenemos que ir a la otra gran ciudad; Zentrópolis, y encontrar ese antro: el Oro Azul.

Lee no miró a Lene. Seguía cara al mar. Se imaginaba que podía volar como una gaviota y cruzar el Niobe sin esperar a nada más. No quería tener que rellenar más formularios, ni hablar con más funcionarios ni militares. Sólo quería huir en vuelo rasante sobre las olas tranquilas. Y encontrar algo, algo que estaba más allá del océano y más allá del espacio. Lee nunca conoció a sus padres y los añoraba en secreto como un tesoro que nadie más podía ver. Por eso buscaba incesantemente el contacto humano y lo abandonaba. Se cansaba de estar en un sitio y con una persona, y otra vez a volar, lo más lejos, lo más alto que pudiera. Lee Zalduendo no conocía la paz, porque algo en su interior le gritaba que más allá de la necesidad de figuras paternas o maternas, que más allá de todos sus viajes y el riesgo, tenía que encontrar algo que le era esquivo; su propia familia, otros que fueran como ella.

Pero no había nadie como ella. Y tenía que volver a refugiarse en alguien cercano. Primero había sido Motolinía, hasta que descubrió que Lee no era un muchacho, sino una muchacha, luego Emilien. Y ahora estaba deseando abrazarse a Lene y pedirle perdón por lo que había hecho y dicho en el Nautilus. Deseaba llorar de alegría por la propia existencia de Venus, por el mero hecho de ser humana como sus terraformadores. Pero sabía que Lene malinterpretaría las señales, o, aunque las interpretase correctamente, aprovecharía la situación. Era muy fuerte su personalidad y Lee la percibía como una pulsación que se aplastaba contra ella y que la deseaba. Le hubiera gustado poder acabar con esa pulsación, y sabía como: bastaría con una vez, una sola noche y la asfixiante necesidad de Lene se evaporaría. Pero no quería hacerlo.

Absorbida como estaba por sus elucubraciones, se sorprendió de notar el tacto de una mano en su hombro. Era Lene. La antigua pirata oyó como le preguntaba si se encontraba bien, pero no respondió. Dejó que Lene deslizase los brazos por su cintura y se pegara a ella. Sintió en su oreja el roce de los labios mitad orientales y sus palabras:

—Es bonito, ¿verdad? Imaginaba que te iba a gustar.

Lee hizo un esfuerzo por no echarse a llorar y dijo:

—¿Me perdonas?

Por toda respuesta Lene apartó su cabello oscuro y salvaje y le dejó un suave beso en la nuca.

Lee se imaginó que se daba la vuelta en los brazos de Lene y que comenzaba a besarla, a tocar su cara y su cuello. Creyó que ya sentía su lengua en la boca y sus manos en lugares de su cuerpo que no debería acariciar. Por un segundo estuvo a punto de darse la vuelta. Por un segundo.

Pero no lo hizo.

Estaba comenzando el atardecer. Todavía tardaría semanas en caer la noche, pero el Sol ya estaba bajo. Las dos mujeres permanecieron un buen rato mirando los reflejos sobre las aguas cristalinas. A Lene le hubiera gustado estar abrazando a Lonneke, a Lee le hubiera gustado poder separar su mente de su cuerpo y volar a una isla desierta.

LONNEKE

Lonneke Sivilay caminaba ligera como una pluma con sus zapatillas magnéticas por el ecuador del Thalion. Se aburría. Hacía casi una semana que Lene y Lee se habían marchado, y su silencio había sido total. Ninguna noticia, ningún correo electrónico. En las ocasiones que se había encontrado con Helvar Scotton, éste había sido muy reservado. Para alejar de su mente las fantasías que situaban a Lene y Lee en el mismo lecho, y que la irritaban hasta el borde del llanto, Lonneke había decidido hacer deporte. En el Thalion había un pequeño gimnasio con lo que no necesitaba salir a la Plataforma Espacial de Amistad. El efecto sobre los celos había sido beneficioso.

También las charlas con Aras, sobre todo a la hora de comer, que era cuando se veían. La conversación solía desviarse hacía el tema de Lee Zalduendo. El impacto de la belleza de Lonneke ya se estaba evaporando y el tímido científico había vuelto a su interés inicial: la intrépida pirata adolescente. A Lonneke no le había costado deducir que el corazón de Aras pertenecía a la joven de pelo añil mucho tiempo antes de haber oído hablar del Thalion. Para desgracia del informático Lonneke no podía decirle mucho sobre la forma de ser de Lee, apenas se habían tratado durante la semana que habían compartido.

También solían tratar otro tema: la soledad de aquellos que son diferentes en una sociedad basada en la imagen. Al principio Lonneke creyó que trataba de hablar de ella, de su sexualidad, pero pronto comprendió que no. Luego pensó que Aras hablaba de sí mismo, de lo difícil que era ser un genio entre mediocres. Pero tampoco. Aras Ludoviqus no sentía resentimiento por las bromas que había recibido de pequeño por parte de otros menos inteligentes que él. La Navegante seguía preguntándose por qué Aras sacaba tan a menudo ese tema.

El contacto que había mantenido con Joe era mucho menor, y siempre debido a cuestiones de trabajo. Terho solía desembarcar y pasarse por los bares de Amistad, siempre repletos de marines y tripulantes. A Lonneke le habían llegado cientos de invitaciones para tomar una copa en alguno de esos locales, pero las había desechado todas. Eso sí, cada vez que había tenido que tratar con Joe, éste, invariablemente, había alabado de forma grotesca su cuerpo, le había pasado la mano por la cintura o los hombros o le había susurrado alguna obscenidad en voz baja. Esa era su forma de entender la seducción.

Entonces Lonneke se detuvo. Se oían voces. Una era de Joe, áspera de tabaco y noches mezcladas con alcohol. La otra era suave de tenor, con un perfecto acento de Spanglish normalizado. Aras. Discutían.

—Insisto en que tengo que comprobar la circuitería del ordenador —decía Joe—, no puedo dejar que este trasto vuele sin mirar esos chips de carbono y cables de nanotubos. Las lentes y lásers podrían estar sucios.

—No es conveniente —le respondía Aras—, el ordenador es mi competencia exclusiva. Y si digo que está bien es que está bien.

Así que eso era. Joe quería echar un vistazo a la máquina prodigiosa, como la llamaban los militares. Lo cierto es que era todo muy misterioso. Aras se encerraba en el laboratorio y había establecido un código de seguridad indescifrable para la puerta. Sólo él había entrado allí y mirado en las tripas del ordenador. Lonneke no había hecho nada al respecto, en espera del regreso de Lene. Si algo raro pasaba, ella se encargaría de que no fuera dañino para sus naves, ni para su tripulación. Siempre lo hacía.

—¡Una mierda tu competencia exclusiva! —Joe Terho levantó la voz—. Aquí todos nos jugamos la vida, y te digo que tengo que mirar esas placas base y la trampa de iones.

—Es un ordenador muy delicado. Lo estropearás y no puedo permitirlo.

—Cuatro ojos, quítate de en medio.

La última frase sonó bastante amenazadora. Lonneke dudó en intervenir. El corazón le decía que debía hacerlo, pero la cabeza le avisaba: ella también tenía que saber qué estaba ocurriendo en el laboratorio. Además, últimamente había notado cosas raras. Parecía que las cámaras de seguridad tenían vida propia. Se encendían aunque ella diera la orden de apagarlas.

—Aunque me pegues no podrás abrir la puerta —dijo Aras.

—Dime cual es el código de seguridad.

Lo que Lonneke oyó a continuación le produjo un escalofrío. Aras se reía, se estaba riendo de Joe. Y con ganas además.

—¡Ja, ja, ja! ¿Crees que abrir la puerta depende de mí? Aunque te diera el código no podrías abrir.

Esto fue demasiado. Se oyó un golpe seco. Lonneke no esperó a más y de un salto pasó la curva y se encontró de frente con sus dos compañeros. Pensaba que se iba a encontrar a Aras con la nariz o una ceja rotas, pero no fue así. El joven genio estaba acorralado por Joe contra una pared, pero no estaba herido. El Ingeniero-Mecánico había golpeado el mamparo con su puño cerrado y lo había dejado allí. Miraba al científico con odio, pero éste no parecía asustado. Respondía a la mirada con otra de resistencia. Podía herirle, pero no doblegarle con la violencia. Aun así agradeció la aparición de Lonneke, ya que fue el primero en mirarla con los ojos como platos.

—¿Qué esta ocurriendo? —preguntó la Navegante.

Joe no la miró. Aras no se atrevió a decir nada.

—Repito, ¿qué pasa?

Ahora Joe se volvió hacía ella. Por un instante Lonneke creyó que también iba a amenazarla, pero no fue así:

—El cuatro ojos y yo tenemos problemas de comunicación. Tengo que echar un vistazo al trasto que está ahí dentro. Es por seguridad, pero no me deja.

Lonneke tomó partido claramente:

—Esa no es razón para darle patadas a las paredes. Sabes tan bien como yo que el cuidado del ordenador es cosa de Aras, no tuya. Y es una orden. Será mejor que te vuelvas a tu camarote.

Joe esbozó su ladeada sonrisa.

—Muy bien, pero me siento solo. ¿Por qué no vienes y me das un masaje?

Lonneke bufó con paciencia infinita.

—Lárgate, Terho.

El Ingeniero no dijo nada más y se marchó por el lado contrario del pasillo, sin acercarse a Lonneke. Cuando se hubo ido, la hermosa venusiana se acercó al informático. Aras parecía que acababa de recuperar la respiración, estaba pasando de la palidez al rubor en apenas diez segundos.

—¿Qué es lo que ocurre, Aras? —preguntó Lonneke con una voz tan dulce que convertiría la sal en miel—. Tengo que saberlo.

Aras la miró aprensivamente. Parecía estar sopesando si podía confiar en ella o no. Al fin habló:

—Si te lo digo traicionaré la confianza de un amigo.

—Te entiendo. Supongo que estás guardando un secreto importante. Pero Lene no será tan comprensiva como yo. No es por Joe, pero seguramente ella misma querrá acceder al labo.

—Conseguiré que se lo impidan. Puedo hacerlo.

—Entonces esta nave nunca se moverá de aquí. Créeme, es capaz de eso y más si piensa que estamos en peligro.

Aras miró al suelo y suspiró.

—No depende de mí. Es su única medida de seguridad. Tiene miedo.

—¿Quién?

ARAS

—No sé si me dejará entrar contigo. Es el acuerdo al que hemos llegado. Esta puerta es el límite de su intimidad.

—¿Quién?

—... En las cuestiones técnicas y de mantenimiento soy como su médico personal, pero no podemos obligarle a tomar decisiones en contra de sí mismo….

—¡Sí! ¿Pero quién?

Aras se detuvo a reflexionar un instante, miró a Lonneke a los ojos y luego casi se parte de risa.

—¡Anda! —exclamó—. Abre la puerta.

Lonneke le miró con incredulidad.

—No se abrirá, no tengo el código de seguridad.

Aras seguía sonriendo.

—Prueba.

Lonneke, sin dejar de mirar a Aras, agarró el blanco picaporte de pseudoplástico y empujó hacia abajo. Sorprendentemente cedió y se abrió la puerta. La venusiana abrió la boca con asombro y entró en el laboratorio. Aras entró detrás y la apartó suavemente para cerrar otra vez la puerta. Mientras caminaba hacia la consola le dijo:

—Tienes que prometerme que no le contarás esto a nadie. Su vida puede depender de nuestra discreción durante algún tiempo.

Lonneke asintió levemente. Aras sabía que la existencia de un código de seguridad para el laboratorio era una leyenda que se había extendido entre el personal de Amistad, incluidos Joe y ella misma. Pero no era cierto. Simplemente Jack bloqueaba todos los códigos de acceso, a veces lo hacía incluso sin querer, cuando sentía que su intimidad iba a ser invadida. En el laboratorio estaba su CPU: la trampa de iones donde se sostenían las moléculas de calcio que formaban su memoria y las placas base de nanotubos y nanoredes de carbono que eran su hardware. Si alguien deseara hacerle daño era allí donde debía acudir.

Aras comenzó a teclear en la consola. Lonneke se acercó muy despacio.

—¿Me lo vas a explicar o no? —preguntó.

—Claro que sí —dijo Aras volviéndose hacia ella con una sornisa—. Di hola, Jack.

Lonneke lanzó un corto grito cuando vio el busto parlante formarse en la negra pantalla. Jack sonreía como un demonio familiar.

—Te presento a la primera mente artificial viva de la Historia. Se llama Jack.

Lonneke no dijo nada.

—Hola, Lonneke —dijo Jack.

La venusiana siguió allí parada con la boca abierta y los ojos fuera de sus órbitas.

JACK

/root/jack/in/ puedo leer la incredulidad en su rostro, y también la desconfianza. nunca creí que pudiera hacer tal cosa, supongo que nadie imaginó nunca que llegaría el día en que una máquina pudiera leer en el rostro de los hombres en la misma manera en que ellos son capaces de hacerlo. pero no debo distraerme. esta conversación es vital para mi supervivencia. lonneke va a hablar:

/mnt/human/lonneke/ es una simulación, un programa.

/mnt/human/aras/ no, no lo es. es de verdad, es su aspecto, el que él mismo ha elegido.

/root/jack/in/ puede que si intervengo pueda ayudarla a asimilar la nueva situación.

/root/jack/out/ aras dice la verdad. éste soy yo.

/mnt/human/lonneke/ pero, pero, pero ¿estás?

/mnt/human/aras/ vivo. si, lonneke, es un ser vivo.

/root/jack/in/ cuidado, creo que se marea.

/root/jack/out/ siéntala aquí, voy a iniciar un escaneo de sus constantes vitales. parece que todo está correcto….

/mnt/human/lonneke/ me encuentro bien. estoy bien, no me atosigues. así que éste era el gran secreto. el ordenador ha... ¿qué? ¿mutado?

/mnt/human/aras/ puede ser una forma de verlo. pero yo diría más bien que ha evolucionado. ha abandonado su status quo de inteligencia artificial para adquirir el de mente autoconsciente.

/mnt/human/lonneke/ pero, ¿cómo? ¿cómo puede ser? ¿y cómo ocurrió?

/mnt/human/aras/ fue en el mismo momento en que decidió salvar a la humanidad del ataque genocida de los bichos. el dilema moral que se le planteó a la hora de elegir entre contravenir sus órdenes directas de navegación que iban a provocar una catástrofe, y seguir fielmente su programación primordial, que el doctor long le había inculcado y que consistía en salvaguardar la vida humana, provocó en él un conflicto que obligó al ordenador a usar más recursos de los que en realidad poseía. lo cierto es que no sé cómo ocurrió, pero aumentó sus propias capacidades y se bloqueó. cuando se recuperó del bloqueo era ya un ser viviente.

/root/jack/out/ todo fue muy confuso para mí. no recuerdo cómo ocurrió.

/mnt/human/lonneke/ pero esto es… demasiado complicado. es increíble debemos informar a scotton.

/mnt/human/aras/ no.

/root/jack/out/ no, por favor no, por favor no lo hagas. me desconectarán, me apagarán, lo sé.

/mnt/human/aras/ tiene miedo de ser desenchufado y morir. creemos que es mejor ser discretos por un tiempo.

/mnt/human/lonneke/ pero no podemos ocultarlo. si alguien lo descubre nos… un momento. por eso no dejáis entrar a nadie. no queréis que miren en la memoria del… de jack.

/mnt/human/aras/ eso es. por favor, lonneke, tú mejor que nadie sabes lo que significa ser distinto. jack está estudiando filosofía y religión. no es un peligro pero….

/mnt/human/lonneke/ las leyes contra las máquinas antropomorfas. no es que jack sea un humanoide, pero quizá se le puedan aplicar.

/root/jack/out/ no quiero morir, navegante lonneke sivilay. y puedo resultarte muy útil con las cartas tridimensionales. juntos diseñaremos rumbos que nadie se atrevería a soñar….

/root/jack/in/ veo que este punto de vista ha tocado una fibra sensible. el mayor deseo de la navegante es descubrir nuevos mundos. sin mí, es posible que nunca le permitieran hacerlo.

/mnt/human/aras/ aparte del incalculable valor de un ser vivo autoconsciente. una nueva forma de vida.

/root/jack/out/ y puedo redireccionar mis antenas para captar la programación de venus.

/mnt/human/lonneke/ ja, ja, ya vale. está bien. por ahora, pero cuando llegue lene tendremos entre todos una larga charla.

/mnt/human/aras/ ¿crees que es necesario contárselo?

/mnt/human/lonneke/ creo que si no lo hacemos nos pasará por la quilla. más tarde o más temprano toda la tripulación tendrá que saberlo. incluido joe.

/mnt/human/aras/ eso no es bueno. no me fío de él.

/mnt/human/lonneke/ ¿sí? ¿no será que sientes algo de envidia fálica?

/root/jack/in/ aras se ruboriza y cruza los brazos. no le ha gustado la agudeza del comentario de lonneke.

/root/jack/out/ yo tampoco confío en él. si es necesario contárselo lo sabrá, pero el último de todos.

/mnt/human/lonneke/ está bien. seguiremos haciendo como que no existes. pero no se te ocurra volver a cerrarme la puerta del laboratorio.

/root/jack/out/ no lo haré.

/mnt/human/aras/ y yo prometo tenerte informada.

/mnt/human/lonneke/ muy bien. me voy, tengo que revisar los últimos envíos de provisiones.

/mnt/human/lonneke/ por cierto, jack. las cámaras de seguridad de mi camarote no marchan bien. a veces el zoom se muev... ¿qué os pasa? ¿por qué se ha puesto colorado? y tú, ¿de qué te ríes?


Creado: 15 de enero de 2007
Última actualización: 09 de septiembre de 2007 a las 09:08  Bienvenida  Mapa del Sitio