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El Serial

CAPITÁN DE FRAGATA ROSSOX

—¡Nos han alcanzado, rayo de partículas! —avisó el Ingeniero.

—¡Maldición! —masculló el capitán— ¡Preparados para la pasada!

Las dos naves de fusión alcanzaron rumbos casi paralelos. ¡Fuego! gritaron al unísono ambos capitanes y los misiles macizos cruzaron en un silencio mortal el espacio entre ambos navíos. La suerte de los proyectiles fue dispar; el misil más cercano a la proa de la Soberanía falló el blanco porque el Duque todavía no había llegado a su altura. Todos los demás tocaron partes más o menos vitales.

Los miembros de la tripulación de la fragata apenas conseguían mantenerse en sus puestos. La andanada había sido espantosa: los siete cañones del Duque habían hecho impacto, mientras que uno de los cuatro de la fragata se había perdido. Sin embargo el capitán Rossox no cambió su gesto, no se movió de su posición de mando. Siguió dando órdenes rápidas, concisas:

—¡Ingeniero, daños!

—Tenemos una fuga, daños en almacén de armamento de popa, un misil ha dado delante de la cabina del artillero.

En efecto, había un agujero por el que se escapan los gases justo al lado de donde se encontraba el artillero de popa. El daño producido por el rayo de electrones había aumentado visiblemente.

—¡Joder! —gritó Rossox— ¡Ese maldito rayo de partículas nos ha jodido bien! ¿Cuál es la integridad? ¿Hay descompresión?

El Ingeniero respondió:

—Descompresión en el sector 4C. Pero podemos resistir.

En el Duque también hacían balance de daños mientras los artilleros robóticos introducían nuevos proyectiles macizos en las recámaras. La tripulación estaba en plena tensión por el combate, pero Scotton apenas parecía concentrado. Muchas veces le habían visto así, durante maniobras y giros peligrosos, en esos casos pensaban que era capaz de contar los segundos de viraje, como si llevara un reloj dentro. Ahora le veían también frío, sopesando cada detalle, decidiendo la estrategia antes del combate y sobre la marcha. Era brillante. Hasta el último miembro del Duque hubiera dado su vida por él.

—¡Integridad al 98%, Comandante! —chilló el Ingeniero— Esos cabrones ni siquiera nos han visto. En cambio ellos tienen un buen agujero detrás de su artillero.

El Vicealmirante ni se inmutó.

—Muy bien. Apunten allí los rayos de electrones. Prepárense para otra andanada. ¡Fuego!

Las dos naves de guerra volvieron a disparar sus cañones laterales, con parecidos resultados a los anteriores. Pero además el Pedro Duque disparó sus dos rayos hacia la popa de la Soberanía. Hubo una terrible explosión en aquella parte. Los oficiales lanzaron un grito de victoria al ver el daño producido. Scotton no hizo ningún gesto; no dijo nada.

Al mismo tiempo, el capitán Rossox se abatió en su sillón y en su ánimo, su Ingeniero le daba un alarmante informe:

—¡Descompresión total a popa, sectores 4A, 4B y 4C!

Soporte Vital también chillaba:

—¡Siete bajas en 4C! ¡Cuatro en 4B!

—Está bien —dijo el capitán—, no podemos seguir. Envíe señal de rendición, no podemos seguir. Todos moriríamos y se perdería la nave. Ingeniero, mande sellar la popa.

Se levantó de su silla de mando, caminó unos pasos por la pasarela luminosa del puente y dijo con voz grave:

—Han luchado como valientes. Lo lamento, la responsabilidad es toda mía.

Muchos oficiales se volvieron y alzando su puño gritaron:

—¡Una nueva humanidad, un nuevo mundo!

Otros, los que no sabían nada, les miraban como si estuvieran locos.

LONNEKE

El WCSG Pedro Duque se hallaba ahora en paralelo al Nautilus, y éste había abandonado su posición de satélite del Thalion. La Soberanía estaba algo más allá. Ya no escapaban gases de su fuselaje. En la enfermería del Duque, en el módulo giratorio de gravedad se reponían Lee y Lonneke, vestidas con batas de hospital. Lee estaba de pie y tenía buen aspecto, pero Lonneke se encontraba sentada sobre una camilla y permanentemente una mano o dos se posaban sobre su vientre como si temiera que algo se le fuera a salir de allí.

—¡Ay! —exclamó—. Estos purgantes me matan, por no hablar de los anticonceptivos. Voy a tener el cuerpo revuelto durante un mes.

—Sí —contestó Lee—, deben ser de yegua.

Se hizo uno de esos silencios incómodos. Lonneke sabía que le debía la vida a aquella chica, pero no podía olvidar que era una pirata. Lo cierto es que le parecía simpática, y mirando su cara morena y sus grandes ojos negros nunca hubiera dicho que era capaz de contravenir la ley, mucho menos de matar. Pero lo era, al menos a Kaila la había matado, y sin muchos miramientos por lo que había oído. En ese instante las puertas se abrieron y apareció Lene, también vestida con una sucinta bata, pero completamente curada. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad especial, su gesto hablaba a las claras de su concentración. Había salido a procurar informarse sobre lo que estaba pasando, y parecía que le costaba digerir lo que había averiguado. Lonneke se puso en pie de un salto.

—¿Qué? ¿Te has enterado de algo?

Lene chasqueó la lengua.

—Todo el mundo está bastante nervioso. Algo ocurre, algo más que el Thalion, quiero decir. Un escuadrón entró en la nave y exterminó a los bichos. Pero no es eso, algo está pasando, allá en la Tierra, o en Marte.

—¿El qué? —preguntó Lee.

Lene se encogió de hombros; ninguna de sus compañeras creyó que no supiera nada más, aunque no dijeron nada.

—Me han prometido que pronto tendremos noticias.

Dicho y hecho. Las puertas se abrieron de nuevo y apareció un hombre de porte aristocrático y pelo canoso ataviado con el uniforme gris de la Marina Confederada. Las tres chicas se le quedaron mirando. El hombre se cuadró y saludó, luego relajó su pose para dirigirse a ellas:

—Señoritas, soy el Vicealmirante Helvar Scotton, Comandante del WCSG Pedro Duque. Ante todo quiero darles las gracias por su actuación. También me veo en la obligación de anunciarles noticias poco agradables. Un terrible atentado terrorista ha tenido lugar en la sede de la OMU en Pekín. El Secretario General ha sido asesinado, y muchos miembros de las distintas Comisiones están heridos o han muerto. El atentado ha sido revindicado por el Movimiento de Liberación 14 de enero. El general Zoltan Rubirak ha desaparecido, sin embargo sospechamos que se ha dirigido hacia Marte, donde acaba de estallar un conflicto civil. Tres de las cinco Ciudades-Estado marcianas se han alzado contra sus gobiernos y los han derrocado. Una cuarta: Valle Marineris permanece fiel a la Organización de Mundos Unidos y a la Confederación de Mundos. En la capital, Tharsis, tenemos noticia de que la lucha callejera está dejando un reguero de sangre. Esto parece un golpe de estado largamente planeado.

»Ni la OMU ni la CM tenían ni idea de la existencia del Thalion. Durante los últimos cinco años hemos venido trabajando en la construcción de una nave basada en el Motor de Incremento de Masa del profesor Soto, pero ni siguiera hemos probado nuestro prototipo. Ahora sabemos que Rubirak, al mando del proyecto, retrasó nuestra investigación a propósito, para construir su propia nave. No sabemos cuántos viajes han realizado hasta ahora, pero tememos que se hallen en posesión de una nave gemela al Thalion que podrían seguir usando. Tampoco sabemos de dónde obtienen el suministro de combustible. Éste dato es esencial, ya que parece que la intervención de ustedes les ha obligado a adelantar sus planes. Lo que significa que no tienen una fuente segura de combustible, y que necesitan hacerse con una.

»Por todo ello el alto mando me ha ordenado hacerles la siguiente oferta. Por supuesto cobrarán su paga por el último traslado más un incentivo, pero además les ofrezco un contrato permanente con la OMU, un contrato de exploración interestelar.

Lene y Lee escucharon con seriedad, pero Lonneke no pudo evitar sonreír, y en un gesto algo ingenuo juntó sus manos y se puso casi de puntillas.

—...la Capitana Shinh recibiría el rango de Comandante, y se rediseñaría el hangar del Thalion, no sólo para albergar la lanzadera auxiliar, sino para el Nautilus. Eso haría del Thalion una nave prácticamente autosuficiente. Por supuesto su tripulación iría con usted, más un equipo científico y otro técnico. Además, estoy autorizado a ofrecer a la señorita Lee Zalduendo conmutar su pena de prisión por el servicio activo en la Infantería de Marina Espacial Confederada, y su incorporación a la tripulación del Thalion en calidad de Oficial de Seguridad.

Lee se quedó anonadada, ni en sueños hubiera imaginado una recompensa semejante. Creía que le concederían una reducción de condena, que la soltarían al cabo de dos o tres años en libertad provisional. No pudo reprimir una especie de balbuceo:

—¿De… de verdad?

Pero Lene interrumpió las emociones de sus compañeras.

—Alto ahí, Vicealmirante. Conozco bien a la Marina. ¿Cuál es la trampa?

Scotton sonrió, sus dientes blancos estaban alineados a la perfección.

—La trampa, como usted dice, Capitana, es que necesitamos información sobre las vías de abastecimiento de los terroristas. Si están consiguiendo hidrógeno o deuterio en grandes cantidades podrían organizar un asalto a escala interplanetaria. No queremos que eso ocurra. Están en Marte y deben quedarse allí, de ese modo podremos forzar la negociación por medio de un bloqueo. Por otra parte, todos los descubrimientos que ustedes hagan pasarán a pertenecer a la OMU. Aun así es una oferta más que generosa.

—¿Y cómo esperan que consigamos esa información? —preguntó Lene en un tono bastante impertinente.

—Capitana, no nos tome por ingenuos. Sabemos que usted lleva pasando contrabando desde que compró el Nautilus, y que conoce a todos los estraperlistas del sistema. Y no olvidemos a Índigo Kid, la intrépida pirata espacial adolescente, su nombre se ha hecho famoso en la Tierra, señorita….

Al decir esto Scotton hizo una enérgica y corta inclinación de cabeza a modo de saludo. Lee sonrió sin querer. Aunque era un hombre mayor, había algo en él; una fuerza interior que Lee percibía.

—...si alguien tiene los contactos necesarios para dar con las líneas de abastecimiento son ustedes. Al menos eso piensa el Consejo provisional de la OMU, y nuestra jefe del estado mayor, la Almirante Visq. Y yo debo añadir que se han comportado extraordinariamente bien en una situación de extrema gravedad.

Lonneke miró alucinada a sus compañeras, le parecía increíble que Lene no aceptara sin más. Lee se había girado y daba la espalda a Scotton, sumida en pensamientos de libertad, pero también sopesando determinados secretos. Lene, cruzada de brazos, se apartó el pelo negro como ala de cuervo que le tapaba el ojo izquierdo.

—Tenemos que pensárnoslo, Comandante.

Scotton se cuadró de nuevo.

—Bien, avísenme cuando se hayan decidido.

Cuando se hubo marchado, Lonneke se subió de nuevo a la camilla y se llevó las manos al estómago.

—Dime que aceptarás —dijo con una voz doliente—. Viajar a las estrellas es el sueño de mi vida, por eso estudié Ingeniería Espacial y Navegación.

Lene se acercó y acarició su carita suplicante.

—Ya sabes que aceptaré —dijo sonriendo, y luego, levantando la vista hacia Lee, añadió—. Pero antes tenía que hablar a solas con vosotras.

Lee, sintió que sus palabras se referían a ella y a nadie más. Se volvió hacia las otras dos con la cabeza gacha.

—No tengo muchas opciones; el vacío o la cárcel.

—Si vienes, que sea por voluntad propia. Si huyes la culpa caerá sobre nosotras y eso no puedo consentirlo, aunque nos hayas salvado la vida.

Lene hablaba completamente en serio. Era una amenaza que no debía tomarse a la ligera. Lee no lo hizo, no hacía falta. Ya se había decidido. Una sonrisa pícara se fue formando lentamente en la faz apenas oculta a la vista de sus nuevas amigas.

—Iré, será un buen cambio ponerse a este lado de la ley. Además el sistema se me estaba quedando pequeño. Trato hecho.

—¡Bien! —Lonneke dio un pequeño salto en la camilla, inmediatamente volvió a sujetarse el vientre—. ¡Ufff! Purgantes de caballo.

Lee mostró claramente su sonrisa, Lene pasó un brazo por el hombro de la venusiana. Las tres estaban riendo.


Creado: 2 de octubre de 2006
Última actualización: 09 de septiembre de 2007 a las 09:08  Bienvenida  Mapa del Sitio